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Archive for the ‘El gato en la atalaya’ Category

“Haunted House. Huesca 2008”: BTOY


Según recoge el Atlas de las Lenguas del Mundo de la UNESCO, la lengua aragonesa se halla en inminente peligro de desaparición; no obstante, los trece concejales de la Triderecha oscense, con la connivencia del PSOE, la han dado ya por muerta y olvidada en las gavias de la historia de la capital altoaragonesa, haciendo valer sus votos mayoritarios para desterrar al vertedero correspondiente los carteles que, desde hace un año, proclamaban, en las entradas a la ciudad, el orgullo por esa desahuciada lengua todavía sobreviviente en la urbe, con más de mil hablantes bilingües, más de dos millares que la comprenden aunque no la usen habitualmente y una gran mayoría que se expresa en castellano entremezclando palabras del vocabulario de la fabla —Huesca está reconocida como localidad con influencia del aragonés somontanés—.

Afirman, con vergonzante ligereza, los ediles de la Triderecha de Huesca, que el castellano —español, dicen ellos— es la única lengua vehicular de la muy española población oscense, como si el uso de una lengua distinta a la castellana —en este caso la fabla aragonesa— fuera marchamo de sedición y estandarte triunfal del separatismo.

Miente la Triderecha y mienten y desbarran los amplificadores mediáticos que retransmiten sus falsedades y se mofan de “esa jerigonza del español mal hablado que utilizan los incultos y la aviesa izquierda nacionalista”. Les molesta y abochorna que, pese a los esfuerzos que han hecho por erradicarla, la lengua de nuestros mayores sea reivindicada por quienes nos resistimos a dejarla fenecer, por quienes la conservamos y utilizamos con pundonor y la transmitimos a nuestros descendientes en magno intento de contribuir a su perduración. Porque el aragonés —la lengua que algunas personas oscenses aprendimos aun antes de conocer el castellano— forma parte de nuestro Patrimonio Cultural.




NOTAS

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Puericia

“Puericia”: Archivo personal

 

En la vieja cochera del Ayuntamiento —una nave de paredes de hormigón y tejado en forma de uralita que en el pueblo llaman la Estalabartería[1]— se acumulan, sellados por el polvo del tiempo, un sinfín de objetos y cachivaches de propiedad municipal; algunos ven la luz una vez al año, en cualquiera de los festejos que se celebran; otros, condenados al olvido, permanecen, avejentados e inútiles, a la espera de que alguna obra de teatro o el mercadillo de antigüedades los rescate de entre la mugre que los circunda; los de madera, infestados de xilófagos, terminan astillados alimentando, junto con hatillos de ramas secas, las hogueras vivificadoras y purificantes que se levantan en el Barrio, entre Año Nuevo y Carnaval, como tributo ancestral a los viejos ritos paganos.

Años atrás, la Estalabartería fue acomodo secreto de la chiquillería del Barrio, un grupillo de criaturas movidas, de entre seis y diez años, que pretendían emular a la chavalería que las precedía en edad y que poseían sus propios refugios en casetas de huerto, buhardillas y cualquier habitáculo con cuatro paredes y techo, que acondicionaban a su albedrío y donde se reunían para Sus Cosas. En aquellas Sus Cosas, las niñas y niños de menor edad no tenían cabida. “Que os piréis”, era el recibimiento que daban a la pandilla infantil capitaneada por María Petra y la veterinaria que se ocupa de la salud de los gatos del Barrio —entonces niñas que no superaban los ocho o nueve años— cuando pretendían que les dejaran formar parte de aquellos corrillos.

Nadie recuerda de quién fue la idea de tomar posesión de la Estalabartería aquel verano, forzando, sin llegar a romperla, la diminuta ventana que se abría a bastante más de metro y medio del suelo —las otras se hallaban a una altura considerable— y a la que accedieron empujando trabajosamente contra el hormigón un destartalado aladro[2] de peligrosas rejas oxidadas en el que se subían y desde el que se impulsaban hasta el estrecho alféizar alzando en el aire a los niños más pequeños y dejándolos caer al interior de la vieja cochera, sobre las cajas de madera que contenían las luces que iluminaban el Barrio en Navidad. El Club, que así lo llamaron, se mantuvo en aquel singular escondite hasta bien entrado el otoño, cuando un vecino descubrió a la grey infantil encaramándose a la ventana y dio aviso al alcalde. El rapapolvo de la autoridad fue de campeonato, aunque mucho menor del que recibieron por parte de sus familias, con alguna azotaina incluida.

