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Posts Tagged ‘Huesca’

“Detalle de una pintura de Montearagón”: Archivo personal


Cuenta la leyenda que bastaron ocho días de niebla prieta para que los constructores al servicio del rey Sancho Ramírez levantaran la amenazante mole del castillo de Montearagón, erguido sobre un cerro, a apenas cinco kilómetros de Wasqa[1], la fortificada madinat[2] árabe, sultana soñada por los aragoneses, que ansiaban su sometimiento, fundamental para proseguir, a espada y sangre, la conquista de Saraqusta[3] y de todo el Valle del Ebro.

Los primeros tapiales de la atalaya se edificaron, provocativos, frente a la conocida como ciudad de las cien torres, a finales de abril de 1086, para albergar al bien equipado ejército del joven reino de Aragón —deudo del navarro— nacido en los Pirineos, junto al río que le daría nombre. No ocho días sino tres años después, aquel baluarte soberano, que los habitantes de Wasqa contemplaban con curiosidad y cierta aprensión, conformaba ya una villa ocupada por soldados a los que se unieron los monjes agustinos que moraban en la espléndida abadía, dotada por el rey de tan altos privilegios que llegó a ser el monasterio-abadía más importante del reino.

«Aquel potro tomará esta yegua», auguraban, pesarosos, los alfaquíes[4] de la Wasqa asediada y tan extraordinariamente protegida por su muralla romano-musulmana que fueron diez los años de inútiles acometidas aragonesas sin que la orgullosa madinat cediera. Tuvo que sucederse, en 1096, una ferocísima batalla, extramuros de la ciudad, para que, una vez derrotada la confederación de ejércitos cristiano-musulmanes que defendían el honor de aquella altiva reina mora amurallada, la madinat de Wasqa accediera a abrir sus inexpugnables puertas a aquellos montañeses que la demandaban como botín de guerra.


…y aquel potro de piedra, herido por novecientos treinta y tres años de sacudidas del tiempo, aún mira, ahora decrépito y entrañable, a la yegua oscense que, admirada y conmovida, lo columbra al otro lado de la acostumbrada boira pertinaz.




NOTAS

[1] Denominación de Huesca durante su pertenencia a Al-Ándalus.
[2] Nombre árabe para ciudad.
[3] Denominación de Zaragoza durante su pertenencia a Al-Ándalus.
[4] Entre los musulmanes, doctores o sabios de la ley.

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Interruptio

“Gula”: Archivo personal


—Luisón, porfa… Cuando puedas, tráenos unas croquetas.
—¿Bacalao, boletus, jamón…?
—No, no. De las de pollo al chilindrón.
—De beber, ¿lo de siempre…?


Todas las mesas del cafetín están ocupadas y ellas se quedan, comprimidas, en el espacio reservado a los camareros, al lado de la pareja de la entidad bancaria que da cuenta, con envidiable voracidad, de las tostas con mermelada de uva y mousse de queso, gloria y especialidad del establecimiento. Cuando las chicas del salón de belleza se levantan de la mesa próxima a la puerta del office, se apresuran ellas a tomar el relevo adelantándose al auxiliar de la notaría y a la abogada de la aseguradora, que reculan, conformistas, mientras ellas se encogen de hombros, despejan parte de la mesa acumulando vasos y platillos en una esquina y se acomodan en las sillas dejando una a modo de perchero. Suenan la solitaria máquina tragaperras del fondo y los tenedores y cuchillos haciendo los honores al contenido de bandejas y platos, como bandas sonoras de las conversaciones de intensidad moderada de la familiar fauna que, en días laborables, consume su limitado tiempo de descanso en la céntrica cafetería.

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“Brotes”: Archivo personal


Cuando Marcelle Haurat regresó a Huesca, en noviembre de 1988, habían transcurrido cincuenta y dos años desde su precipitada marcha de la ciudad donde, según sus palabras, “había pasado los días más felices de mi vida y los momentos más dolorosos”. De la capital altoaragonesa tomada por el fascismo fue rescatada Marcelle —retenida en su propio domicilio por los sublevados contra la Repúbica— por su padre, comandante francés en el puesto fronterizo del Somport, que amenazó a las autoridades con un conflicto internacional si persistían en denegar el permiso para que la joven viuda, de 25 años y nacionalidad francesa, regresara a su país. Allí, en esa Huesca que ella siempre recordaría por su cielo luminoso, se quedaron sus ilusiones. Y su Manuel. Ay, su Manuel… Tan cariñoso, tan guapo, tan culto, tan bondadoso… Su Manuel, aquel joven que, en 1931, había anunciado a la ciudadanía oscense —su querida ciudadanía—, desde el balcón de Ayuntamiento, la proclamación de la II República.

