Feeds:
Entradas
Comentarios

Posts Tagged ‘gastronomía’

«Receso»: Archivo personal


Entre semana, se reúnen para comer  apenas una hora en una jornada laboral de horarios dispares. Se acomodan al lado de los ventanales que dan a la transitada rotonda, en la mesa blanca con sillas rojas y negras, bajo el reloj de pared que cela su tiempo y parece gruñirles con su apremiante segundero rojo engullendo los instantes y las palabras. Un descomunal televisor en el muro de pizarra desgrana videos musicales que las comensales no tienen tiempo de apreciar, concentradas en la pitanza  tostadas de jamón y queso brie con tomate horneado y especias—  para arañar unos momentos de conversación con el café, antes de que el reloj enloquezca y las obligue a regresar a sus quehaceres remunerados.

Se despiden en la puerta del establecimiento y marchan, con zancadas casi coordinadas, en distintas direcciones. Sin mirar atrás.

Read Full Post »

«Bosque de los Olivos»: A.H.


El día de los crespillos, los nietos de Inazio de [Casa] O Medianero  tío Inazio, el del molino de aceite—  empujaron la silla de ruedas del abuelo hasta el porche de la trasera de la iglesia, donde las humildes hojas de las borrajas, mañosamente rebozadas por las afamadas crespilleras, crepitaban en las sartenes exhalando el familiar olor que avanzaba el posterior goce de los paladares impacientes. “Mira, yayo, cómo canta el aceite”, le decía Luisa al hombre inmóvil al que todos los vecinos saludaban y palmeaban suavemente los hombros y las manos. Él alzaba con lentitud la vista sin mirar realmente, alejado sin remedio de aquellas gentes y aquel entorno que, apenas dos años atrás, componían su mundo. Porque el tío Inazio, el del molino de aceite, fue la mayor autoridad en oliberas de la comarca. “Esos empeltres [*] y negrales [*] van a dar la mejor cosecha”, auguraba mientras controlaba que cada recolector vaciara las olivas en el algorín correspondiente. Luego, cuando el antiguo ruejo molturaba los frutos hasta transformarlos en una masa parda y compacta, trasladaba ésta a los serones apilados bajo la prensa de libra que los comprimía —azuzada por la extraordinaria fuerza ejercida por el molinero— hasta que el aceite fluía y se deslizaba, brillante y arrítmico, hacia el canalillo que discurría, inclinado, bajo el torno. Entonces, el tío Inazio recogía los capachos con las olivas prensadas convertidas en cospillo y acariciaba, disimuladamente, la piedra voladora susurrándole: “Bien, bien”.


Canta el aceite en las renegridas sartenes donde bailan los crespillos. Pero el tío Inazio, el del molino de aceite, ausente e inmóvil en su silla de ruedas, ya no sigue el compás.


NOTA

[*] Variedades de olivo.

Read Full Post »

«Distensión»: Gorka Zarranz Fanlo


Relajábase la yeguada de [Casa] Foncillas, indiferente a la voz de Melissa Etheridge que parecía llenar el despejado vallecillo circunvalado por arbustos y coníferas. Sólo Caminera, siempre familiar, se acercaba de vez en cuando al grupo humano  semiacostados sus miembros junto a una discreta agrupación de bojes—  para cabecear suavemente a la veterinaria.

Cuando Suzi Quatro tomó el relevo canoro de Etheridge, apareció Gorka, resoplando, con la recia mochila de los almuerzos reparadores. Distribuyó ordenadamente los bocadillos de pan de sésamo colmados de ternasco, lombarda y salsa de yogur y depositó en el centro las gisbergas negras[*], todavía bien frías, que todos se llevaron a los labios con fervorosa ansia.

 

…Y trotó la mañana del viernes, con el sol a cuestas, hacia la tarde.