Años después, olvidado el incidente de la Estalabartería, algunas de las niñas del Club, ya adolescentes, protagonizarían otra ocupación, menos inocente pero igualmente ingeniosa, que, de vez en cuando, se desempolva en la localidad para incidir, de forma malintencionada, en las antiguas fechorías consumadas por la alcaldesa y sus amigas.


[1] En arag., un estalabarte es un armatoste, un cachivache; una estalaberteía sería, figuradamente, el lugar donde hay muchos estalabartes.
[2] En arag., arado.

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“Donde se desmorona el tiempo”: Archivo personal


Este verano uno de los entretenimientos de la gente mayor del Barrio ha sido dejarse caer por la espléndidamente reformada Casa Gregorio, cuya fachada, pintada de blanco y con el zócalo en verde lima, nada tiene que ver con la original, de agrietada piedra arenisca, donde vivió la siña Valentina hasta su muerte, en 1982, cuando le quedaban pocos días para cumplir ciento un años. El entierro de la siña Valentina fue de los más atípicos que se han conocido en la localidad; apenas asistieron personas ajenas a la familia de la difunta, en el último acto de un resarcimiento construído de vacíos y silencios que rodeó a la mujer desde el final de la guerra. Porque la siña Valentina, miliciana de la FAI que en la retaguardia de la contienda fue la encargada de suministros del hospital de campaña instalado en la iglesia del Barrio, se convirtió, con el estallido de la paz revanchista, en porfiada colaboradora del nuevo orden y en entusiasta señaladora de cuantos desafectos a la naciente dictadura conocía o imaginaba. Aquella precipitada conversión a la causa fascista de la antigua miliciana libertaria se tradujo en encarcelamientos, multas e incautaciones de bienes que afectaron a muchas familias del Barrio y alrededores; es cierto que no hubo fusilamientos —tampoco mientras las izquierdas gobernaron la localidad durante el conflicto bélico— pero el padecimiento por el (mal) trato recibido hizo germinar la aversión hacia quienes, por su cercanía, las gentes consideraron responsables de la sucesión de injusticias que las asfixiaba. Y Valentina, con su nada ejemplarizante proceder, terminó por convertirse en un fantasma que nadie parecía ver ni oír. Ese vacío prolongado en el tiempo no se extendió al resto de la familia de la siña Valentina —cuyo único hijo se casó con la hija de una de las pocas Casas que no habían sido perjudicadas por sus delaciones— concentrándose exclusivamente en ella, aunque con el devenir de los años las nuevas generaciones, que no habían sufrido las vicisitudes de sus mayores, despejaron el ambiente enrarecido devolviéndole los saludos corteses a la anciana, preguntándole educadamente por su salud y aceptando alguna de aquellas tartas de bizcocho con mermelada que ofrecía a los amigos de sus nietos. Sin embargo, ninguno de aquellos jóvenes —descendientes de las familias agraviadas— que mantenían excelentes relaciones con los nietos de la interfecta, acudieron al funeral ni, por supuesto, quisieron formar parte del exiguo cortejo fúnebre que recorrió andando, como manda la tradición, el Barrio llevando en procesión hasta el cementerio el féretro con los restos mortuorios de la siña Valentina.

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“De asueto”: Archivo personal


Mientras los debutantes The Luperzios se afanan, con desastrosos resultados, en amenizar con su música desacompasada el tramo vespertino de la fiesta del camping, la mayoría de los asistentes forman corrillos convenientemente alejados de los bafles, hurgan en el puesto de venta de camisetas, carteles y libros —agotándose los siete ejemplares expuestos de Altasu. El Caso Alsasua— o se instalan, con sus bebidas, en los bancos del porche cubierto que se halla al lado de la casilla de recepción. Solamente mam’zelle Valvanera —“Los pobrecicos tocan de pena, pero bien hay que darles una oportunidad”, comenta— y Agnès Hummel, sentadas las dos en sendas sillas de plástico junto a tres o cuatro niños bailones, parecen atender a los cinco músicos adolescentes que desgranan y destrozan a Kortatu, Subterranean Kids, Eskorbuto, Barricada y La Polla, construyendo unos acordes tan irreconocibles que únicamente se sabe a qué históricos del punk, rock y hardcore remedan porque así lo dice el cartel anunciador de la entrada.