Con Manuel —su Manuel—, al que había conocido en la parte francesa del puerto del Somport, se había casado en 1934 —en Canfranc, por el juzgado, y en la zaragozana iglesia de Santa Engracia, por el rito católico—. “Eran una pareja joven, agradable y cosmopolita”, se decía en Huesca, donde Manuel, que, pese a su juventud, había sido alcalde republicano de la ciudad, era muy apreciado.

Al despacho de Manuel Sender Garcés —exalcalde de Huesca, abogado de 31 años, hermanico (como él decía) del escritor Ramón J. Sender— se acercaron, el 20 de julio de 1936, los guardias de Gobernación a pedirle que se marchara, que huyera, que las cosas se habían puesto muy tensas. “Márchese, don Manuel, por favor. Váyase a Francia. Nosotros diremos que no le hemos encontrado. Pero márchese”. Pero Manuel, administrador de los fondos de la ciudad, se negó a ello. “Vamos, vamos, señores… Yo no he cometido ningún crimen y me debo al Ayuntamiento y a los ciudadanos”.

La última vez que lo vi, ya detenido, fue el 11 de agosto”, recordaba Marcelle en la entrevista que le hizo Luisa Pueyo para el Diario del AltoAragón, en 1988. “El día 13, a la una de la madrugada, lo fusilaron”.


El 13 de agosto de 1936 un camión transportó a cuatro hombres, unidos dos a dos por cordones de alambre, hasta la tapia del cementerio de Huesca. Mariano Carderera Riba, alcalde de la ciudad; Manuel Sender Garcés, exalcalde y concejal; Mariano Santamaría Cabrero, primer teniente de alcalde, y Miguel Saura Serveto, obrero afiliado a la CNT, que había bajado a Huesca desde Benasque para saber el alcance que había tenido en la capital la sublevación fascista; fue elegido al azar, de entre los presos, para ser el fusilado número cuatro, dado que se tenía por costumbre atar a los presos por parejas y los ediles sentenciados solo eran tres.

A la una de la madrugada se produjeron las descargas contra los cuatro hombres. Marcharon los asesinos y quedaron los cadáveres en amasijo para que, con las primeras luces, los enterradores hicieran su trabajo. Pero Mariano Santamaria, gravemente herido, consiguió levantarse y caminar rumbo a la ciudad llamando, angustiosamente, a su esposa. Fue rápidamente interceptado, llevado de nuevo a la tapia de la necrópolis y rematado.

La memoria de los enterradores guardó el lugar donde fueron sepultados aquellos cuatro seres humanos; fue esa memoria la que hizo posible que, cuando en junio de 1974 Ramón J. Sender accedió a dar una conferencia en Huesca, con la condición de que, previamente, se depositara un ramo de flores en la fosa clandestina donde estaba su hermano Manuel, las autoridades franquistas, haciendo de tripas corazón, cumplieran, vencidas y humilladas por el hermano del asesinado, la exigencia.


«Los rifles lo miraban todos secos
—ocho bocas de hierro lo miraban—
y era el hijo de Dios, era mi hermano»
.
Ramón J. Sender (1901-1982).- MONTE ODINA




NOTAS

  • Marcelle Haurat regresó a Hendaye con sus padres; en 1939 contrajo segundas nupcias con un primo lejano, se instaló en Biarritz y tuvo una hija, Madeleine. Regresó varias veces a Huesca a partir de 1988. Mantuvo, hasta su muerte, el contacto con la familia Sender.
  • El 14 de abril de 2003, el Ayuntamiento de Huesca colocó una lápida de respeto en la fosa del cementerio oscense donde yacen los restos de Manuel Sender Garcés y sus tres compañeros de salvaje infortunio. El lugar es conocido como la Tumba de los Ediles.
  • El lugar de un hombre, que da título al presente escrito, se corresponde con el de una magistral novela de Ramón J. Sender cuya primera versión se publicó en México, en 1939. La versión definitiva lo fue en 1958.

