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Archive for the ‘Nada humano me es ajeno’ Category

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“El Peine del Viento”: Archivo personal


Mi madre, con doce años, entró de mandadera en una de las villas del Antiguo. Estuvo hasta los dieciséis, que se quedó preñada y le dieron puerta. […] Mi hermano nació en Munguía, en casa de mis abuelos paternos, y cuando iba a nacer yo, papá y ella marcharon a Francia. Casi con lo puesto. Así que sí, esta tierra me tira un poco. Será que soy vieja y el pasado es mucho más denso e interesante que lo que me queda”, explica Corito.

Recorren, descalzas y al ritmo que imponen los pasitos cortos y cansados de Corito Larrauri, la orilla despejada de la playa de Ondarreta, bajo el monte Igueldo, hasta el peñón de Loretopea, donde hace un siglo se levantaba la ermita de la Virgen de Loreto y que por extrañas analogías fonológicas alguien tradujo erróneamente como Pico del Loro, denominación que hizo fortuna y sigue siendo la utilizada en castellano para nombrar el saliente rocoso que separa Ondarreta de la playa de la Concha, en el promontorio donde se asienta el Palacio de Miramar.

Las cuatro mujeres se detienen y reculan hacia el otro lado, encaradas al Peine del Viento, circunvalando a quienes, sentados o tumbados en el arenal, observan la lejanía bajo un cielo con retales de nubes blanquecinas entre las que se entrevé el brillo desteñido del Sol.

En la zona más alejada del agua asoman, cual olvidados muñones, los cascotes de las viejas arquitecturas derribadas muchas décadas atrás y que un día se irguieron a orillas del Cantábrico, como la del antiguo penal que, corroído por la humedad y el salitre, fue dinamitado en 1949 y cuyas esquirlas diseminadas resisten, contumaces, el cribado anual que realizan los servicios de mantenimiento. Allí, en el Antiguo, donde nació la primitiva ciudad que tomó el nombre de San Sebastián en el siglo XII.

Philippe, el sobrino de Corito, aguarda, con Étienne, en el aparcamiento próximo a la playa. Junto al vehículo, el grupo se despide de ella con la congoja adherida a la piel, conscientes de que tal vez sea el último encuentro. Lo perciben en sus ojos sombríos, en la fragilidad de ese diminuto cuerpo del que la metástasis se ha apoderado. Lo supieron cuando telefoneó desde Vers-Pont-du-Gard para contarles que iba a viajar a San Sebastián y pedirles que se reunieran con ella. “Por si ya no tenemos ocasión de vernos“, dijo.

Se abrazan las tres, aferradas unas a otras. Corito, Agnès Hummel y la señorita Valvanera. Coetáneas y amigas. “Bueno, tía, tendremos que ir marchando”, musita Philippe. La veterinaria y Étienne rodean con sus brazos a la menuda mujer. “Cualquier fin de semana iremos a verte, Corito”, le dice la veterinaria en tono que quiere ser desenfadado. Y ella asiente y hasta sonríe.

Cuando el coche de tía y sobrino se incorpora al tráfico y se pierde, se quedan Étienne y las mujeres mirando, taciturnos, las olas que rompen en la escollera, a los pies de las esculturas de Chillida.


13 de septiembre de 2021

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“La pajarica ferrosa”: Archivo personal


«[…]Hacia 1920 ganó Acín en Madrid por oposición la plaza de profesor de Dibujo de la Normal de Huesca.

[…]Como en la adjudicación de plazas del profesorado pueden elegir los que tienen los primeros números y Acín estaba clasificado después de tales primeros números, generalmente paniaguados y pelotilleros, temía que los clasificados en lugar preferente eligieran la plaza de Huesca y le dejaran sin ella. Su interés era quedarse de profesor en Huesca, donde tenía mucha vida de relación y amistades arraigadas, además de estar allí su madre y contar con la poca trepidación de la ciudad para trabajar con algún sosiego.

En los pasillos de la mansión destinada a cobijar a los opositores había una pequeña revolución.[…]

Yo puedo elegir tal y tal plaza  dijo uno de los primeros lugares de la clasificación. Entre otras plazas puedo elegir Huesca. ¿Qué tal será Huesca?