La melé ácrata comenzó pasadas las dos y media de la tarde del sábado, con el menú vegetariano elaborado por Mª Ríos, chef oficiosa del gastropub Mia-te tú, cuyos responsables son, también, los encargados del camping (abierto de abril a octubre), centro de actividades senderistas y barranquismo.

Ensalada de tomate rosa con olivas negras y tostada con queso de cabra, risotto de boletus y marcaspone, pimientos del piquillo rellenos de pisto y carne de soja y, de postre, tartaleta de frutas con helado; agua de Veri, vino del Somontano, pan, café o infusión. A 15 euros por persona; con degustación libre de cerveza, pacharán y anís de Colungo, todas bebidas de factura casera.

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“Bodegueta”: Archivo personal


Antes del almuerzo de trabajo —apalabrado en el bar del Salón Social— al que han invitado a Josetón, el bodeguero, para programar las fechas y turnos de la vendimia, el grupo de Tejedoras[*] que gestiona la Viña del Saso visita el terreno que se extiende, bajo la protección de la meseta pedregosa, desde el límite del término municipal que linda con las tierras de la localidad vecina hasta la barranquera de la Clamor, que desagua en el río. El viñedo, henchido y meticulosamente trazado, semeja un islote de bancales rectangulares, a modo de travesaños, con una extensa franja de sardas en la parte baja, en cuyo centro se abre un camino de tierra áspera y compacta por el que, en unos días, discurrirán tractor y remolque portando los cestones repletos de los preciados racimos de uvas parraletas y moristel.

Josetón, reconocido vitivinicultor que traspasó los menesteres de sus bodegas a sus hijos hace un par de años, es el altruista asesor de las Tejedoras desde hace tres décadas y conocedor, como ningún otro, de las características de la tierra aluvial del Saso, que él sugirió mantener como secano pese a algunas Tejedoras que insistían en transformar en viña de regadío la parte del segundo bancal próximo a la Clamor. Fue también idea suya invertir una parte de campo en la plantación de la casi extinta parraleta y en distribuir los horarios de vendimia manual en función del tipo de uva a recolectar.

El almuerzo resulta amigable y provechoso, regado con una botella de vino del Saso, de buqué afrutado, que Olarieta, la cocinera del bar del Salon Social y miembro de las Asociación de Mujeres, deja como al descuido sobre la mesa, entre el aplauso de las concurrentes y el gesto de satisfecho asentimiento de Josetón.


[*] Nombre que se da, en el Barrio, a las miembros de la Asociación de Mujeres.

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“Fractal Jesús”: Antonio Russo

 

En 1995, ciento once parroquias de la provincia de Huesca que, hasta entonces, habían sido administradas, en materia religiosa, por la diócesis de Lleida, pasan a depender de la diócesis de Barbastro-Monzón, cuyo obispo reclama a su homólogo leridano la devolución de las piezas sacras —ciento once, perfectamente reconocibles[*]— pertenecientes en origen a cuarenta y cuatro parroquias aragonesas y que se hallan depositadas en el Museu Diocesá de Lleida.
Ante la negativa de las autoridades civiles de la ciudad del Segre y de la Generalitat al retorno a Aragón de los bienes eclesiásticos, el obispo de Barbastro-Monzón presenta diversas reclamaciones ante el Vaticano, que se resuelven a favor de la diócesis aragonesa, sin que esta circunstancia rectifique la actitud de la Generalitat que argumenta que las piezas en litigio forman parte del patrimonio sacro —e indivisible— de Catalunya, al amparo de la ley 9/1993, y, como tales, se hallan inscritas en el inventario correspondiente.
En junio de 2008, Xavier Salinas, administrador apostólico de la diócesis de Lleida, se compromete formalmente con Alfonso Milián, obispo de la diócesis de Barbastro-Monzón, a devolver el arte sacro en un plazo de treinta días; la devolución no se lleva a efecto por la negativa del Departament de Cultura de la Generalitat.

Y, así, han transcurrido veinticuatro años… hasta el juicio celebrado, en dos sesiones, los días 16 y 17 de este mes de mayo.