NOTA

[*] La Gisberga es una cerveza artesanal elaborada en la comarca oscense del Bajo Cinca. Su nombre es un homenaje a Ermesinda, née Gisberga, primera reina de Aragón por su matrimonio con Ramiro I y madre de Sancho Ramírez, rey de Aragón y Pamplona.

Read Full Post »

«Coffee break»: Archivo personal


Sábado…

Finalizada la Matinal de Teatro Leído, las Tejedoras[*] invitaron a los intervinientes a un aperitivo en la Sala Pepito de Blanquiador, donde una fotografía del autor de la obra, Dario Fo, colocada sobre un caballete, a la entrada, parecía dar la bienvenida a quienes accedían, pasados unos minutos del mediodía, al edificio de la Asociación de Cultura Popular.

Se cumplían quince años de la primera Matinal de Teatro, inaugurada precisamente con Aquí no paga nadie, dirigida, también, por la señorita Valvanera y leída este sábado  con entusiasmo, frescura y buena dicción  por chicos y chicas que cursan estudios de Bachillerato y ESO.

En el centro de la Sala, un largo tablero cubierto con papel continuo blanco alegraba la vista y el estómago con unas fuentes de ensalada de gambas con manzana caramelizada y bandejas repletas de petits-fours dulces y salados que los asistentes se apresuraron a catar.


NOTA

[*] Nombre que reciben, en el Barrio, las componentes de la Asociación de Mujeres.

Read Full Post »

«Otoño»: Archivo personal

 

Sábado…

Con los chubasqueros veteados de goterones, las botas enlodadas y los rostros encendidos, descienden las caminantes desde la pardina[1] Furtasantos hasta la calleja sombreada de lluvia que se adentra en el Barrio y zigzaguea entre las casas para desembocar en la plazuela donde se ubica el bar del Salón Social. Olarieta, la cocinera y responsable del establecimiento, cabecea tras la barra y dice, socarrona: “Aquí llegan nuestras deportistas pasadas por agua y con más hambre que los pavos de Manolo”. Menos de diez minutos después, ya están las andariegas reunidas en torno a una mesa donde, en apetitoso desorden, humean tazas de café y tazones de leche junto a una fuente de frutas de sartén a donde las manos van y vienen con urgente glotonería.

Cuando, con los estómagos bien cumplidos y las articulaciones algo más reposadas, el grupo se dirige al exterior, retiene Olarieta a la veterinaria que se ocupa de la salud de los gatos del Barrio: “El señor Juan dejó ayer una pozalada[2] de caracoles para ti. Dijo que entre ellos no encontrarías ninguna cabra[3]… Cuando estén bien purgáus, te aviso y, si quieres, os hago un guisote con ajolio[4].”


NOTAS

[1] En Aragón, monte bajo para pastos.
[2] En aragonés, cubo.
[3] Caracol de tamaño más grande con franjas muy marcadas.
[4] En arag., ajoaceite.

Read Full Post »

«Recolección»: Gorka Zarranz Fanlo

 

Dos días antes de la clausura del curso, el profesor Tarlós invitó al reducido grupo de españoles y franceses a desayunar vargabeles[*] en su apartamento a las afueras de Cluj, a unos cinco kilómetros de la extensión de colmenas Langstroth que les había mostrado la tarde anterior y entre cuyos casetones poblados con miles de abejas se paseaba, orgulloso, atrayendo sobre su cuerpo desprotegido un sinfín de antófilos que parecían saludar la familiar presencia del apicultor dejando besos de polen en antebrazos, manos, cuello y rostro, allí donde terminaba la tela de la camisa.

A Stefan Tarlós lo habían conocido semanas atrás, en el departamento de Estudios Agrícolas y Medicina Veterinaria de la Universidad de Cluj-Napoca, durante la recepción a los cursillistas extranjeros. Resultó ser un hombre educado y cultivado que lo mismo se dirigía en alemán que en inglés, francés o español con deje cubano a las veintidós personas, agrupadas por nacionalidades, recién llegadas a la ciudad universitaria. Buen conocedor de la historia de la ciudad, no dudó en oficiar de guía a quienes aceptaron el ofrecimiento, programando, además, diferentes rutas por los cercanos montes Apuseni.