—Una calamidad  contestó Acín. Allí hay cuatro meses al año de nieve, y la ciudad vive en invierno metida en su capote blanco. Además, bajan los lobos del Pirineo y entran por las calles, comiéndose a las criaturas. Hay que organizar batidas muy serias… Un abuelo mío…

Lo que deseaba Ramón era que nadie quisiera ir a Huesca para que al llegarle el turno a él la plaza le cayera en las manos.

Así fue. Hizo colaborar a los lobos y a la nieve en su designio, consiguiendo el triunfo, quedándose finalmente en la ciudad sertoriana gracias a la ingeniosa manera de movilizar la fauna del Pirineo y las ráfagas de nieve.».-  Felipe Aláiz: Vida y muerte de Ramón Acín, editado en París en 1937.


Noventa y dos años de niñeces oscenses contempladas por ellas… Ellas, las Pajaritas  las Pajaricas de Ramón—  forja blanqueada, ternura erguida en la ciudad que amó  devoto cofrade de la militancia anarquista, de la libertad…—.  Huesca, casa y tumba del maestro.

Aladas Pajaricas que trinaron, en herrumbroso susurro, el nombre del artista asesinado.

Ramón, Ramón—, le decían al cierzo que despeinaba las peripuestas ramas de las coníferas.

Ramón, Ramón—, cuchicheaban a gorriones, jilgueros y lechuzas.

Remontan, ellas, Pajaricas de tantas infancias  en alado sueño—  un vuelo imposible hasta el homenajeado portal de Casa Ena, palacio de risas y penúltima estancia del horror avecinado; reculan, empujadas por el viento, hacia las afueras, hasta el camposanto donde memorizaron las revocadas tapias cada bala asesina y asiéntanse sobre el bajorrelieve ideado y esculpido por el propio Acín para el osario del cementerio oscense y que hoy señala su propia tumba.

Bajan la cabeza, quejumbrosas, las Pajaricas. Lagrimean sus compactos cuerpos dejando un rastro de orín y cardenillo en el pétreo cobertor del último lecho del maestro.


El 6 de agosto de 1936 fue vejado y asesinado el maestro Ramón Acín Aquilué. En la ciudad que tanto quería. El 23 de agosto pereció asesinada su esposa y amiga, Concha Monrás Casas, en una brutal saca que cercenó las vidas, en circunstancias horrendas, de cerca de un centenar de oscenses.





ANEXOS

  1. Huesca fue Granada: La muerte de Ramón Acín, de Víctor Juan.
  2. Hasta más allá de la muerte: El proceso de responsabilidades políticas contra Ramón Acín y Conchita Monrás en la Huesca de la Guerra Civil, de Nicolás Sesma Landrín.

NOTA

Edición actualizada de un artículo publicado en esta bitácora el día 23 de agosto de 2013.

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“#girasolesparaizarbe”: Matthias Cooper


A Izarbe, que sembró de girasoles, hoy dolientes, su esperanza y la nuestra.


¡Qué sencilla es la muerte: qué sencilla, pero qué injustamente arrebatada!…, clamaba el poeta…

Y así, impotentes, manoteamos en las horas que intuíamos las últimas, comprimiéndolas en la rabia, buscando paralizarlas para que tu aliento y tu pulso aletearan y esa vida por la que batallaste, escudada en la sonrisa, no fuera vencida. Ahora, ya inmortal, lloran los girasoles en el hueco de tu ausencia y tremolan sus hojas absorbiendo del oxígeno tu aroma para mezclarlo con la savia y erguirse, en tu honor, ante un Sol que aún busca tu rostro para esculpir con su luz tu viveza.



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Izarbe Gil Márquez (2000-2021) falleció, dejando inacabada su experiencia, en Zaragoza, el día 13 de mayo, tras guerrear, durante cuatro años, contra el Sarcoma de Ewing.
Su último año de vida fue una lucha sobrecogedora y admirable para hacer visible la enfermedad e impulsar su investigación y tratamiento efectivo.
No logró vencer el mal que la consumía pero su empeño, a través del movimiento virtual #girasolesparaizarbe, ha hecho posible que, tras su muerte, la Asociación de Pacientes con Sarcomas y Tumores Raros haya creado la Beca APSATUR-GIRASOLES PARA IZARBE, para la investigación del Sarcoma de Ewing,  dotada con 25.000 euros.