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“Casita de Blancanieves”: Archivo personal


El tiempo se detiene en el rincón del parque donde se levanta la Casita de Blancanieves, construida en la dura posguerra oscense e inaugurada el 28 de junio de 1947 como espacio de lectura de la chavalería de la ciudad. El interior, con sus techos altos y arqueados y su chimenea de leña, atraía —lo sigue haciendo, reconvertido en ludoteca de verano— a los pequeños lectores que, sentados en las sillitas de colores —verdes, rojas, azules, amarillas…— o en el exterior, junto al estanque, devoraban cuentos y tebeos, intercambiaban cromos o jugaban a las barajas de familias intentando averiguar qué jugador podía tener, en el abanico de cartas, aquella del abuelo indio o de la madre lechera que completaba el lote de seis para ganar el juego.

Veinte años después de su inauguración, en 1967, se colocó, en la zona de césped de la parte posterior de la casita, un pequeño monumento-homenaje a Walt Disney, como tributo al creador de la película animada que había dado vida y movimiento a los personajes que residían, ocultos a cualquier mirada, en el interior de aquella réplica de la casita del cuento, devenida en biblioteca, en el parque de Huesca.

Recuerda la señorita Valvanera que fue por aquella época —a finales de septiembre y con la placa en bronce de Disney ubicada ya junto a la casita— cuando ocurrió el Incidente de Yolanda. Como se solía hacer cada curso escolar, un grupo de criaturas de la escuela —dieciocho, de las treinta que componían el alumnado de entonces— se habían desplazado a Huesca en el microbús de Faustino, bajo la tutela de la señorita Valvanera, su joven profesora, para recibir a media mañana la vacuna preceptiva, según edades, en el Instituto Provincial de Higiene de la capital. La maestra había quedado con la responsable de la biblioteca de la Casita de Blancanieves a las nueve y cuarto, para que el alumnado pudiera acceder al interior y disfrutar de la lectura hasta la hora de dirigirse al cercano organismo sanitario.

Diez minutos después de tener a su disposición la biblioteca, se descubrió la ausencia de Yoli, una de las niñas pequeñas, muy reservada y tranquila, a la que la señorita Valvanera había dejado sentada junto a la chimenea, con un libro de cuentos, mientras curaba un rasponazo a otro de los pequeños. La buscaron. La llamaron insistentemente. Recorrieron el parque escudriñando en cada rincón sin dejar de gritar su nombre. No la encontraron. Unos transeúntes se prestaron a acudir a la policía; otros se acercaron al centro de la ciudad en busca del guardia urbano que prestaba sus servicios en un cruce. Alguien pensó que en la emisora local también podían prestar ayuda…

A las once de la mañana Radio Huesca abría en las ondas un Servicio de Socorro que se repetía cada pocos minutos y en el que se indicaba que la pequeña, de cuatro años, “es muy menuda y atiende por Yoli. Lleva el pelo corto con diadema ancha roja; viste pantaloncitos blancos largos y un chaquetón azul de punto con un borreguito bordado en el bolsillo”(sic).

A las tres menos veinticinco de la tarde un guardia municipal llegó a la Casita de Blancanieves —donde el grupo y su desolada maestra aguardaban, como les había indicado la policía—; cogida de la mano del funcionario iba la pequeña Yoli. La dependienta de una confitería bastante alejada del parque la había observado al otro lado del escaparate, mirando extasiada los apetitosos productos que se exhibían en él. Cuando la joven comprobó que había pasado un tiempo considerable sin que ninguna persona adulta se acercase a la niña, la invitó a entrar y le preguntó; no consiguió, siquiera, que le dijera su nombre. La dependienta, sin saber qué hacer, la mantuvo con ella hasta la hora del cierre y contactó con la carnicería de enfrente; una señora que pasaba por la calle y había escuchado el Servicio de Socorro de la radio, se detuvo en el corrillo formado en la acera alrededor de la niña y se dio cuenta de que se trataba de la pequeña desaparecida. Entonces se dio aviso al cuartelillo.

Nunca se supo el itinerario real que hizo la pequeña Yoli hasta su arribada al escaparate de la confitería ni la razón de que a nadie le llamara la atención su solitaria caminata por las calles de la ciudad provinciana. Como explicaba siempre la señorita Valvanera, que la recibió entre besos y abrazos, “lo único importante era que estaba de vuelta, sin un rasguño”. Y así, aquellas cinco angustiosas horas, que parecían salidas del magín de los hermanos Grimm, se convirtieron, con el paso de los años, en el Incidente de Yolanda.

