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Archive for 20 junio 2013

“New Forms.- Le Cri”: Philippe Abril


«Caminaba yo con dos amigos por la carretera, entonces se puso el sol; de repente, el cielo se volvió rojo como la sangre. Me detuve, me apoyé en la valla, indeciblemente cansado; lenguas de fuego y sangre se extendían sobre el fiordo negro azulado. Mis amigos siguieron caminando mientras yo me quedaba atrás temblando de miedo, y sentí el grito enorme, infinito, de la naturaleza.»Edvard Munch.


…y aúlla…


Cuando la longitud de las modernas grúas compite con la majestuosa alzada de las cumbres. Cuando la hondonada que oficiaba de cabañera se transforma en vertedero incontrolado. Cuando la fauna silvestre yace, cual fúnebres mojones inanimados, a lo largo de la carretera. Cuando una aberrante alfombra renegrida sustituye los bosques de coníferas. Cuando se le conquista orilla al anciano cauce de aguas apacibles. Cuando entre la especulación y el sentimiento bucólico no hay un equilibrio razonable.


…y se defiende.


Rugió el cierzo y lanzaron los cirros hirientes navajas acuosas. Tronaron los promontorios pétreos y rasgáronse sus costurones de hielo.

…y resiguió el líquido brutal las ancestrales huellas invadidas por el factor humano.

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“La niña de la cancela”: Archivo personal


La casa de Marís y Emil se llama, como indica una losa de arcilla incrustada en el muro exterior, O Cado[1]. Antes fue O Guariche[2] y, aun antes, el pajar del viejo Nicomedes, el abuelo de Casa Berches, aunque ninguno de los sucesivos usuarios conoció al tal Nicomedes salvo de oídas y cuando el pajar no era sino una escombrera con una pared y media techumbre en permanente amenaza de derrumbamiento.

Del abandonado pajar tomaron posesión, sin encomendarse a nadie, las estudiantas, el grupo de adolescentes de edades similares que cursaba estudios de bachillerato en Huesca. Así el pajar, limpio de porquería, peligros y cachivaches y con varias uralitas oficiando de tejado y paredes ensambladas al muro original, se convirtió en O Guariche, fortín vedado a la curiosidad del vecindario donde las malas lenguas aseguraban que se bebía, se fumaba y “a saber qué marranadas más hacen esas crías allí, tan a su aire”. Pero no fue lo que supuestamente se hacía sino el contenido del cubículo lo que obligó a cancelar, por orden de la autoridad, el rudimentario local donde se juntaban las chicas. Porque el tal guariche estaba provisto de nevera, equipo de música y dos o tres focos de estridentes colores gracias al enganche de luz que las propias muchachas habían realizado en la toma de la casa vecina, que sólo era ocupada en el periodo estival.

Tras los chismorreos, la denuncia, las reprimendas y el pago  repartido equitativamente entre las integrantes de la peña—  del consumo eléctrico que excedió del mínimo calculado de la casa vecina durante los diez meses que duró la aventura, O Guariche quedó abandonado hasta que, cinco años atrás, Marís  una de aquellas adolescentes, devenida en cuarentona—  y su marido compraron el solar y edificaron, con material rescatado de otras casas antiguas reducidas a escombros, una vivienda de dos plantas donde las amigas de siempre de Marís  compañeras de los meses inolvidables del guariche—  se reúnen para charlar y, sobre todo, escuchar heavy metal, mientras la pequeña Astarté, nieta de los acogedores Marís y Emil y diminuta diosa reverenciada en cada velada, evoluciona al compás de la música.


NOTAS

[1] En arag., “La Madriguera”.
[2] Id, “El Cuchitril”.