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“Descompensación”: Archivo personal


«La Franja de Gaza, además de un territorio acribillado, es una metáfora, un punto fuera del discurso que reúne multitud de símbolos, y habla sin usar argumentos. La metáfora explica el fracaso de Occidente. El fracaso de su modelo basado en la democracia liberal, pero que sólo funciona si es capaz de imponerlo a todos, incluso a quienes no lo quieren. El fracaso de su sistema de valores que a la hora de la verdad, para imponerlos, tiene que actuar usando medios que los niegan. El fracaso de su sistema militar perfecto y poderoso, pero que deja de funcionar cuando no se le teme y se asume la muerte. El fracaso de una razón que al final sólo prevalece a través de la fuerza. Es nuestro fracaso, nadie se engañe: Israel somos todos, es la vanguardia de Occidente, su puesto avanzado en el desierto. Lo único que nos libra del fracaso absoluto es la conciencia del fracaso, la mala conciencia».- De un artículo, rescatado, de Pedro de Silva escrito en 2008 pero, tan actual, que su explícita conclusión debería sonrojar —huero deseo para quienes carecen no solo de vergüenza sino de escrúpulos—  a cuantos gobiernos y organismos internacionales han propiciado, con su tibieza, dejadez y un maremágnum de resoluciones dictadas para ser incumplidas, que la barbarie de ida y vuelta se haya convertido en el tormento cotidiano de la población civil de uno y otro lado.

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“De la tenacidad”: Archivo personal


«Perderé, como tú, si se da el caso,
la cabeza pero nunca las alas».

Lucía Sánchez Saornil, en referencia a la Victoria de Samotracia.


La vida por delante…

Detrás, empujando, las cicatrices ajenas que aún supuran el tiempo machacado; los lamentos, el silencio; el feroz cuchillo que recortó las alas; las invisibles cuerdas que amarraron los sueños a la estaca; las reprobaciones, las normas, la sumisión, las conveniencias.

La vida por delante…

De cada mujer, una arenga, un argumento para sumar al propio; un paso firme para encauzar los otros; una mano enlazada a la siguiente.

Todas unas, muchas y distintas. Porque acelera la vida por delante.


«Somos sonámbulas atormentadas por pesadillas,
encerramos nuestra imagen en cuartos selllados, renunciando,
solo cuando quebremos el espejo y recuperemos nuestra imagen,
solo cuando seamos el viento que fluye y canta,
solo en nuestros sueños los huesos pueden ser lanzas,
porque somos reales
y estamos despiertas».

Peggy Kornegger: Anarquismo, la conexión feminista

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“La huella”: Archivo personal


En plenitud de mis facultades, actuando libremente y tras una adecuada reflexión, en base a la normativa vigente declaro que si en el futuro mi salud se deteriora de forma irreversible, hasta el punto de impedirme tomar decisiones sobre los cuidados y el tratamiento que deseo recibir, considero que el mayor beneficio para mí es finalizar mi vida cuanto antes. Por ello, exijo que se respeten mis valores y mi dignidad, de acuerdo con las siguientes instrucciones previas, voluntades anticipadas o testamento vital:

  1. Rechazo todo tratamiento, intervención o procedimiento que contribuya a mantener mi vida: técnicas de soporte vital, fluidos intravenosos, fármacos (incluidos los antibióticos), hidratación o alimentación artificial (por sonda nasogástrica o gastrostomía), marcapasos o desfibrilador. En caso de enfermedad añadida (proceso intercurrente) o daño cerebral con posibilidad de recuperar mi capacidad para expresarme, pero con una vida dependiente, solicito una adecuación del esfuerzo terapéutico que me permita morir con dignidad.
  2. Solicito que se me administren los fármacos adecuados, en las dosis necesarias, para inducirme una sedación paliativa profunda y mantenida hasta mi fallecimiento, un estado en el que, a juicio de mi representante, no exista ningún sufrimiento físico o psíquico, incluso cuando este tratamiento pueda acortar mi vida.
  3. Si por mi deterioro cognitivo necesitara la ayuda de otra persona para beber y/o comer, es mi voluntad renunciar a esa ayuda, por lo que no deseo ser alimentado/a, ni hidratado/a por otras personas, sea con cuchara o por cualquier otro medio, recibiendo los cuidados de confort que alivien los síntomas que pudieran aparecer durante mi proceso de deterioro por inanición y deshidratación (sequedad de boca, intranquilidad, agitación, dolor…), permitiéndome morir en paz.
  4. Si la legislación regula el derecho a morir con dignidad mediante la eutanasia, es mi voluntad no prolongar mi situación de incapacidad y morir de forma rápida e indolora, de conformidad con la regulación establecida al efecto.
  5. Si algún/a profesional responsable de mi asistencia se declarase objetor/a de conciencia con respecto a alguna de estas instrucciones, solicito que sea sustituido/a por otro/a profesional, garantizando así mi derecho a que se respete mi voluntad.