El piso del profesor buscaba ser minimalista salvo por el exceso de fotografías que ocupaban, casi por completo, las paredes del salón comedor abierto a una reducida cocina americana. En casi todas aparecía el profesor Tarlós vestido de uniforme junto con otros hombres de la misma guisa; en una, un Fidel Castro, quizás cincuentón, extendía la mano hacia un treintañero Stefan Tarlós alineado junto a seis militares más; en otra, un encorbatado Ceaușescu se inclinaba, sonriente, con un papel enrollado hacia un Stefan Tarlós con ropas de civil.

¿Esto es en Angola…?”, preguntó la veterinaria que se ocupa de la salud de los gatos del Barrio señalando una fotografía donde un barbado profesor Tarlós, joven aún, era abrazado por un hombre negro con una amplia sahariana. “No, no. En Etiopía. Ese es el presidente Mengistu. Estuve destinado allí como técnico de las tropas cubanas.” “Por eso habla usted español con acento cubano… ¿Y qué hacía Cuba en Etiopía…?” “Otra época…”, murmuró él. Y enseguida: “Tienen que prometerme que alguno de ustedes asistirá al Congreso Eurbee. ¿No se anima usted, Solange?


NOTA

[*] Torta de origen húngaro con relleno de pasta, huevos, azúcar, requesón, pasas y crema agria.

Read Full Post »

«Paleta de colores»: Archivo personal


Hace tres domingos abrió sus puertas, en el callizo de detrás del Ayuntamiento, el Mia-te tú[1], un bar colorista y recogido que ocupa el local que un día fuera la tiendeta de Constancia, primitivo establecimiento de ultramarinos que funcionó desde los años treinta hasta 1974 y donde, al decir de las antiguas clientas y consumidores del carajillo aguado que servía la dueña,  porque la tiendeta de Constancia lo mismo vendía abadejo o polvos Persil que papel de fumar o albarcas, amén de servir a los lugareños copichuelas y cafés—  había “más mierda que en el palo un gallinero”. Quizás por esto último, y pese a que el nuevo bar apenas lleva quince días abierto, hay quienes ya lo llaman el Escoscau[2], y cuentan y no acaban sobre las condiciones higiénicas de la vieja tiendeta, los lamparones que acumulaba el delantal almidonado de porquería de la tendera y el alivio que supuso cuando Candelaria, la hija soltera de Casa Puimedón, puso un Spar a mediados de los sesenta en la replaceta de abajo.

Arturo y Alberto, los dueños del Mia-te tú que son, además, socios del camping que hay a pocos kilómetros del pueblo, celebraron la apertura invitando a todo el Barrio a un original almuerzo a base de sopas de ajo que pocos habitantes desdeñaron y que sirvió para que la gente mayor retomara el pretérito desempolvando anécdotas, chismorreos, personajes y costumbres añejas.


NOTAS

[1] En aragonés, «Mira tú».
[2] Id, del verbo «escoscar», que significa limpiar, asear.

Read Full Post »

«Hoguera»: I.blasco

 

Dice la tradición que un invierno llegaron a la Galliguera los Santos Capotudos  Sebastián, Águeda, Pablo, Antón, Blas, Babil, Valentín y Vicente—,  rostros y manos ateridos, rígidas las capas blanqueadas por la nieve y arrecidos los pies cansados. Acogióse cada uno a la hospitalidad brindada por los pequeños pueblos surgidos en las orillas del río Gállego y terminaron morando en iglesuelas y ermitas, protegidos de los rigores del Solsticio Frío, transmutados en tallas veneradas, recordatorio de los ancestrales dioses olvidados en cuyo honor se encendían hogueras con rescoldos que humeaban hasta la primavera.

