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El (d)efecto Wert


Parece que Juan Manuel Subías ha confundido su cargo de Inspector Jefe Provincial Adjunto de Educación con el de comisario de la extinta  Brigada Político-Social. Sólo así se entiende que haya enviado a los centros educativos de la capital aragonesa una circular, vía fax, donde se exige a los equipos directivos que faciliten nombres, apellidos y D.N.I. del profesorado participante en los encierros llevados a cabo en colegios e institutos públicos. Tan expeditiva medida se suma a la orden dada, desde la Delegación del Gobierno, a la policía para identificar a todas las personas portadoras de la camiseta verde que concurran a las concentraciones de protesta semanales.


Recientemente, la consejera de Educación, Universidad, Cultura y Deporte, María Dolores Serrat Moré, jefa y defensora del diligente don Juan Manuel, protagonizó un surrealista entremés en la Feria del Libro de Zaragoza cuando, increpada por un grupo de personas, corrió a refugiarse en el edificio de Capitanía General para, posteriormente, acusar  a quienes la recriminaron, de haber proferido amenazas de muerte contra ella, pese a que un video del incidente prueba que lo declarado por la ministra autonómica no se ajusta a la realidad.

Dice doña María Dolores que los datos del profesorado  insurrecto y okupa no tienen mayor utilidad que la de conocer «las incidencias de cada centro» y, «en caso de daños, dirimir responsabilidades«, no fuera que los maestros y maestras decidieran, verbigracia, hacer una fogata con el mobiliario de las aulas o, quizás, contactar con una línea erótica para que señoritas y señoritos con deje meloso les calentaran los tímpanos en las ociosas noches de acampada. Y es que, en interpretación libre de las palabras del ministro Wert en la pasada huelga de la Enseñanza Pública, los únicos docentes responsables son aquellos que aceptan, alborozados, la asfixia de la Escuela Pública para mayor gloria y negocio de la Escuela Concertada.

Amén.





Dicebamus hesterna die…

«Reflexes of a Block…»: Mirko Barone


La antigua fábrica Cuprom, de cobre electrolítico refinado, ubicada en Baia Mare (Rumanía)  -población que hace doce años se convirtió en foco de uno de los mayores desastres ecológicos de Europa-, fue, a finales de mayo, siniestro emplazamiento de una más de las despreciables mise en scène del alcalde de la ciudad, el destacado neoliberal autoproclamado independiente, Cătălin Cherecheş, que forzó, manu militari, a varias familias gitanas de la localidad a instalarse en las abandonadas dependencias de la vieja factoría, cerrada desde el año 2006 por su nocividad. Veintidós criaturas y dos personas adultas, de las reubicadas en un ruinoso complejo cuyos altos niveles de contaminación en cobre, cianuro y ácido sulfúrico fueron denunciados reiteradamente cuando todavía se hallaba en funcionamiento, tuvieron que ser hospitalizadas con síntomas de intoxicación por emanaciones de gases.

La infame actitud del munícipe no ha sido obstáculo para que en las elecciones del pasado domingo, 10 de junio, haya sido reelegido, con el 83% de los votos,  por la gran mayoría de los habitantes de la ciudad rumana, a quienes no parece preocupar en absoluto que un grupo de conciudadanos sean, una y otra vez, víctimas de un solapado remedo de Solución Final que ya ensayó su compatriota Ion Antonescu entre 1940 y 1943.


NOTA

«Of rromilor, of flăcăilor!«, que significa «¡Ay, gitanos! ¡ay, muchachos!«, es uno de los versos del himno internacional del Pueblo Gitano en su versión rumana.

«Bureaucrat 2»: Katrin Rüütli


«No va a haber ningún rescate de la banca española«. Mariano Rajoy Brey, Presidente del Gobierno del Reino de España. 28 de mayo de 2012


El ensayo

La batería de luces del proscenio engrandece la sombra del actor que se plasma, en gris, sobre el satinado vertical del ciclorama. En el foso, el apuntador bosteza, aburrido, resiguiendo con ojos abotargados las líneas del guión que recita el monologuista desde el centro del escenario

Vuelan un par de moscas por el vacío patio de butacas.

«¿Cómo va la cosa?«,  pregunta, desganado, el productor al director de escena.