(Extracto del Documento de Voluntades Previas firmado por el titular de esta bitácora en 2009.- Asociación Derecho a Morir Dignamente)


Como dejó escrito el entrañable y recordado profesor Antonio Aramayona, en su adiós postrero: “He procurado a lo largo de mi vida que coincidieran lo que pienso, lo que quiero, lo que hago y lo que debo. Por eso he intentado también que mi vida haya sido digna, libre, valiosa y hermosa. Y así he querido también mi último hálito de vida: digno, libre, hermoso y valioso. Así he querido vivir y así he querido morir.


17 de diciembre de 2020.- Proposición de Ley sobre la Eutanasia en el Congreso:
198 votos a favor.
138 votos en contra.
2 abstenciones.

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“Proyección”: Archivo personal


El Pueblo Saharaui llevaba tiempo avisando a la Comunidad internacional de las posibles consecuencias del fracaso de la gestión de las Naciones Unidas con respecto a la descolonización del Sahara Occidental.

Tanto el Frente Polisario como el Reino de Marruecos firmaron el alto el fuego en el año 1991 con el compromiso de celebrar un referéndum de autodeterminación. El Pueblo Saharaui lleva esperando casi 30 años la celebración de ese referéndum que nunca llega

Marruecos se ha apropiado de casi todo el territorio, y ya todo el mundo da por hecho que el conflicto se ha generado en una frontera marroquí con Mauritania, cuando lo cierto es que nadie reconoce esa frontera fantasma que se encuentra a más de 1.000 km de Marruecos, según las fronteras reconocidas por la Comunidad Internacional.

El pasado 13 de noviembre Marruecos violó el alto el fuego enviando fuerzas militares a través de tres brechas al este del paso ilegal de Guerguerat, para desalojar a los civiles saharauis que bloqueaban el paso de camiones en territorio saharaui para denunciar el saqueo de los recursos naturales del Sáhara Occidental.

La respuesta del Frente Polisario no se hizo esperar. El sábado 14, el Presidente de la República Árabe Saharaui Democrática, Brahim Gali, emitía un decreto anunciando el fin del compromiso con el alto el fuego firmado entre el Frente Polisario y Marruecos, viéndose abocado, en un acto de legítima defensa, a reanudar las hostilidades contra las tropas del ejército de la potencia ocupante.

El Pueblo Saharaui es un pueblo pacífico. Le avalan 29 años confiando en la ONU, 45 años esperando un referéndum, 45 años aguantando masacres y agresiones sistemáticas por parte de Marruecos y 29 años de promesas incumplidas.

Mientras esto pasa y las noticias se tergiversan, en los territorios del Sahara Occidental ocupados por Marruecos se están allanando casas de activistas saharauis por fuerzas parapoliciales o policías de paisano, como se demuestra en los vídeos que se cuelgan en las redes sociales, y la Comunidad Internacional sigue sin prestar atención.

¿Cuántas vidas se deben perder para ser escuchados? ¿El mensaje que se traslada es que la fuerza es la única vía de negociación?

Esperamos que este conflicto bélico cese cuanto antes y culmine con el referéndum de autodeterminación, comprometido desde hace 30 años, que permita la independencia del Pueblo Saharaui. Como siempre hemos hecho, seguiremos al lado de este pueblo hermano y de su único y legítimo representante, el Frente Polisario, hasta que consigan lo que les corresponde, que no es otra cosa que recuperar la soberanía de su territorio usurpada por Marruecos con la complicidad de la Comunidad Internacional y de España, como potencia administradora del territorio, tal y como lo indican la legalidad internacional y la Audiencia Nacional de nuestro país.