Fenecidos en la memoria los dioses protectores de humanos, cosechas y ganado, continuaron crepitando las llamas para festejar a los nuevos locatarios de los templos erigidos y las tierras del Gállego refulgían por la noche entre bailes, cánticos, patatas, longaniza, chullas y humaredas.

 

Quedóse anoche el frío viejo tras la sierra guardiana escuchando, añorante, el murmullo del río, las canciones y los ayes contenidos de la carne jugosa acostada en las brasas.

Read Full Post »

«Donde arde la nieve»: Archivo personal

 

La pequeña se desprende de los big-foots[*], los planta con furia en la nieve y dice, en un tono entre lastimero y enrabietado: “Con la monitora me aburro. Yo quiero subir a Culibillas a ver el ibón”. Varios descensos en trineo y una improvisada batalla de bolas de nieve —con el resto de la chiquillería del cursillo de esquí— deshacen todo vestigio de enfurruñamiento pero no la fijación con las alturas. “Cuando tenga seis años subiré al ibón y a peña Telera y a…

Relumbra el sol pese a los escasos siete grados de temperatura y bruñe las limpias rocas que parecen rozar el azulón celeste de Formigal. Desfilan, cual exuberantes vedettes sobre la mesa escenario del restaurante de Sallent de Gállego, una ensalada de tomate y boquerones con salsa agridulce, cinco pinchos de chuletón a la brasa y un inigualable milhojas de foie fresco que preceden a la deliciosa leche frita con la que se relame la pequeña mientras los mayores vencen el cálido sopor de la sobremesa aferrados a sus tazas de café.


NOTA

[*] Miniesquíes muy cortos que suelen utilizar las niñas y niños para iniciarse en el esquí.

Read Full Post »

«Degustación»: Archivo personal


La noche del vigésimo segundo cumpleaños de Iliane, Javier Krahe, Brigada del Vizio, Léo Ferré, La Polla Records, Chicho Sánchez Ferlosio, Los Muertos de Cristo, Envidia Kotxina, Asto Pituak y Georges Brassens se turnaron, en ecléctica y extravagante armonía, para entretener, no sólo a los asistentes al evento de la bajera, sino a media urbanización de Zizur hasta pasados bastantes minutos de la medianoche, cuando, servidos ya los sorbetes de limón y albahaca, escasamente quedaban restos de los mejillones escabechados, del risotto de setas y trigueros, de la ensalada de patata y salmón, del hojaldre relleno de mousselina de bacalao, del lomo de novillo en salsa de manzana y de la tarta de chocolate realizados en la recién estrenada cocinilla de butano cuya revisión había sido pasada sin problemas  setenta euros costó el visto bueno oficial—  esa misma mañana.
Antes de las cinco de la madrugada, entre cuchicheos y risas contenidas, la bajera había recuperado su aspecto habitual.

Siete años atrás el local fue una perfumería de relumbrón que apenas resistió seis meses abierta, con un coqueto mostrador acristalado montado sobre dos columnas de yeso estriado  reconvertido ahora en barra de bar, las paredes en tonos pastel degradados, con baldas de pladur más oscuras y, en la trastienda  un pasillo estrecho con estanterías de palets—  un diminuto aseo de dos piezas. Todo en tan magnífico estado de conservación que, cuando la pandilla de Iliane decidió alquilar la bajera como local privado, sólo hubo que hacer una derivación de la cañería del agua para colocar un fregadero, un grifo y una encimera con un par de armarios.

Un gran sofá rinconero recuperado, una mesita baja, un viejo sillón con orejeras, dos taburetes de bar, cinco sillas desparejadas y pintadas de negro y un tablero sobre dos caballetes donde reina un caldero pequeño de cobre con un ramo de apretados cardos, conforman el mobiliario.

Read Full Post »

« Newer Posts - Older Posts »