 

LÍNEA DEL TIEMPO: RETABLO DE MENDACIDAD

1995.- Ciento once parroquias de pueblos aragoneses que se hallaban adscritas al obispado de Lleida pasan a formar parte de la diócesis de Barbastro, que toma el nombre de diócesis Barbastro-Monzón.

1995.- Ambrosio Echebarría, obispo de la diócesis de Barbastro-Monzón, reclama a la de Lleida el traslado a Barbastro de las obras de las parroquias aragonesas que se hallan en depósito en la diócesis catalana.

1997.- El Gobierno de Aragón emprende acciones ante el Tribunal Eclesiástico para agilizar la devolución de las obras.

1998.- El Vaticano dicta una resolución favorable a la diócesis de Barbastro-Monzón sobre las obras del patrimonio aragonés que siguen en depósito en la diócesis de Lleida.

2001.- Se crea una Comisión de Estudio para determinar las obras a devolver.

2002.- El Vaticano desestima un recurso del obispado de Lleida en el que se solicitaba la no devolución de las obras en litigio.

2002.- Recurso de súplica del obispado de Lleida ante el Vaticano, que es inmediatamente desestimado.

2005.- La Congregación para los Obispos ordena la devolución de las obras en un plazo de treinta días.

2005.- El obispo de Lleida, Francesc Ciuraneta, presenta un recurso de súplica a la Signatura Apostólica, que le responde negativamente.

2005.- El obispo de Lleida, ante las órdenes del Vaticano, pide permiso a la Generalitat de Catalunya para proceder a la devolución de las obras. La Generalitat se opone.

2006.- El Parlament de Catalunya aprueba una moción que proclama la unidad de la colección museística al objeto de que las 111 obras reclamadas por Aragón no sean traspasadas.

2006.- El obispo de Lleida presenta un recurso en el Tribunal de la Rota Romana que no es admitido a trámite.

2007.- El Supremo Tribunal de la Signatura Apostólica de Roma rechaza el último recurso presentado por el obispado de Lleida.

2008.- El administrador apostólico de la diócesis de Lleida, Xavier Salinas, y el obispo de Barbastro-Monzón. Alfonso MIlián, acuerdan retomar el mandato de la Congregación de los Obispos de 2005 para la devolución de las obras en litigio en un plazo de treinta días.

2008.- El Departament de Cultura de la Generalitat se opone a la devolución de las obras de las parroquias aragonesas al entender que se hallan catalogadas como patrimonio catalán.

Julio de 2008.- La Asociación de Amics del Museu de Lleida interpone una demanda civil para dilucidar la propiedad de las obras reclamadas por Aragón.

21 de septiembre de 2008.- Joan Piris toma posesión como nuevo obispo de Lleida.

Octubre de 2008.- El Juzgado de Instrucción número 4 de Lleida desestima el recurso presentado por el Obispado de Barbastro-Monzón a propósito de la admisión a trámite de la demanda de la Asociación de Amics del Museu y se declara competente para juzgar, por vía no eclesiástica, la propiedad de parte de las obras en litigio.

16 de diciembre de 2008.- El obispo de Barbastro-Monzón, Alfonso Milián, presenta una protesta formal ante su homologo leridano por autorizar la cesión de parte de las piezas reclamadas para una exposición a celebrar en Filadelfia (EEUU). El Nuncio Apostólico se pronuncia en idénticos términos.

12 de febrero de 2009.- El obispo de Lleida, Joan Piris, pide al Conseller de Cultura de la Generalitat, Joan Manuel Tresserras, una autorización para entregar a Aragón las obras de arte sacro en litigio.

Febrero de 2009.- El presidente del Gobierno de Aragón, Marcelino Iglesias, anuncia la decisión de su gabinete de emprender acciones penales contra las instituciones y personas del Consorcio del Museu de Lleida por la retención de los bienes aragoneses.

Febrero de 2009.- La Secretaría de Estado del Vaticano exige la entrega inmediata a Aragón de las obras reclamadas, amenazando a Lleida con la retirada del obispado del ente que gestiona el Consorcio del Museu Diocesá.

10 de marzo de 2009.- La Consejera de Cultura y Deporte de Aragón, Mª Victoria Broto, envía una misiva a Joan Piris, obispo de Lleida, para que exija al Consorcio del Museu la entrega de las obras y evitar, así, la intervención de los juzgados civiles.