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“El Impacto”: Javier Ignacio Acuña Ditzel


¡A escaparrar[*], mozeta, a escaparrar!“, tronaba el viejo, entre carcajadas y toses, cuando la noticia del resultado de la votación en el Ayuntamiento de Huesca descendió, acelerada, desde la plaza de la Catedral y se coló en el mazo de las cartas de la baraja, aún sin repartir entre los cuatro jugadores de guiñote. Ana Alós, alcaldesa in péctore, con el discurso de aceptación preparado para amenizar su aparentemente bien atado nombramiento tras las conversaciones de su partido, el PP, con los representantes de Ciudadanos y Vox —que sumadas las apalabradas fuerzas contabilizaban trece votos, trece, a su favor—, quedose pasmada en su sitial, la media sonrisa transformada en rictus, cuando se realizó el recuento de los votos individuales emitidos por los veinticinco miembros electos en el Salón del Justicia: Doce votos —10 del PSOE y 2 de Podemos Equo— para el candidato del PSOE, Luis Felipe. Doce votos para la candidata del PP, Ana Isabel Alós López. …Y un voto en blanco —que ni Ciudadanos ni Vox se han atribuido—. Alcalde investido: Luis Felipe Serrate, cabeza de lista de la candidatura más votada en las elecciones municipales del 26 de mayo.

A escaparrar, mozeta, a escaparrar…


Ciudadanos ha incumplido su compromiso en Huesca permitiendo un alcalde del PSOE. El @populares iniciará mañana los trámites para una moción de censura al alcalde socialista de Huesca para que se cumpla el acuerdo pactado[…].
— Javier Maroto (@JavierMaroto) 15 de junio de 2019


NOTA

[*] En Aragón, mandar a alguien a escaparrar es mandarlo a tomar viento.

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“Parque Miguel Servet: El quiosco en otoño”: Archivo personal


Cuando el caminante se detiene en lo alto de la pendiente suenan en los auriculares prendidos a sus orejas las voces conjuntadas de David Bowie y Freddie Mercury…Pressure pushing down on me…— e inicia un descenso suave, con las deportivas rozando levemente el conocido empedrado y los ojos fijos en la abertura final de la costanilla, allí donde, muchos siglos atrás, estuvo una de las puertas —de las nueve, diez…o más, que no hay acuerdo entre los estudiosos— de la muralla, la que se conoció como Puerta Nueva, desaparecida definitivamente en el siglo XVIII, cuando se construyó, en sobrio ladrillo, la iglesia de San Vicente el Real, tras la demolición del templo románico que, en el siglo XIII y con el nombre de San Vicente el Bajo[*], se había levantado en el lugar donde se cree nació el hijo de Enola y Eutiquio, conocido como Vicente de Huesca o San Vicente Mártir, patrón pequeño de la ciudad y en cuya festividad, el 22 de enero, se prende una gran hoguera y se reparten patatas asadas.

La Compañía, que así es como se conoce popularmente en Huesca a la iglesia de San Vicente el Real, por haber pertenecido a los jesuitas a partir del siglo XVII, brinda su monumental mole —de fachada de ladrillo caravista, con una estatua de piedra del santo en una hornacina situada sobre el portalón de acceso— a la antigua vía romana que atraviesa, a los pies del Casco Histórico, la ciudad. El Coso, que así se llama tal vía, hoy en día peatonal, ha sido, a lo largo de la historia, la gran calle central de la urbe, dividida en dos tramos: El Coso Alto y el Coso Bajo, llamados Cosos de Galán y García Hernández, durante la II República, en recuerdo a los capitanes rebelados contra la monarquía, fusilados en las inmediaciones de Huesca y cuyas tumbas en el cementerio de la localidad siguen siendo muy visitadas.

