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Archive for 14 agosto 2021

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“Hommage”: Archivo personal


De los nueve años que pasó Elisa en el monasterio de las Clarisas de Bautzen le quedan la capacidad de abstracción, unas habilísimas manos de artista y el apelativo de Hermana Marilís con el que se dirigen a ella quienes la conocen. Añádanse su frugalidad y su pericia para implicar a todos cuantos se cruzan en su camino en las más variopintas causas y se tendrán los apuntes definitivos para conformar el retrato de esta ex-monja que arribó al agnosticismo desde el recogimiento y la deprecación.


En la Place d’Arménie de Toulouse, a pocos metros de la vivienda de la Hermana Marilís, la contemporánea Fontaine Évasion rinde homenaje al Garona y a la histórica aviación de la ciudad que conquistó las rutas celestes. Arturo [Arthur] Saura, autor del monumento, fue un niño del exilio, hijo de republicanos españoles, al que mimó y amó, como si de su propio vástago se tratara, la injustamente olvidada maestra Pilar Ponzán, hermana, amiga y extraordinaria colaboradora de uno de los grandes luchadores por la libertad, el maestro anarquista Paco Ponzán Vidal (1911-1944) —correligionario y discípulo de Ramón Acín (1888-1936) en la Escuela Normal de Huesca— a quien la villa de Toulouse dedicó un Paseo en reconocimiento a su labor en la Red de Evasión Ponzán, cuyos excelentes oficios salvaron la vida de cerca de 3000 personas.
Pilar Ponzán, autora de un imprescindible libro sobre esa época, documentó pacientemente todas las acciones que llevó a cabo el Grupo Ponzán para poner a salvo a perseguidos por la Gestapo —entre ellos, varios aviadores y espías ingleses y de otras nacionalidades que hacían causa común contra el nazismo— con la vana esperanza de que, una vez finalizada la contienda europea, los Aliados ayudaran a los republicanos españoles a derrocar a Franco. No hubo tal correspondencia aunque sí gratitud y nombramientos honoríficos hacia los hermanos Ponzán y los integrantes de su red anarquista por parte de los gobiernos de Francia, Inglaterra y EEUU.
Paco Ponzán que fue, finalmente, detenido por la Gestapo y sabía la suerte que le esperaba, escribió, en un trozo de papel, a modo de emotivo testamento: «Deseo que mis restos sean trasladados un día a tierra española y enterrados en Huesca, al lado de mi maestro, el profesor Ramón Acín, y de mi amigo Evaristo Viñuales [*]». Su deseo nunca se vio cumplido.


La Hermana Marilís, nacida en Oloron-Sainte-Marie y nieta de un anarquista español que colaboró con la Red Ponzán, diseña y borda elementos decorativos sobre cualquier tipo de tejido, actividad que compagina con su oficio de cocinera en una residencia para personas mayores. Su casa, que comparte con un sobrino, profesor universitario, es tan minimalista que se diría una prolongación de la sobria celda de la casa conventual de Bautzen, lugar al que apenas hace referencia cuando sale a colación su estancia en Alemania.


Cada 17 de agosto, la Hermana Marilís viaja hasta la vecina localidad de  Buzet-sur-Tarn para depositar un ramo de flores junto al monolito que recuerda a Francisco Ponzán Vidal y a los cincuenta y dos combatientes contra el nazismo que, como él, fueron ejecutados e incinerados por los nazis en un bosque de las inmediaciones. Es, también, un tributo a su abuelo que, mientras vivió, se mantuvo fiel a la cita con el compañero que pagó con su vida la defensa de sus convicciones.




ANEXO

Francisco Ponzán, el resistente olvidado, documental, con subtítulos en castellano, dirigido por Xavier Montanyà.



NOTA

[*] Evaristo Viñuales (1913-1939) fue maestro, alumno de Acín en la Escuela Normal oscense, cenetista integrante del Consejo de Aragón y comisario de la 28 División. Se suicidó junto a su compañero Máximo Franco (1913-1039) —comandante de la 17 Brigada Mixta— en el puerto de Alicante, en abril de 1939, conscientes ambos de que jamás lograrían embarcar en un improbable buque que los alejara de la represion de los vencedores.

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“Fascinación”: Archivo personal


Aguardan desde la noche, inmaculadas e impecablemente planchadas, las prendas albas  camisetas, pantalones, leggins—  formadas, cual escuadrón impoluto, en los respaldos de sillas y sillones; en el suelo laminado, dibujando una perfecta línea horizontal, deportivas y alpargatas con sus cintas verdes extendidas; en la mesita acristalada, las pañoletas triangulares reciben en su tejido esmeralda los primeros rayos del día.

La casa clarea; la gente despierta. La mampara de la ducha resiste los embates del agua y se apelotonan, en ordenado caos, los cuerpos que van y vienen de las habitaciones al baño y del baño al salón hasta despejar respaldos, suelo y mesita de las vestimentas de la fiesta.

Se vacía la casa. Queda, en el aire, el aroma a champú, a leche corporal, a colonia de moras… Y a albahaca.

[…]

El ambiente callejero viste de blanco y verde. En las atestadas terrazas comparten espacio gastronómico tazones de leche, cafés, carajillos, chupitos de pacharán, botas de vino, porrones de cerveza, jarras de sangría y calimocho, latas de refresco, cruasanes tostados untados con mantequilla y mermelada, huevos fritos, raciones de caracoles, longaniza, panceta y jamón y un variado etcétera de alimentos engullidos entre risas, charangas y voces, en placentero alboroto colectivo que, a las once y media de la mañana, asciende las espectaculares costanillas que desembocan en la plaza del Ayuntamiento.