[…]

La representación

Cuando llegué al Gobierno afirmé que la situación de la economía española era muy complicada. Y que para sanearla era necesario, en primer lugar, el equilibrio presupuestario en la administración pública; en segundo lugar, acometer una reforma laboral para ganar competitividad y, en tercer lugar, la reestructuración del sistema financiero para recuperar el crédito […] Fruto de todo lo anterior se ha conseguido una ayuda a nuestro sistema financiero y no una intervención al Reino de España. Esta ayuda no afectará, en ningún caso, al déficit; no habrá consecuencias para la ciudadanía ni imposiciones de Bruselas a cuenta del préstamo […] Y no se engañen ustedes: El que ha presionado para solucionar el problema he sido yo y no a la inversa. Y, ahora, con los deberes hechos, partiré  para Gdansk a animar a quienes mejor representan los valores patrios.



[…]

Telón.


Grita el agua y se revolucionan las piedras de la orilla con el roce de los pies desnudos que transportan los cuerpos buscando la tibieza del Sol sobre los poros henchidos.

Canta el agua, gélida diva que trae de la Gallia el deje afrancesado del río salpicado de la jerga de las truitas[1] montañesas que se burlan de las temerosas sargantanas[2] ubicadas en el distante pretil que las acoge en Murillo.

Chap, chap de sueños adheridos a los talones danzarines que la tierra empapada de lluvia tiñe de almagre mientras ascienden por la pendiente arbustiva que parece empinarse hasta alcanzar la frontera del cielo.


NOTAS

[1] En aragonés, truchas.
[2] Id, lagartijas.

Limbus


Pese a que los teósofos vaticanistas anunciaron, años ha y tras sesudas reflexiones, la supresión del Limbo, existe en el Barrio, en la trasera de la ermita anatematizada, un bosquecillo de hayas que resguardan un calvero natural conocido, desde antiguo, como el Limbo de las Peinadoras, lugar mágico donde, según la leyenda, se le apareció la Virgen Negra a Tía Eduvigis, una anciana que ejercía de sanadora y partera y a la que la Iglesia acusó de brujería cuando, un día soleado, un rayo certero surgido del mismo bosque cayó sobre la talla medieval de la Virgen que presidía el santuario y la partió en dos.

Pocas semanas después del suceso, se corrió la voz de que uno de los tocones del calvero se había metamorfoseado en una figura oscura con las formas de una mujer embarazada, de rostro apenas esbozado pero dotada de unos labios increíblemente gruesos y a la que Tía Eduvigis, para escándalo de los concurrentes al prodigio, llamaba Nuestra Señora de los Morros de Cebollón.

La Iglesia tomó cartas en el asunto. Se serró el tocón y se contrató a un artista de imaginería religiosa para que diera forma y pintara la talla, convirtiéndola en una Virgen Blanca de extraordinaria belleza, figura estilizada y labios sabiamente recortados. La imagen fue colocada en la ermita y a Tía Eduvigis se le prohibió acercarse al recinto sagrado so pena de incoarle un proceso por brujería. Pero cuando se abrieron las puertas del templo para que los devotos admiraran la nueva representación virginal, ésta había desaparecido de su peana. Las gentes corrieron al Limbo de las Peinadoras y allí, en el calvero, hallaron a Tía Eduvigis arrodillada ante el tocón nuevamente convertido en Virgen Negra, como si jamás hubiera sido serrado. Cuando el canónigo de la diócesis, furibundo, quiso acercarse a la mujer, una luz cegadora inundó el calvero llevándose consigo a la anciana y al tocón, amén de la cordura del religioso que -dicen- murió loco unos meses después.

La ermita permaneció olvidada y maldita, junto al hayedo, durante muchos, muchos años. Se desmoronaron sus viejos muros y un tupido manto de hiedra cubrió los extraordinarios acontecimientos pasados hasta que, hace nueve años, y por suscripción popular, se iniciaron los trabajos de reconstrucción.

…Y a la izquierda del altar, en una hornacina orientada al septentrión, una Virgen Negra de vientre prominente y labios increíblemente gruesos parece sonreír, triunfante, a escasos metros del Limbo de las Peinadoras.