Supera el caminante el desnivel de la costanilla de Lastanosa y dobla la esquina del templo deteniéndose para contemplar los edificios que apuntan, desde el otro lado de la estrecha calle peatonal, a la vieja iglesia jesuita. Allí enfrente, encarada a San Vicente el Real, estuvo situada la casa-palacio de los Lastanosa, con el más fantástico de los jardines de la época, que llegó a fascinar al mismísimo Felipe IV. Creado bajo los auspicios y la refinada imaginación de Vicencio Juan de Lastanosa, insigne erudito del siglo XVII, mecenas, político, escritor, alquimista, obsesivo jardinero y amante del exotismo; minucioso coleccionista, su biblioteca de más de siete mil volúmenes fue reverenciada por Quevedo, Baltasar Gracián y otros ilustres de la época, que recorrieron las armoniosas estancias del palacete recreándose en los preciados objetos cuidadosamente expuestos en ellas: antigüedades, armas, instrumentos científicos, artilugios, pinturas, esculturas, tapices, monedas, mapas, fósiles… Pero, sobre todo, esos increíbles y portentosos jardines en los que a la abundante vegetación, traída de todo el orbe, se sumaba un completo zoológico (cebras, tigres y otros mamíferos exóticos, avestruces, aves canoras…), un espectacular laberinto esmeradamente geometrizado, caminos de rosaledas y tulipanes, templetes marmolados y zonas acuáticas que incluían fuentes ornamentadas con elementos mitológicos, un embarcadero y un soberbio estanque.

De todos esos prodigios nacidos de la avidez de conocimiento y la vasta fortuna de Vicencio Juan de Lastanosa, nada queda. Su legado se dispersó con su muerte; la casa-palacio fue desmantelada en el siglo XIX y de aquellos originales jardines sólo resta el terreno que, siglos después, conformaría parte del actual Parque Miguel Servet.


Suspira el caminante. Desaparece de su visión interior el suntuoso edificio cuya descripción, a fuerza de leer tantas veces, es capaz de reconstruir en sus figuraciones y encamina sus pasos hacia los veladores del bar abierto junto a la farmacia que guarda, por ubicación, algo de esa esencia Lastanosa que ha ocupado sus pensamientos durante unos minutos. Frente al caminante, relajado ante su café, vela el edificio consagrado a Vicente de Huesca.


NOTA

[*] En contraposición a la iglesia de San Vicente el Alto, ya desaparecida, que se construyó en el entorno de la Catedral, en el mismo lugar donde en la época de la Wasqa musulmana se ubicaba la mezquita de Ibn Atalib.

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“Fractal Jesús”: Antonio Russo

 

En 1995, ciento once parroquias de la provincia de Huesca que, hasta entonces, habían sido administradas, en materia religiosa, por la diócesis de Lleida, pasan a depender de la diócesis de Barbastro-Monzón, cuyo obispo reclama a su homólogo leridano la devolución de las piezas sacras —ciento once, perfectamente reconocibles[*]— pertenecientes en origen a cuarenta y cuatro parroquias aragonesas y que se hallan depositadas en el Museu Diocesá de Lleida.
Ante la negativa de las autoridades civiles de la ciudad del Segre y de la Generalitat al retorno a Aragón de los bienes eclesiásticos, el obispo de Barbastro-Monzón presenta diversas reclamaciones ante el Vaticano, que se resuelven a favor de la diócesis aragonesa, sin que esta circunstancia rectifique la actitud de la Generalitat que argumenta que las piezas en litigio forman parte del patrimonio sacro —e indivisible— de Catalunya, al amparo de la ley 9/1993, y, como tales, se hallan inscritas en el inventario correspondiente.
En junio de 2008, Xavier Salinas, administrador apostólico de la diócesis de Lleida, se compromete formalmente con Alfonso Milián, obispo de la diócesis de Barbastro-Monzón, a devolver el arte sacro en un plazo de treinta días; la devolución no se lleva a efecto por la negativa del Departament de Cultura de la Generalitat.

Y, así, han transcurrido veinticuatro años… hasta el juicio celebrado, en dos sesiones, los días 16 y 17 de este mes de mayo.

 

LÍNEA DEL TIEMPO: RETABLO DE MENDACIDAD

1995.- Ciento once parroquias de pueblos aragoneses que se hallaban adscritas al obispado de Lleida pasan a formar parte de la diócesis de Barbastro, que toma el nombre de diócesis Barbastro-Monzón.

1995.- Ambrosio Echebarría, obispo de la diócesis de Barbastro-Monzón, reclama a la de Lleida el traslado a Barbastro de las obras de las parroquias aragonesas que se hallan en depósito en la diócesis catalana.

1997.- El Gobierno de Aragón emprende acciones ante el Tribunal Eclesiástico para agilizar la devolución de las obras.

1998.- El Vaticano dicta una resolución favorable a la diócesis de Barbastro-Monzón sobre las obras del patrimonio aragonés que siguen en depósito en la diócesis de Lleida.