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“Bruna”: Archivo personal


Resbala la tarde por la artesanal barbacana que bordea los huertos encarados al azud, al otro lado de donde el majestuoso y solitario cedro del Himalaya inclina levemente su grueso tronco hacia la torrontera. Erguida —cual elegante esfinge— presidiendo el paisaje de cebollas y verduras en la parte más elevada del rústico adarve, hállase la gata. Inmóvil. Hierática. Centrada su ambarina mirada en el majuelo del saso[*], donde una pareja de perdices rojas alea y apeona entre los cepellones.


NOTA

[*] En Aragón, elevación con paredes verticales y cumbre llana.

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“Within Dying Range – Global Fever 1”: Jan Kolling


Guénolé, el primer sobrino nieto de la Hermana Marilís, descansa en su cunita de metacrilato del Hospital Joseph Ducuing, en la calle Varsovie del barrio de Saint-Cyprien de Toulouse, en el renovado edificio donde una sencilla placa recuerda a los utópicos guerrilleros españoles que fundaron el centro hospitalario  llamado entonces Hospital Varsovie—  bajo los auspicios del Partido Comunista y en cuyo dispensario trabajó solícitamente la extraordinaria y libertaria Amparo Poch Gascón, feminista, maestra, dibujante, escritora y brillante médica zaragozana fallecida en el exilio el 15 de abril de 1968 y rescatada de entre los escombros de la memoria por Antonina Rodrigo, autora de una fascinante biografía de la cofundadora de Mujeres libres.


El Hospital Varsovie se fundó en octubre de 1944 para atender a los guerrilleros españoles heridos a raíz de la fracasada Operación Reconquista, cuando más de setecientos maquis entraron en España por las fronteras de Huesca, Lérida, Valle de Arán y Navarra enfrentándose, durante once días, a las fuerzas franquistas, en una guerra de guerrillas que, indudablemente, estaba perdida antes de planearse. Posteriormente, en mayo de 1945, el hospital, ubicado en una antigua y señorial mansión abandonada por los alemanes, se constituyó legalmente como centro sanitario civil de asistencia gratuita a todos los refugiados españoles y que se subvencionaba con las aportaciones de organizaciones internacionales de apoyo al antifascismo español, del gobierno francés y del Partido Comunista.

«Ningún enfermo tiene la impresión de estar en un hospital donde todo lo que le rodea sea extraño; al contrario, tiene la sensación de estar cuidado en su casa y en familia; médicos, enfermeras y personal administrativo, todos españoles, con la única preocupación del paciente que es al mismo tiempo su amigo en el exilio y su compañero de lucha por la reconquista de la patria perdida.», puede leerse en una Memoria editada por el propio hospital en 1950. Pero la situación cambiará cuando EEUU comience sus purgas contra el comunismo  real o no—  dentro de sus fronteras y se inicie la Guerra Fría con la URSS. El cineasta Howard Fast, que ayudaba económicamente al Varsovie, comunicará al hospital: «El Comité de Actividades Antiamericanas nos ha exigido darles los nombres de los republicanos españoles que hemos ayudado, de suerte que, de hacerlo, nos hubiésemos convertido en criminales asociados al abominable Franco. Y porque nos hemos negado a ello vamos a la cárcel.»

Las presiones estadounidenses  a las que lógicamente y con tesón, se une la dictadura franquista—  terminan desbaratando el pequeño enclave sanitario español en Toulouse. El 7 de septiembre de 1950 es encarcelado el equipo médico del Hospital Varsovie y, un mes después, el gobierno francés ordena la liquidación de todos los bienes de la sociedad que administraba los donativos que se recibían para mantener el centro.

En noviembre de 1950, el doctor Joseph Ducuing se hace cargo de los pacientes ingresados y, junto con otros médicos franceses y la ayuda económica del Partido Comunista Francés, adquiere el inmueble y se constituye la Asociación de Amigos de la Medicina Social, gestora del hospital hasta 1982.


…y casi setenta años después, arropado por retazos de historia, duerme Guénolé su primer día de vida en el Hospital Ducuing-Varsovie, con el aire de Saint-Cyprien trayendo vaivenes de voces españolas.

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