Rinascita

«Primavera»: José María Cuéllar


Primavera. Cimbrean, en compacta escultura de verdes oscuros,  las refulgentes hojas de la camelia que habita en la humilde tinaja centenaria del jardín renacido de la señorita Valvanera, en el rincón del porche donde se afanan las golondrinas en reforzar los viejos nidos que la maestra cubre delicadamente durante el invierno.

Primavera. Asoman, aun chicuelas, las amapolas que jalonan, en maravilloso caos, el desdibujado límite entre el coquetuelo jardincito y la pendiente asilvestrada que resbala, entre margaritas y tomillo, hasta la curva sombría que describe el río sajando el tozal en dos promontorios de arenisca petrificada donde anidan y se sacian los treparriscos en sus limitadas visitas invernales.


Mayea, lánguido, el Sol y se retiran las nubes alejando de las súplicas terrígenas su codiciada carga.

Flash back


Vuelve lo nuestro.

La fritura. Nati Mistral. El puchero. La troquelada reserva espiritual de Occidente. El cuadro de actores de Radio Madrid. El relumbrón de los caireles. El Alcázar sitiado. La faja. Los escapularios. Los libertadores…

El pan con vino y azúcar. Las tapias de los cementerios. La violetera. Los jardines de La Granja. El tocino rancio. El miriñaque. El caracolillo de Estrellita Castro. El agua bendita. El gol de Zarra. Las historietas del Jabato. Las enaguas. El volumen corporal de García Carrés. Los zapatos topolino. Pemán versificando los movimientos giratorios de Lola Flores. Los velones de aceite. Los cruzados. Gibraltar español…

Trotan por el Ruedo Ibérico las siluetas de los toros de Osborne guiadas por el águila azabache que aletea a los acordes victoriosos de la Marcha Real.

Una bandada de gaviotas cierra el cortejo…

En un recodo del camino, doña Concha Piquer, entona, al paso de la comitiva: “Apoyá en el quicio de la mancebía…”. A su lado, un gato siamés se sacude el polvo adherido a los bigotes, inicia una imperceptible sonrisa, bosteza y se acuesta, panza arriba, bajo el sol mañanero del vigésimo segundo día del mes de mayo.

«El 15M en Peña Montañesa«: I.C.


«La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. Entonces, ¿para qué sirve la utopía? Para eso; sirve para caminar.» Eduardo Galeano.


El Sol fija sus implacables reflejos sobre la plaza expectante. Se atropan los cuerpos con trazas veraniegas a la generosa sombra del casino. Huele a humanidad afanosa con un toque de tapa a la vinagreta que llega, a vaporadas, desde la concurrida terraza donde un comulgante vestido de marinerito reparte chucherías de recuerdo entre sus endomingados invitados.

Se yerguen las pancartas y se agrupa, bajo el Sol cansino, la sociedad combativa. Al son de las gaitas, se reparte el gentío  -entre saludos, besos y gestos de reconocimiento-  tras los artesanales cartelones. Avanzan los pies y se elevan las voces hasta balcones, tragaluces, ventanales y aleros.

Rutilan los rostros teñidos de primavera estival. Jóvenes, viejos, criaturas recorren la ciudad en incansable y lúdico alboroto, mochila a la espalda, morral en bandolera. Vitorea la tarde el cromatismo móvil vindicativo y hasta unas tímidas ráfagas de viento jalean las pancartas y reconfortan los cuerpos sudorosos.

Y otra vez la plaza acoge entre sus losas a la voluntariosa plebe que la honra y humaniza. Y otra vez las inánimes musas de la fuente centellean silenciosos aplausos en su aleación áurea.

Resuenan las gaitas. Retumban las voces. Cabriolean los cuerpos. Se funden las guitarras con la fogosidad vespertina y hasta los gorriones grises y panzudos, inseparables compañeros alados de la humana concurrencia, repiten en su jerga silbante: Juntos y juntas, podemos.




Dicebamus hesterna die…

«Wither»: Randy SnowDog Monteith


…y aun guarda la sierra, bajo las noches mágicas de tantos solsticios y equinoccios transcurridos, la memoria de Dulcis, la Reineta, la hermosa hechicera que recorría los espacios habitados del Prepirineo con sus pócimas, bebedizos y ritos sanadores, ocultando su humana condición, a ojos desconocidos, bajo la apariencia de una joven rabosa[1], y a quien una partida de pastores acechó y dio muerte a golpes de cayado, juzgándola autora de devastadoras acometidas contra ovejas y corderos.