[…]

Clama la plaza. Trompetas, trompetillas y bombos compiten con el griterío humano que ahuyenta a los gorriones que habitan en los árboles. Revolotea, agitada, Lorenza, la cigüeña añosa que tiene su nido en la catedral. Entonces, a las doce en punto, estalla el chupinazo y se eleva entre nubes de pólvora acompañado de un rugido humano que se expande y zarandea los sentidos.

Empieza la fiesta.

Anotaciones del 9 de agosto de 2019. Cuando nos creíamos a salvo de virus globales—.

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“La pajarica ferrosa”: Archivo personal


«[…]Hacia 1920 ganó Acín en Madrid por oposición la plaza de profesor de Dibujo de la Normal de Huesca.

[…]Como en la adjudicación de plazas del profesorado pueden elegir los que tienen los primeros números y Acín estaba clasificado después de tales primeros números, generalmente paniaguados y pelotilleros, temía que los clasificados en lugar preferente eligieran la plaza de Huesca y le dejaran sin ella. Su interés era quedarse de profesor en Huesca, donde tenía mucha vida de relación y amistades arraigadas, además de estar allí su madre y contar con la poca trepidación de la ciudad para trabajar con algún sosiego.

En los pasillos de la mansión destinada a cobijar a los opositores había una pequeña revolución.[…]

Yo puedo elegir tal y tal plaza  dijo uno de los primeros lugares de la clasificación. Entre otras plazas puedo elegir Huesca. ¿Qué tal será Huesca?

—Una calamidad  contestó Acín. Allí hay cuatro meses al año de nieve, y la ciudad vive en invierno metida en su capote blanco. Además, bajan los lobos del Pirineo y entran por las calles, comiéndose a las criaturas. Hay que organizar batidas muy serias… Un abuelo mío…

Lo que deseaba Ramón era que nadie quisiera ir a Huesca para que al llegarle el turno a él la plaza le cayera en las manos.

Así fue. Hizo colaborar a los lobos y a la nieve en su designio, consiguiendo el triunfo, quedándose finalmente en la ciudad sertoriana gracias a la ingeniosa manera de movilizar la fauna del Pirineo y las ráfagas de nieve.».-  Felipe Aláiz: Vida y muerte de Ramón Acín, editado en París en 1937.


Noventa y dos años de niñeces oscenses contempladas por ellas… Ellas, las Pajaritas  las Pajaricas de Ramón—  forja blanqueada, ternura erguida en la ciudad que amó  devoto cofrade de la militancia anarquista, de la libertad…—.  Huesca, casa y tumba del maestro.

Aladas Pajaricas que trinaron, en herrumbroso susurro, el nombre del artista asesinado.

Ramón, Ramón—, le decían al cierzo que despeinaba las peripuestas ramas de las coníferas.

Ramón, Ramón—, cuchicheaban a gorriones, jilgueros y lechuzas.

Remontan, ellas, Pajaricas de tantas infancias  en alado sueño—  un vuelo imposible hasta el homenajeado portal de Casa Ena, palacio de risas y penúltima estancia del horror avecinado; reculan, empujadas por el viento, hacia las afueras, hasta el camposanto donde memorizaron las revocadas tapias cada bala asesina y asiéntanse sobre el bajorrelieve ideado y esculpido por el propio Acín para el osario del cementerio oscense y que hoy señala su propia tumba.

Bajan la cabeza, quejumbrosas, las Pajaricas. Lagrimean sus compactos cuerpos dejando un rastro de orín y cardenillo en el pétreo cobertor del último lecho del maestro.


El 6 de agosto de 1936 fue vejado y asesinado el maestro Ramón Acín Aquilué. En la ciudad que tanto quería. El 23 de agosto pereció asesinada su esposa y amiga, Concha Monrás Casas, en una brutal saca que cercenó las vidas, en circunstancias horrendas, de cerca de un centenar de oscenses.





ANEXOS

  1. Huesca fue Granada: La muerte de Ramón Acín, de Víctor Juan.
  2. Hasta más allá de la muerte: El proceso de responsabilidades políticas contra Ramón Acín y Conchita Monrás en la Huesca de la Guerra Civil, de Nicolás Sesma Landrín.

NOTA

Edición actualizada de un artículo publicado en esta bitácora el día 23 de agosto de 2013.

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“Entre pastos”: Archivo personal


Pasado el roquedo, en la casi intransitable cabañera [*] en desuso, todavía resisten, en imposible equilibrio, las piedras que conformaron la base del chozo, ruinosa estructura que, tiempo atrás, ofrecía, diseminadas en las proximidades, una atrayente y variada colección de piedras de rayo que diversas tandas de excursionistas recogieron con afán hasta dejar el terreno calizo libre de tan sobrevalorados vestigios.

Dos kilómetros al este del chozo aún se aprecia, bajo los pies, el firme compacto de la vía pecuaria que continúa y asciende, en cómoda pendiente de gramilla, hasta el primer bancal del monte, donde un hilillo constante de agua del manantial que nace en la cima alimenta el tosco abrevadero.

Y en los pastos del bancal, reinando, la vacada.



NOTA

[*] En Arag., cañada.

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