2001.- Se crea una Comisión de Estudio para determinar las obras a devolver.

2002.- El Vaticano desestima un recurso del obispado de Lleida en el que se solicitaba la no devolución de las obras en litigio.

2002.- Recurso de súplica del obispado de Lleida ante el Vaticano, que es inmediatamente desestimado.

2005.- La Congregación para los Obispos ordena la devolución de las obras en un plazo de treinta días.

2005.- El obispo de Lleida, Francesc Ciuraneta, presenta un recurso de súplica a la Signatura Apostólica, que le responde negativamente.

2005.- El obispo de Lleida, ante las órdenes del Vaticano, pide permiso a la Generalitat de Catalunya para proceder a la devolución de las obras. La Generalitat se opone.

2006.- El Parlament de Catalunya aprueba una moción que proclama la unidad de la colección museística al objeto de que las 111 obras reclamadas por Aragón no sean traspasadas.

2006.- El obispo de Lleida presenta un recurso en el Tribunal de la Rota Romana que no es admitido a trámite.

2007.- El Supremo Tribunal de la Signatura Apostólica de Roma rechaza el último recurso presentado por el obispado de Lleida.

2008.- El administrador apostólico de la diócesis de Lleida, Xavier Salinas, y el obispo de Barbastro-Monzón. Alfonso MIlián, acuerdan retomar el mandato de la Congregación de los Obispos de 2005 para la devolución de las obras en litigio en un plazo de treinta días.

2008.- El Departament de Cultura de la Generalitat se opone a la devolución de las obras de las parroquias aragonesas al entender que se hallan catalogadas como patrimonio catalán.

Julio de 2008.- La Asociación de Amics del Museu de Lleida interpone una demanda civil para dilucidar la propiedad de las obras reclamadas por Aragón.

21 de septiembre de 2008.- Joan Piris toma posesión como nuevo obispo de Lleida.

Octubre de 2008.- El Juzgado de Instrucción número 4 de Lleida desestima el recurso presentado por el Obispado de Barbastro-Monzón a propósito de la admisión a trámite de la demanda de la Asociación de Amics del Museu y se declara competente para juzgar, por vía no eclesiástica, la propiedad de parte de las obras en litigio.

16 de diciembre de 2008.- El obispo de Barbastro-Monzón, Alfonso Milián, presenta una protesta formal ante su homologo leridano por autorizar la cesión de parte de las piezas reclamadas para una exposición a celebrar en Filadelfia (EEUU). El Nuncio Apostólico se pronuncia en idénticos términos.

12 de febrero de 2009.- El obispo de Lleida, Joan Piris, pide al Conseller de Cultura de la Generalitat, Joan Manuel Tresserras, una autorización para entregar a Aragón las obras de arte sacro en litigio.

Febrero de 2009.- El presidente del Gobierno de Aragón, Marcelino Iglesias, anuncia la decisión de su gabinete de emprender acciones penales contra las instituciones y personas del Consorcio del Museu de Lleida por la retención de los bienes aragoneses.

Febrero de 2009.- La Secretaría de Estado del Vaticano exige la entrega inmediata a Aragón de las obras reclamadas, amenazando a Lleida con la retirada del obispado del ente que gestiona el Consorcio del Museu Diocesá.

10 de marzo de 2009.- La Consejera de Cultura y Deporte de Aragón, Mª Victoria Broto, envía una misiva a Joan Piris, obispo de Lleida, para que exija al Consorcio del Museu la entrega de las obras y evitar, así, la intervención de los juzgados civiles.

Marzo de 2009.- El Conseller de Cultura de la Generalitat, Joan Manuel Tresserras, anuncia la disposición de su departamento a devolver 27 de las piezas reclamadas, siempre que haya un acuerdo global entre Aragón y Catalunya y se acepten las condiciones de la Generalitat.

Marzo de 2009.- La Consejera de Cultura de Aragón, Mª Victoria Broto, mantiene la exigencia del retorno de TODAS las obras y critica el planteamiento de su homólogo de la Generalitat que, hasta la fecha, se había referido a la unidad museística como argumento mayor para retener las obras sacras aragonesas.

12 de marzo de 2009.- El abogado ribagorzano Jorge Español presenta una denuncia penal contra la catalogación realizada por la Generalitat en 1998 de las obras del Museu Diocesá, argumentando que se trata de un subterfugio para no devolver los bienes aragoneses.