Firman el comunicado:

Alouda. Asociación de Amigos del Pueblo Saharaui del Altoaragón.
Arapaz – MPDL Aragón.
Colectivo Iquique.
Colectivo Universitario LEFRIG.
Comunidad Saharaui en Aragón.
Estudios en Paz.
Ingeniería Sin Fronteras Aragón.
Lestifta Sahara. Teruel.
Observatorio Aragonés para el Sahara Occidental.
Um Draiga. Asociación de Amigos del Pueblo Saharaui en Aragón.


NOTA

Sahara Ma Timba (El Sahara no se vende) es el título de una canción saharahui cuya letra fue compuesta, en 1975, por la poeta Fatma Brahim y popularizada, como un himno de la resistencia del Pueblo Saharahui, por su hija, la cantante Um Murghiya.

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“In memoriam”: Archivo personal


…y allí, en la Sierra de Urbasa —donde los familiares quebrantahuesos derrotan al aire— recrea el cerebro, a menos de tres palmos del corazón acongojado, la angustiosa subida de los prisioneros, el aterrador sonido de las armas y el espantoso alarido de los moribundos arrojados al corazón de la sima…

…allí, al sur, en el mirador que dicen balcón de Pilatos, donde un oleaje de fresnos, hayas, olmos, mecen sus copas y graznan los cuervos mientras remontan los alimoches los más de novecientos metros de cortada en anfiteatro…

…y ella, con los pies tanteando el reborde pétreo del abismo y los ojos encharcados y salinos, fingiendo otear el mágico nacedero del río Urederra

…ella, cerrando, al fin, los ojos para abrirlos de nuevo y sentir sus lágrimas deslizarse, alígeras, hasta el mentón para impulsarse y fenecer entre las manos apretadas contra las rodillas.


En la Nada Infinita recita Pablo Neruda su Canto XII.

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“En el ángulo del horror”: Archivo personal


Suena una radio… pero tardo en darme cuenta. Solo después percibo que alguien está cantando. Sí, es una radio. Música ligera: cielo, estrellas, corazón, amor… Amor… Tengo una rodilla, solo una, clavada en la espalda… Como si quien está detrás tuviera la otra apoyada en el suelo… Con sus manos sujeta las mías muy fuerte, retorciéndomelas. Especialmente la izquierda. No sé porqué, se me ocurre pensar que quizás es zurdo. Yo… yo no estoy entendiendo nada de lo que me está sucediendo. Siento el espanto de quien está a punto de perder la cabeza, la voz… La palabra.

¡Dios! ¡Qué confusión! ¿Cómo he subido a esta furgoneta? ¿He llegado yo sola moviendo los pies uno detrás de otro a golpe de sus empujones o me han metido ellos, llevándome cogida? No lo sé, no lo sé.

Es el corazón, que me golpea furioso contra las costillas, lo que me impide razonar… Es el dolor en la mano izquierda, que se está haciendo verdaderamente insoportable. ¿Pero por qué me la tuercen tanto?

No intento ningún movimiento. Yo estoy… Estoy como congelada.

Ahora, el que me sujeta por detrás, ya no tiene su rodilla contra mi espalda… Se ha sentado, cómodo… Me sujeta entre sus piernas separadas, como vi, hace años, que sujetaban a los niños cuando les quitaban las anginas. Es la única imagen que me viene a la cabeza.

Pero ¿por qué la radio? ¿Por qué bajan el volumen? Quizás es porque no grito. No hay mucha luz y tampoco mucho espacio… Por eso me tienen medio tumbada. Además del que me sujeta por detrás, hay otros tres.

Los siento tranquilos. Muy seguros. ¿Qué hacen? Encienden un cigarrillo. ¿Fuman? ¿Ahora? ¿Por qué me sujetan así y fuman? Tengo miedo. Va a suceder algo, lo siento… Respiro hondo… Dos, tres veces. No consigo despejarme… Solo tengo miedo…

Uno se mueve, se queda aquí, de pie, delante de mí. El otro se agacha a mi izquierda, el otro a mi derecha. Están pegados a mí. Tengo miedo, va a suceder algo… Lo presiento. Dan una calada profunda en los cigarrillos. Veo la brasa de los cigarrillos cerca de mi cara.

El que me sujeta por detrás, no aumenta la presión, solo ha tensado los músculos… Los siento alrededor de mi cuerpo, como dispuestos a paralizarme.

El primero que se ha movido se arrodilla entre mis piernas, separándomelas.

Es un movimiento preciso, que parece acordado con el que me sujeta por detrás; de hecho, pone sus pies encima de los míos para bloquearme.