Marzo de 2009.- El Conseller de Cultura de la Generalitat, Joan Manuel Tresserras, anuncia la disposición de su departamento a devolver 27 de las piezas reclamadas, siempre que haya un acuerdo global entre Aragón y Catalunya y se acepten las condiciones de la Generalitat.

Marzo de 2009.- La Consejera de Cultura de Aragón, Mª Victoria Broto, mantiene la exigencia del retorno de TODAS las obras y critica el planteamiento de su homólogo de la Generalitat que, hasta la fecha, se había referido a la unidad museística como argumento mayor para retener las obras sacras aragonesas.

12 de marzo de 2009.- El abogado ribagorzano Jorge Español presenta una denuncia penal contra la catalogación realizada por la Generalitat en 1998 de las obras del Museu Diocesá, argumentando que se trata de un subterfugio para no devolver los bienes aragoneses.

13 de marzo de 2009.- La Asociación para la Defensa del Patrimonio Aragonés, (APUDEPA), denuncia ante la Fiscalía del Tribunal Supremo a cuatro antiguos consellers de Cultura de la Generalitat, por la posible comisión de delitos cuando adoptaron decisiones dirigidas a bloquear la entrega a Aragón de los bienes de las parroquias de la diócesis de Barbastro-Monzón.

5 de septiembre de 2010.- La jueza titular del Juzgado de Instrucción número 4 de Lleida, Beatriz Terrer, desestima la demanda civil presentada por la asociación Amics del Museu de Lleida contra los Obispados de Lleida y de Barbastro-Monzón para determinar la propiedad de 85 de las 111 obras de arte sacro que, desde hace 15 años, están en litigio y que la asociación considera como propiedad exclusiva ilerdense.

27 de octubre de 2010.- El obispo de Lleida, Joan Piris, reclama el auxilio judicial para entregar las obras a Aragón, petición que es desestimada por la Jueza del Juzgado número 4 de Lleida por entender que el Obispado es depositario de las mismas pero carece de entidad para decidir la ubicación final de las mismas.

21 de julio de 2012.- El Juzgado de la Contencioso-Administrativo de Lleida desestima el recurso del Gobierno de Aragón en relación a las piezas de arte reclamadas, señalando que los objetos en litigio pertenecen al patrimonio catalán.

27 de diciembre de 2014.- Ángel-Javier Pérez Pueyo toma posesión como obispo de Barbastro-Monzón.

26 de mayo de 2015.- El Tribunal Supremo confirma la legitimidad del Gobierno aragonés de catalogar como patrimonio propio varios de los bienes eclesiásticos depositados en el Museo Diocesano y Comarcal de Lleida, cuya devolución se reclama desde Aragón, considerando que se trata de piezas del patrimonio aragonés y advirtiendo que la no restitución de las mismas se considera un delito de apropiación indebida.

Septiembre de 2015.- Javier Lambán, presidente del Gobierno de Aragón, hace pública una carta recibida de Artur Mas, presidente de la Generalitat de Catalunya, en la que el mandatario catalán rechaza la posibilidad de devolución de los bienes de parroquias oscenses retenidos en instituciones museísticas de Catalunya.

20 de septiembre de 2015.- Salvador Giménez Valls toma posesión como nuevo obispo de Lleida.

31 de octubre de 2017.- Se celebra un acto de conciliación entre los Obispados aragonés y catalán que deviene en fallido al negarse el de Lleida a atender las reclamaciones expuestas por el de Barbastro-Monzón.

13 de febrero de 2018.- El Obispado de Barbastro-Monzón presenta, por vía telemática, en su nombre y en el de las cuarenta y cuatro parroquias dueñas de las obras sacras, demanda reivindicatoria contra su homólogo ilerdense y contra el Consorcio del Museo Diocesano y Comarcal de Lleida para reclamar la devolución de los 111 bienes que se encuentran en depósito en el citado espacio museístico.

Noviembre de 2018.- El titular del Juzgado de Primera Instancia e Instrucción nº 1 de Barbastro (Huesca) establece los días 16 y 17 de mayo de 2019 para la celebración del juicio civil que enfrentará a las diócesis de Barbastro-Monzón y Lleida, junto con el Museu, en el largo contencioso por las 111 obras de arte sacro reclamadas por la diócesis aragonesa cuya propiedad ha sido refrendada por diversas sentencias de tribunales eclesiásticos y civiles.