13 de marzo de 2009.- La Asociación para la Defensa del Patrimonio Aragonés, (APUDEPA), denuncia ante la Fiscalía del Tribunal Supremo a cuatro antiguos consellers de Cultura de la Generalitat, por la posible comisión de delitos cuando adoptaron decisiones dirigidas a bloquear la entrega a Aragón de los bienes de las parroquias de la diócesis de Barbastro-Monzón.

5 de septiembre de 2010.- La jueza titular del Juzgado de Instrucción número 4 de Lleida, Beatriz Terrer, desestima la demanda civil presentada por la asociación Amics del Museu de Lleida contra los Obispados de Lleida y de Barbastro-Monzón para determinar la propiedad de 85 de las 111 obras de arte sacro que, desde hace 15 años, están en litigio y que la asociación considera como propiedad exclusiva ilerdense.

27 de octubre de 2010.- El obispo de Lleida, Joan Piris, reclama el auxilio judicial para entregar las obras a Aragón, petición que es desestimada por la Jueza del Juzgado número 4 de Lleida por entender que el Obispado es depositario de las mismas pero carece de entidad para decidir la ubicación final de las mismas.

21 de julio de 2012.- El Juzgado de la Contencioso-Administrativo de Lleida desestima el recurso del Gobierno de Aragón en relación a las piezas de arte reclamadas, señalando que los objetos en litigio pertenecen al patrimonio catalán.

27 de diciembre de 2014.- Ángel-Javier Pérez Pueyo toma posesión como obispo de Barbastro-Monzón.

26 de mayo de 2015.- El Tribunal Supremo confirma la legitimidad del Gobierno aragonés de catalogar como patrimonio propio varios de los bienes eclesiásticos depositados en el Museo Diocesano y Comarcal de Lleida, cuya devolución se reclama desde Aragón, considerando que se trata de piezas del patrimonio aragonés y advirtiendo que la no restitución de las mismas se considera un delito de apropiación indebida.

Septiembre de 2015.- Javier Lambán, presidente del Gobierno de Aragón, hace pública una carta recibida de Artur Mas, presidente de la Generalitat de Catalunya, en la que el mandatario catalán rechaza la posibilidad de devolución de los bienes de parroquias oscenses retenidos en instituciones museísticas de Catalunya.

20 de septiembre de 2015.- Salvador Giménez Valls toma posesión como nuevo obispo de Lleida.

31 de octubre de 2017.- Se celebra un acto de conciliación entre los Obispados aragonés y catalán que deviene en fallido al negarse el de Lleida a atender las reclamaciones expuestas por el de Barbastro-Monzón.

13 de febrero de 2018.- El Obispado de Barbastro-Monzón presenta, por vía telemática, en su nombre y en el de las cuarenta y cuatro parroquias dueñas de las obras sacras, demanda reivindicatoria contra su homólogo ilerdense y contra el Consorcio del Museo Diocesano y Comarcal de Lleida para reclamar la devolución de los 111 bienes que se encuentran en depósito en el citado espacio museístico.

Noviembre de 2018.- El titular del Juzgado de Primera Instancia e Instrucción nº 1 de Barbastro (Huesca) establece los días 16 y 17 de mayo de 2019 para la celebración del juicio civil que enfrentará a las diócesis de Barbastro-Monzón y Lleida, junto con el Museu, en el largo contencioso por las 111 obras de arte sacro reclamadas por la diócesis aragonesa cuya propiedad ha sido refrendada por diversas sentencias de tribunales eclesiásticos y civiles.

Mayo de 2019.- Los Servicios Jurídicos de la Generalitat de Catalunya solicitan la suspensión del juicio y aplazar el procedimiento para personarse como entidad demandada.

Mayo de 2019.- El Juzgado de Barbastro desestima la suspensión del juicio presentada por los abogados de la Generalitat, permitiéndoles la participación en el proceso como parte coadyuvante.

16 y 17 de mayo de 2019.- Se celebra en Barbastro el juicio por los bienes de arte sacro de propiedad aragonesa que se hallan en el Museu de Lleida.

VISTO PARA SENTENCIA


NOTA

[*] Se distribuyen entre pintura (29), orfebrería (15), metalistería (21), muebles (4), libros (3), carpintería (1), escultura (11) y textil (27).