Yo tengo subidos los pantalones. ¿Por qué me abren las piernas con los pantalones subidos? Me siento mal, mal, ¡peor que si estuviera desnuda!

De esta sensación me distrae algo que no consigo entender inmediatamente; un calor tenue que va aumentando, hasta volverse insoportable, en el seno izquierdo.

Una punta de quemadura. Los cigarrillos… ¡por eso se pusieron a fumar! Yo no sé qué puede hacer una persona en esta situación. Yo no consigo hacer nada.

Me siento como proyectada fuera, asomada a una ventana, obligada a mirar algo horrible.

Un cigarrillo detrás de otro, por encima del suéter, hasta la piel. Insoportable.

El olor de la lana quemada debe molestar; con una navaja me cortan el suéter de arriba abajo, me cortan el sujetador… También me cortan la piel superficialmente. En el examen médico midieron veintiún centímetros.

El que está arrodillado entre mis piernas, ahora me coge los senos a manos llenas. Las siento gélidas sobre las quemaduras… El que me sujeta por detrás se está excitando, noto como se frota contra mi espalda. Ahora… todos se afanan para desnudarme: solo una pierna, solo un zapato.

Ahora uno entra dentro de mí. Me vienen ganas de vomitar.

Tranquila, debo estar tranquila. Me agarro a los sonidos de la ciudad, a las palabras de las canciones. Debo estar tranquila. “Muévete ¡puta! hazme gozar”. Ya no conozco ninguna palabra… No comprendo ninguna lengua. Soy de piedra. “Muévete ¡puta! hazme gozar”. Es el turno del segundo… Un cigarrillo detrás de otro. “Muévete ¡puta! hazme gozar”. La navaja, que han usado para el suéter, me pasa por la cara una, muchas veces. No siento si me corta o si no me corta. “Muévete ¡puta! hazme gozar”. Es el turno del tercero. La sangre de las mejillas me cuela hacia las orejas. “Muévete ¡puta! hazme gozar”. Es horrible sentir cómo dentro de tu tripa gozan las bestias. “Me estoy muriendo (consigo decir), estoy enferma del corazón”.

Se lo creen. No se lo creen. “Dejémosla bajar. No… Sí…”. Vuela un guantazo entre ellos. Después me apagan un cigarrillo aquí, en el cuello. Ahí creo que es el momento en que pierdo el conocimiento. Siento que me están vistiendo.

Me viste el que me sujetaba por detrás, como si yo fuera una niña pequeña. No sabe qué hacer con los lados de mi suéter cortado. Me los mete en los pantalones y se lamenta porque es el único que no ha hecho el amor conmigo… Perdón, es el único que no se ha abierto los pantalones. Me meten la chaqueta, me rompen las gafas. La furgoneta se detiene un momento para dejarme bajar… y se va.

Me cruzo la chaqueta sobre los senos desnudos. ¿Dónde estoy? En el parque. Me siento mal… me siento mal, como si me fuera a desmayar… y no solo por el dolor en todo el cuerpo, sino por la rabia… por la humillación… por el asco… por los escupitajos que han arrojado a mi cerebro… por el esperma que siento cómo me sale.

Me apoyo en un árbol… Me duelen hasta los cabellos… Me tiraban de ellos para inmovilizarme la cabeza. Me paso la mano por la cara… La tengo llena de sangre. Levanto el cuello de la chaqueta y empiezo a andar. Camino… Camino. No sé durante cuánto tiempo.

No sé dónde ir. A casa no, a casa no.

Al rato, sin siquiera darme cuenta, me encuentro de repente delante del edificio de la Comisaría. Estoy apoyada en la pared de la casa de enfrente. No sé cuánto tiempo llevo mirando a la entrada, a las personas que entran y salen, a los policías con uniforme. Pienso en lo que tendría que afrontar si entrara ahora… Pienso en las preguntas. Pienso en la sorna… Pienso y lo repienso… Al final me decido…

Me voy a casa… Me voy a casa… Los denunciaré mañana.


—Texto del monólogo teatral Lo strupo/La violación, escrito, a partir de un suceso real, por la dramaturga, actriz y activista de izquierdas Franca Rame (1929-2013), en colaboración con su marido, Dario Fo (1926-2016), y traducido del italiano por Antonia Cilla.