Mayo de 2019.- Los Servicios Jurídicos de la Generalitat de Catalunya solicitan la suspensión del juicio y aplazar el procedimiento para personarse como entidad demandada.

Mayo de 2019.- El Juzgado de Barbastro desestima la suspensión del juicio presentada por los abogados de la Generalitat, permitiéndoles la participación en el proceso como parte coadyuvante.

16 y 17 de mayo de 2019.- Se celebra en Barbastro el juicio por los bienes de arte sacro de propiedad aragonesa que se hallan en el Museu de Lleida.

VISTO PARA SENTENCIA


[*] Se distribuyen entre pintura (29), orfebrería (15), metalistería (21), muebles (4), libros (3), carpintería (1), escultura (11) y textil (27).

 

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“La Escorrentía”: Archivo personal


Los grupos de mochileros y senderistas que acceden al Barrio, desde las diferentes rutas de la sierra, por el camino de la Escorrentía ignoran que ese singular sendero de fina pedriza y sinuoso trazado es, en realidad, un barranco —seco desde hace noventa años— que, en algún momento geológico, formó parte del río que, a pocos metros de desnivel, corre paralelo durante cerca de tres kilómetros.

En ese lecho de guijarros y hierba, bordeado de una inigualable muestra de flora silvestre, pereció ahogado, allá por 1907, el repatán[*] que cuidaba los cordericos de Casa Casimiro —casona ya inexistente cuya ubicación ocupan actualmente los establos de la yeguada de monte de Casa Foncillas—. Una fuerte tormenta abrileña sorprendió a Vicentito —que así se llamaba el repatán, de ocho años— de regreso al Barrio y, según se cree, intentó atajar por la Escorrentía, que apenas llevaba tres palmos de agua, con tan desgraciada suerte que cayó una tromba de agua que arrastró a pastorcillo y corderos barranco adelante; dos días después encontraron el cuerpecito del niño flotando en el río, en la poza del molino, y, junto al pobre muchacho, algunos de los animales que pastoreaba. En una fotografía realizada en 1908 por el reconocido pireneísta francés Lucien Briet desde el altozano del derrubio, se aprecia, junto a la magnificencia acuosa del río, un tramo del barranco de la Escorrentía rebosante de agua, como documento gráfico de lo que un día fue el ahora transitado y seco sendero.

En 1945, cuando hacía años que la Escorrentía no era sino un pedregal olvidado por el agua, el barranco se convirtió, al abrigo de la vegetación, en el lugar donde el entonces joven señor Anselmo, enlace de los guerrilleros de la partida de Villacampa, depositaba —en diversos escondrijos— comida, munición y mensajes para los maquis que operaban en la Sierra de Guara. En una de aquellas peligrosas idas y venidas fue interceptado por una pareja de la Guardia Civil, obligando a uno de los guerrilleros a salir de su escondite y encañonar a los civiles, a los que desarmó dando tiempo a que el señor Anselmo, que conocía a los guardias y pidió que no se les hiciera daño alguno, huyera de allí para terminar echándose al monte, donde permaneció tres años y medio; vana fuga porque, aunque el joven Anselmo no lo supo hasta mucho tiempo después, aquellos guardias imberbes silenciaron el incidente ante sus superiores y nunca se le persiguió.


[*] En arag., niño o joven que ayudaba al pastor adulto.

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“La patria en los zapatos”: Archivo personal

 

Cimbrea el viento los viejos cipreses y acicala la lluvia las primorosas copas de almendros, litoneros, robles y pinos, encharcando santolinas y bojes y formando un barrillo que se adhiere a las deportivas de las jaraneras pandillas que, embozadas en lenes y coloristas chubasqueros ya calados, recogen, sin prisas pese al aguacero, los restos de los festines en la ladera norte del cerro de San Jorge, la familiar colina en la que, desde hace siglos, se festeja la capitulación de la invicta ciudad sarracena de Wasqa a cuyos ejércitos, unidos a los castellanos, vencieran las tropas aragonesas de Pedro I en 1096, en la batalla que la historia llamaría de los llanos del Alcoraz y donde el mágico caballero Jorge, cabalgando por la atmósfera, decantó la victoria, dicen, hacia el expansivo ejército aragonés, obligando a la ciudad de las cien torres a abrir los preciados portalones de sus inexpugnables murallas a aquellas huestes de cristianos montañeses que durante tantos años venían codiciándola. Y así fue como el antiguo poblado de Bolskan, que los romanos celebraron como Osca para pasar a ser bastión de Al-Ándalus del Norte durante cuatro siglos con el nombre de Wasqa, convirtióse en la Huesca aragonesa sin perder jamás la memoria de los pobladores que la habitaron a lo largo de la historia.