Serpenteando el gortón[2] de Casa Berches se abre un sendero limpio de maleza y guijarros trazado a fuerza de ejercer los pies humanos un indebido derecho de paso que los dueños del terreno jamás vetaron, aun cuando los años de continuo trasiego hurtaron a legumbres y hortalizas parte de su territorio. El Alcuerze[3] Berches -que así es llamado- se une, ya en los límites del Barrio, con la pista que asciende o desciende en diferentes bifurcaciones; una de ellas, la que está señalada por un amojonamiento de piedras firmemente unidas con argamasa, lleva al esforzado caminante por una pendiente que, atravesando la torrontera, termina en un terreno casi circular, de arbustos diseminados, cerrado en su parte norte por una pared pétrea desde cuyo repecho superior algunos buitres inician un vuelo lento, circunvalando el que un día fue su comedero: el Fosal de la Reineta. Tiempo atrás, se dejaban en el fosal los cadáveres de los animales para que los elementos y seres de la Naturaleza completaran su tarea, y sólo la prohibición de dejar a la intemperie los animales muertos finiquitó un acuerdo, nunca firmado pero siempre respetado, entre los buitres y el Barrio. Las aves, no obstante, siguen visitando el fosal, conocedoras, acaso, de que, por encima de leyes restrictivas, siempre hay algún humano dispuesto a desobedecer aquéllas y devolver al Fosal de la Reineta su destino de buitrera.


NOTAS

[1] En aragonés, zorra, raposa.
[2] Id, huerto pequeño.
[3] Id, atajo.

«Room Of Illusions»: Alan King


A la derecha de la antigua pista —ahora asfaltada— que sube hasta la pardina Furtasantos, a medio camino entre el cementerio y la ermita de la Virgen Negra, se halla el pretencioso Complejo Deportivo; con esa denominación consta en las actas del pleno que decidió en su día, y en asamblea, su construcción. En el Barrio, donde cada campo, casa y recoveco posee un nombre cuyo origen se pierde en el tiempo, a las remodeladas instalaciones se las sigue llamando La Huerta Blanquiador.

El último dueño de Casa O Blanquiador, propietario, también, de la huerta homónima, vendió esta última al Ayuntamiento y la casa a la señorita Valvanera, la vieja maestra, respetando así la voluntad de su tío Pepito, que, ya en vida, legó a su pariente sus posesiones con la única condición de que nunca fueran vendidas a personas ajenas al pueblo.

Pepito de Blanquiador, hombre del que siempre se habla, en el Barrio, con admiración y respeto, nació con el siglo XX, único hijo de la señora Severiana y del señor José, originarios del Valle de Aquilué. El oficio del señor José, que se dedicaba a revocar fachadas y a encalar y pintar paramentos, dio nombre a la casa familiar, Casa O Blanquiador [1].

Pepito, que desde niño dio pruebas de su capacidad creadora, convirtió en arte el oficio de su progenitor y de sus hábiles manos surgieron retratos, esculturas, tallas y artísticas forjas; de estas últimas, el portalón de hierro del cementerio y la propia puerta de acceso al complejo deportivo —que lo fue, también, de la antigua huerta— son una muestra de su talento y originalidad, con complicados arabescos, rosetones y entramados que trabajó, con pulcritud, precisión y mimo, en su taller artesanal —todavía conservado—, donde la fragua y el banco de carpintero fueron testigos de las horas robadas al sueño para compaginar el oficio llevado a medias con su padre y las ideas surgidas de su cerebro y plasmadas sobre papel, lienzo, arcilla, yeso, bronce, madera y hierro.


El 6 de julio de 2007, coincidiendo con el 25º aniversario de la muerte de Pepito, se inauguró en la Asociación de Cultura Popular la sala de exposiciones que lleva su nombre: Sala Pepito de Blanquiador, en cuya antecámara se exponen, de manera permanente, algunos de los dibujos, pinturas, tallas y trabajos artesanales que el creador regaló a sus convecinos a lo largo de su prolífica vida artística.


NOTA

[1]  El término aragonés blanquiador alude al oficio de pintor de brocha gorda.