 

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“La patria en los zapatos”: Archivo personal

 

Cimbrea el viento los viejos cipreses y acicala la lluvia las primorosas copas de almendros, litoneros, robles y pinos, encharcando santolinas y bojes y formando un barrillo que se adhiere a las deportivas de las jaraneras pandillas que, embozadas en lenes y coloristas chubasqueros ya calados, recogen, sin prisas pese al aguacero, los restos de los festines en la ladera norte del cerro de San Jorge, la familiar colina en la que, desde hace siglos, se festeja la capitulación de la invicta ciudad sarracena de Wasqa a cuyos ejércitos, unidos a los castellanos, vencieran las tropas aragonesas de Pedro I en 1096, en la batalla que la historia llamaría de los llanos del Alcoraz y donde el mágico caballero Jorge, cabalgando por la atmósfera, decantó la victoria, dicen, hacia el expansivo ejército aragonés, obligando a la ciudad de las cien torres a abrir los preciados portalones de sus inexpugnables murallas a aquellas huestes de cristianos montañeses que durante tantos años venían codiciándola. Y así fue como el antiguo poblado de Bolskan, que los romanos celebraron como Osca para pasar a ser bastión de Al-Ándalus del Norte durante cuatro siglos con el nombre de Wasqa, convirtióse en la Huesca aragonesa sin perder jamás la memoria de los pobladores que la habitaron a lo largo de la historia.


Hoy, 23 de abril —Día de Aragón— como en el canto de La Tronada, llueve.


NOTA

Dondiniar es un vocablo aragonés que significa vagar, merodear, ir de un sitio a otro.

 

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“La vida por delante”: Archivo personal

 

Ahí están. Son ellas. Las Irreductibles. Con el tiempo transcurrido recorriéndoles el rostro maduro y el cabello con vetas de ceniza levemente acunado por el cierzo. Fueron nuestro referente cuando, quinceañeras y quinceañeros con la timidez a horcajadas en nuestras mochilas del instituto, empezamos a amasar con pisadas los adoquines de la calle. Ellas, las Irreductibles, sonreían a aquel colorista e incansable grupo de adolescentes que desfilaban creciendo y madurando con cada paso. Y aún nos sonríen y asienten como nosotros y nosotras, ya alejados y alejadas de la pubertad, asentimos y sonreímos a la savia nueva que fertiliza el presente para hacer realidad los sueños del futuro.

 

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“La fosa abierta”: Archivo personal


El día 1 de octubre, Toño Moliner, del Círculo Republicano Manolín Abad de Huesca, enviaba un mensaje a los nietos del hombre asesinado ochenta y un años atrás: “El cráneo es el de él al 99’9%”. Y ellos, los nietos de Constantino Campo Arcas, que durante tres días habían asistido y colaborado en la delicada y emotiva tarea de apartar la tierra que ocultaba aquellos cuatro cuerpos que ocupaban la infame fosa, tuvieron, por fin, un momento para llorar —de alegría moteada de tristeza, por la recuperación de los restos de un abuelo al que hurtaron la posibilidad de vivir una vejez colmada de abrazos; de congoja, por el recuerdo de la abuela Emilia, viuda con 36 años y madre de seis hijos (la mayor tenía doce años), a quienes el asesinato truncó dichas y sueños; de rabia, por no tener la oportunidad de enfrentar sus ojos con los de los asesinos y arrojarles, en prolongado reflejo, su desprecio—.


Quedó vacía la oquedad, con un compungido ramillete de flores velando el recuerdo de los infortunados moradores —Isabel, Mariano, Andrés y Constantino— aunados en ese indeseado destino térreo que el empecinamiento de los descendientes de uno de ellos y el arrojo administrativo y excelente disposición de los republicanos del siglo XXI lograron quebrar para sustraer las humanas osamentas de la Sima del Olvido a la que quisieron arrojarlas los homicidas.



IN MEMORIAM

Constantino Campo Arcas, 39 años. Zapatero y funcionario del Ayuntamiento.
Mariano Mascuñana Perales, 52 años. Carpintero.
Isabel Navarro Llena, 44 años; esposa del anterior.
Andrés-Ramón Olivar Pardo, 44 años. Tipógrafo.


ADENDA

El 27 de julio de 2019 los restos de Constantino fueron inhumados, tras una sencilla ceremonia civil, junto a los de su esposa Emilia, poniendo fin a ochenta y dos años, cinco meses y veintisiete días de forzosa separación.

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