Hoy, 23 de abril —Día de Aragón— como en el canto de La Tronada, llueve.


Dondiniar es un vocablo aragonés que significa vagar, merodear, ir de un sitio a otro.

 

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“Fitizú”: Archivo personal


Cuando, en la tarde del miércoles, comenzó el pleno del Ayuntamiento, había tanto público en la sala que los asistentes en pie doblaban en número a quienes habían podido ocupar una silla. La razón de semejante afluencia no era sino el punto 3 de los asuntos a tratar en la convocatoria, en el apartado de Resoluciones: «Aprobación del levantamiento del reparo de las facturas del área de Medio Ambiente correspondientes al Proyecto Michinos».

El Proyecto Michinos —coordinado por la veterinaria y llevado a cabo hasta hace dos años exclusivamente por iniciativa privada— son un conjunto de protocolos ambientales y sanitarios que suponen el control censal, desparasitación, vacunación y, en último caso, esterilización, de la colonia felina del Barrio, sin distinción entre gatos domésticos o callejeros, por entenderse que todos los miembros de la colonia transitan libremente por la localidad. Al Proyecto se unió, en 2017, el Ayuntamiento del Barrio, que aprobó una subvención anual de 125 euros para la adquisición de medicamentos y material sanitario.

En el pleno extraordinario celebrado en el mes de enero, la Interventora del Ayuntamiento puso reparos no suspensivos a las facturas correspondientes al año 2018 presentadas por la coordinadora del Proyecto, al exceder las mismas del presupuesto destinado por el ente municipal y, aunque fueron aceptadas, se conminó a la responsable del Proyecto a documentar el desfase entre la subvención concedida y los gastos realizados. Al día siguiente del pleno, la veterinaria presentó en el Ayuntamiento un pliego en el que se especificaban las aportaciones privadas recibidas, que se correspondían con la partida de gastos que no cubría la subvención; la documentación fue admitida quedándose en que, en el siguiente pleno, se levantaría el reparo.

A las ocho y diez de la tarde del miércoles, con el punto 3 de la convocatoria aprobado entre aplausos de la concurrencia, y ya en el turno de Ruegos y preguntas, Presen, la del Invernadero, voluntaria del Proyecto Michinos, solicitó al Ayuntamiento que se estudiara la ampliación de la ayuda en función de las necesidades reales que han de cubrirse, petición a la que la presidenta de la corporación respondió con un escueto “Imposible”, que lleva repitiéndose, cual estribillo, pleno tras pleno.

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“Entre los dedos, II”: Archivo personal


En la primera charla-debate, previa al 8 de Marzo, sobre La historia reciente del feminismo —celebrada en la Biblioteca de Cultura Popular y auspiciada por la Asociación de Mujeres del Barrio— Agnès Hummel, la ponente, acercó a las personas asistentes a la vida de Florynce Rae Kennedy (1916-2000), activista norteamericana que sufrió en su persona doble discriminación: ser mujer y de raza negra. Graduada en Derecho en 1951, dedicó sus esfuerzos a luchar contra cualquier tipo de exclusión, en lo que ella denominaba “patología opresiva de una sociedad institucionalmente racista, sexista y clasista“. Defensora del derecho al aborto, que argumentó en el libro Abortion Rap, escrito en 1971 junto a la activista pro derechos de la mujer Diane Schulder, se le atribuyó la frase: «If men could get pregnant, abortion would be a sacrament»[*], utilizada por feministas británicas en un célebre cartel de 1975 ilustrado con la fotografía de un hombre embarazado. Al parecer, dicho eslogan no fue una creación de Florynce Rae Kennedy sino de una vieja taxista irlandesa y católica que la trasladaba, junto a su amiga, la también feminista Gloria Steinem, al aeropuerto de Boston e intervino en la conversación que mantenían ambas colegas a propósito de Abortion Rap, pronunciando la sentencia que transcribiría, tiempo después, la activista afroamericana.


[*] «Si los hombres pudieran quedar embarazados, el aborto sería un sacramento».

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