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Archive for 24 septiembre 2011

“Dropping In”: Anton Kirchner


A quince kilómetros de Skopje, capital de la República de Macedonia, en la bullanguera -y pobre- ciudad-barriada de Suto Orizari, la Ciudad de las Gentes Gitanas -popularmente conocida como Šutka-, mora y sueña Cora-Lee.

Nacida en la ciudad de Bath (suroeste de Inglaterra), hija de una pareja de saltimbanquis romanichels (gitanos ingleses), Cora-Lee fue contorsionista y trapecista en el Blackpool Circus de Manchester, malabarista en el circo Knie suizo y acróbata a caballo en Berlín, actividad esta última que estuvo a punto de costarle la cárcel cuando se descubrió que Zimro K, el caballo przewalski sobre el que realizaba espectaculares giros y volteretas, había sido sustraído del zoo de Munich. Cora-Lee, que era tan ágil de cuerpo como de mente, se hallaba ya en la entonces República Socialista de Yugoslavia cuando la policía alemana se presentó ante el empresario circense para requisar a Zimro K y proceder a la detención de la artista gitana. “No robé el caballo”, afirma cincuenta años después, en una curiosa mezcla de rromanés e inglés. “Se lo compré a unos băeşi (gitanos húngaros). Pero sabía que no me creerían… ¿Quién iba a creer a una gitana…?

En sus primeros años en Yugoslavia ejerció de traductora ocasional y barrendera, terminando como secretaria de la preparadora del equipo nacional de gimnasia rítmica. En 1976, convertida en ayudante de dirección de un cineasta de escaso renombre -del que, además, era amante-, recaló en Suto Orizari en busca de escenarios para un documental sobre gitanos yugoslavos. La película no llegó a realizarse, pero Cora-Lee se reencontró con los suyos, con las gentes de su etnia. Y allí, en Suto Orizari, vivía cuando estallo la guerra entre los diferentes pueblos que conformaron Yugoslavia. En Suto Orizari asistió al acta de independencia de la República de Macedonia y vio expandirse la barriada-ciudad mientras gentes gitanas de diversa procedencia llegaban hasta el Nuevo No Paraíso huyendo de la miseria, la confrontación y el rechazo.


Cora-Lee, septuagenaria, inglesa de nacimiento, yugoslava por necesidad y macedonia por convicción, es miembro del Partido de la Liberación Gitana de Macedonia. De su pasado circense sólo guarda una fotografía que preside, discretamente enmarcada, el humilde comedor de su casa. En ella, una joven de cabellos muy cortos, vestida con un tutú de ballet, eleva una pierna en el aire mientras se sostiene con la otra, de puntillas, sobre el lomo de un hermoso caballo de escasa alzada.

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“Jánovas”: Birasuegi


El día 10 de febrero de 2001 se publicaba en el Boletín Oficial del Estado la Declaración de Impacto Ambiental del proyectado embalse de Jánovas; en la misma, se consideraba no pertinente la construcción de la presa. La pesadilla  -iniciada el 28 de marzo de 1951 con la aprobación del Plan de Construcción de los Aprovechamientos del Río Ara–  había concluido. Detrás quedaban cincuenta años de zozobra y dolor. Tres pueblos destruidos, diecisiete localidades con terrenos expropiados, una comarca fracturada, ciento cincuenta familias damnificadas y Jánovas, el pueblo que dio nombre a un pantano inexistente, como símbolo de la resistencia, del apego a la tierra de sus gentes y de las miserables acciones que la empresa Iberduero perpetró contra los habitantes de la zona con la connivencia del Estado.
Fue tan brutal el impacto del pretendido pantano en la socio-economía de la zona a inundar, que de un censo de 1787 habitantes -en 1951- contabilizados en los tres núcleos de población más afectados, se pasó a 346 en el año 1981, agrupados en una sola localidad.

El pasado 12 de septiembre fallecía a los ochenta y ocho años, en el hospital de Barbastro, Emilio Garcés Frechín, el señor Emilio, que protagonizara junto a su mujer, la señora Francisca, la emotiva gesta de resistir los embates de la sinrazón durante años, aferrados ambos a su pueblo en ruinas, en un desigual combate que duró desde 1961, cuando comenzaron las expropiaciones y expulsiones, hasta 1984, cuando, a la fuerza, fueron obligados a salir del pueblo. Los últimos de Jánovas, se les llamó. Juntos asistieron a la calculada devastación de su entorno llevada a cabo por la empresa adjudicataria: Casas dinamitadas para evitar el regreso de sus moradores, acequias destruidas para impedir el riego, frutales y olivos talados, campos destrozados, tuberías de agua de boca obstruidas, postes de electricidad abatidos. Este festín de ruindad tuvo su colofón en febrero de 1966 cuando un operario de Iberduero entró violentamente en la escuela y sacó a la maestra arrastrándola de los pelos y a patadas al aterrorizado alumnado. La escuela fue uno de los últimos edificios en caer y, con ella, las escasas esperanzas de los pocos que todavía resistían junto al matrimonio Garcés, que fueron abandonando, impotentes, aquel fantasmagórico territorio donde la desolación y las amenazas conformaban la vida cotidiana.

En 1981, tras la marcha de la familia Buisán, los Garcés se quedaron solos en el pueblo asolado. Todavía tuvieron fuerzas para resistir, contra la burocracia y el chantaje, tres años más. Finalmente, desahuciados, marcharon a vivir primero a Campodarbe y, posteriormente, a Boltaña, desde donde siguieron reivindicando su derecho a residir en Jánovas, su pueblo, al que continuaban regresando, anualmente, con otros antiguos vecinos.

En el año 2009 la familia Garcés fue galardonada con el Premio Aragón a la Dignidad, “por ser el símbolo de la lucha por la tierra“.


En el año 2008, el Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino inició el proceso de reversión a los antiguos propietarios de los terrenos expropiados, fijándose el 4 de mayo de 2009 como fecha límite para que los antiguos habitantes con propiedades en Jánovas presentaran la solicitud de reversión, pero con la condición sibilina de que devolvieran las indemnizaciones recibidas con un incremento… ¡de más de treinta veces el valor de lo percibido!

Cincuenta y ocho años, un mes y seis días después de declararse Jánovas, Lavelilla y Lacort como terrenos inundables y cuarenta y siete años, cuatro meses y seis días desde el inicio de las expropiaciones, la hidroeléctrica Endesa, heredera de Iberduero, mostraba sus fauces a las víctimas del pantano de papel.

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