Secuestrada el 9 de marzo de 1973, Franca Rame fue vejada, torturada y violada, durante horas, en una furgoneta. Veinticinco años después se supo que el secuestro de Rame, perpetrado por neofascistas, fue ordenado por altos mandos de los carabinieri de la división de Pastrengo, extremo que no se investigó porque ya se había juzgado años atrás a los autores y el delito había prescrito—.




ANEXO

  • Lo strupo, subtitulado en castellano, de Franca Rame.

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“Aflicción II”: Archivo personal


El 17 de agosto de 1963 se daba cumplimiento a la sentencia que condenaba a ser ajusticiados, mediante garrote vil, a Francisco Granados Gata y Joaquín Delgado Martínez, acusados de la colocación de dos artefactos, en diferentes ubicaciones del Ministerio de la Gobernación, que habían explotado el 29 de julio de 1963 con resultado de cuantiosos destrozos y una treintena de heridos de diversa consideración.

En la sentencia se alegaba que “había quedado probada” la pertenencia de los acusados a las Juventudes Libertarias y se relataban las idas y venidas de ambos hombres hasta el momento del atentado, “de cuya autoría no existía la menor duda, tanto por las pesquisas llevadas a cabo como por la actitud y la militancia de los reos” (sic). Que los dos libertarios apresados el 31 de julio, juzgados y condenados en procedimiento sumarísimo, fueran ajenos al delito por el que se les iba a ajusticiar, carecía de importancia para quienes habían hecho de la represión y la muerte bandera de su proceder.

Transcurridos diecisiete días desde la detención, el deceso por traumatismo bulbar —como así constaba en el certificado forense— ponía un aparente punto final a un suceso que tuvo escaso eco en la sociedad española de la época.

Treinta y tres años después de la ejecución de Francisco Granados y Joaquín Delgado, dos hombres entrados en años —ciudadanos franceses de origen español— se autoinculpaban públicamente de la colocación de los explosivos, presentando las mismas pruebas que, en su día, poseyó el Tribunal que juzgó y condenó a Granados y Delgado; pruebas que entonces ya exculpaban a los condenados del delito de atentado y que los jueces togados de la justicia franquista prefirieron obviar al objeto —es de suponer— de que la muerte de los dos anarquistas sirviera de escarmiento y macabra advertencia a cuantos pretendieran quebrar los vitoreados Años de Paz de los que alardeaba el régimen.

En la década de los años noventa, promulgada una ley que otorgaba una indemnización a las personas represaliadas por el franquismo o, en su defecto, a sus familias, Pilar Vaquerizo, viuda de Francisco Granados, presentó una solicitud para acogerse a dicha ley. La pensión le fue denegada.
La Ley 46/1997 de 15 de octubre especifica, con mucha asepsia, que tienen derecho a la indemnización correspondiente aquellas personas —o sus herederos— que hubieran sufrido privación de libertad en establecimientos penitenciarios durante tres o más años. De Granados y Delgado, su compañero de infortunio, sólo se podían acreditar diecisiete días de encarcelamiento. “No ha, por tanto, lugar a la percepción de ninguna cantidad” (sic).





POST SCRIPTUM

  • El 3 de febrero de 1998, las familias de Francisco Granados Gata y Joaquín Delgado Martínez presentaron en el Registro General del Tribunal Supremo, recurso de revisión contra la sentencia dictada el 13 de agosto de 1963. La Sala de lo Militar denegó la autorización para interponer dicho recurso en Auto de 3 de marzo de 1999. Solicitado el amparo del Tribunal Constitucional, éste declaró nulo el Auto anterior obligando al Tribunal Supremo, en sentencia de 13 de julio de 2004, a continuar con las diligencias para revisar las condenas a muerte

  • Pese a la anulación de facto dictada por el Constitucional, el 18 de diciembre de 2006, tres de los cinco magistrados de la Sala de lo Militar del Tribunal Supremo, denegaron, por segunda vez, autorización para interponer recurso extraordinario de revisión de las condenas a muerte, alegando que las confesiones realizadas años después por los autores reconocidos de los atentados, así como las declaraciones de los testigos presentadas por las familias para dar curso a la revisión, “carecían de credibilidad y resultaban incongruentes” (sic).




ANEXO


NOTA

La primera versión del artículo se publicó en esta bitácora el día 31 de octubre de 2011.

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