Feeds:
Entradas
Comentarios

Posts Tagged ‘historia’

«Fragmentos»: Archivo personal


En 1918, algunos amigos intelectuales y artistas convencieron a Pio Baroja para que se presentara a diputado por el Partido Radical, pese a las pestes que había echado de Lerroux, a quien consideraba escasamente leído y, como consecuencia, tirando a lerdo.

El pintor Miquel Viladrich, buen amigo del vasco, le aconsejó que lo hiciera por la circunscripción de Fraga (Huesca), localidad en la que el artista había montado su morada y su estudio. Hacia allá, pues, emprendió ruta el escritor, el 16 de febrero de 1918, para hacer causa común con su lejano electorado, en compañía, entre otros, de dos anarquistas oscenses y entusiastas barojianos, Felipe Alaiz y Salvador Goñi [*], en un itinerario que resultó entretenido pero asaz fatigoso y, sobre todo, un fiasco político.

A Baroja, que relató sus andanzas aragonesas en el artículo Una excursión electoral, contenido en el volumen Las horas solitarias, el viaje le sirvió, exclusivamente, para conocer y describir el paisaje del llano y algunas gentes del sur de la provincia de Huesca y, mínimamente, la propia capital altoaragonesa, a la que llegó en tren, pernoctando en la tradicional y entonces populosa calle de Ramiro el Monje, en la casa señorial del relevante y adinerado impresor Pérez, cuya hija, Marieta, recordaría muchos años después, en una entrevista, que el escritor tardó mucho en dormirse, maravillado por las pinturas que decoraban el techo de la estancia que le habían asignado.


MarietaMaría Dolores Pérez Barón—, que en plena mocedad destacaría por su afición al deporte al aire libre, su religiosidad y su virtuosismo al piano, fue asesinada el 25 de mayo de 1985, a la edad de ochenta y seis años, en aquella misma mansión cuyos techos admirara el célebre escritor. Musa provinciana del régimen franquista, en los inicios de la democracia había cedido a la Falange Española la primera planta de su magna propiedad —reservándose para ella la parte superior del edificio—. Pereció, cruelmente golpeada y acuchillada, a manos de un falangista al que, según se cuenta, había reprendido por la rotura de una silla ricamente tallada y tapizada, que formaba parte del mobiliario de la planta arrendada a los del yugo y las flechas.



NOTA

[*] Salvador Goñi Marco, nacido en Huesca, en 1894, fue un periodista libertario que dirigió el periódico El Talión y colaboró en distintas publicaciones de izquierda. Figuraba en una lista de masones como miembro de la logia Constancia de Zaragoza. El 19 de octubre de 1936 fue fusilado, junto a otras dos personas de su logia, en la tapia del cementerio de Torrero de Zaragoza. Sus restos se hallan en una fosa común de dicho cementerio.

Read Full Post »

«Archīvum»: Archivo personal


Desde que el tedioso escribidor obsesionado con el rojerío trocó su militancia en los GRAPO por la pluma pseudo-histórica, rellenando de abracadabrantes interpretaciones kilómetros de papel, el gremio de los historieteros —que no historiadores— ha alcanzado un notabilísimo incremento, de manera que cualquier zote o catedrático de la trola toma la palabra para aderezar su inepcia y la del prójimo con un serial que hubieran desechado, por esperpéntico, incluso los creadores del Guerrero del Antifaz.

Los perillanes que se dedican a tan innoble labor cuentan con una ventaja exitosa: el desolador y tradicional desconocimiento de la Historia de España, tan pervertida y mal contada por hordas de cronistas rastreros que han deshecho y rehecho el pasado acomodándolo a los vaivenes de las asentaderas del gerifalte de turno. Así, un engominado representante de la rancidez patria, incapaz de distinguir entre almorávides[1], andalusíes[2] y muladíes[3], pongamos por caso, se ha permitido la licencia de entroncar, en la conmemoración de la Toma de Granada, al Dáesh —y a cualquier inmigrante sospechoso de rezarle al ente mahometano— con el antiguo Reino Nazarí, con un desparpajo que proclama o su pertinaz incultura o su vileza.

Y así, décadas y decalustros, purgando la realidad documentada en distintas fuentes, haciendo de la astracanada pasado glorioso y de la fabulación verdad absoluta.

¡Pobre Historia! ¡Cuántas zarpas se prestan a hacerte jirones!


«La Historia oficial ha sido el instrumento para construir la memoria colectiva, pero los hechos que sostienen esa memoria no son analizados ni explicados de la misma manera en cada época. Así, en el siglo XIX el nacionalismo liberal españolista se inventó el término de “Reconquista”, que jamás aparece en los textos de la Edad Media o de la Edad Moderna, para definir el largo periodo de la Historia Medieval en la península Ibérica y dar así la imagen de que España es un país, o al menos la idea y la voluntad de querer serlo, desde los tiempos del caudillo Pelayo, a quien, además, las crónicas del Reino de León y luego toda la Historia oficial le atribuyó la victoria en una batalla, en Covadonga, que jamás existió».JOSÉ LUIS CORRAL LAFUENTE, historiador experto en el Medievo.




NOTAS

[1] Tropas musulmanas que ocuparon Al-Ándalus en el siglo XI.

[2] Habitantes árabes de Al-Ándalus, descendientes de los musulmanes que ocuparon parte de la península Ibérica en el siglo VIII.

[3] Habitantes peninsulares de origen cristiano o judáico que adoptaron la religión, en muchos casos, y las costumbres musulmanas. Algunos de ellos ocuparon altos cargos en las taifas de Al-Ándalus.

Read Full Post »

«Detalle de una pintura de Montearagón»: Archivo personal

 

Cuenta la leyenda que bastaron ocho días de niebla prieta para que los constructores al servicio del rey Sancho Ramírez levantaran la amenazante mole del castillo de Montearagón, erguido sobre un cerro, a apenas cinco kilómetros de Wasqa[1], la fortificada madinat[2] árabe, sultana soñada por los aragoneses, que ansiaban su sometimiento, fundamental para proseguir, a espada y sangre, la conquista de Saraqusta[3] y de todo el Valle del Ebro.

Los primeros tapiales de la atalaya se edificaron, provocativos, frente a la conocida como ciudad de las cien torres, a finales de abril de 1086, para albergar al bien equipado ejército del joven reino de Aragón —deudo del navarro— nacido en los Pirineos, junto al río que le daría nombre. No ocho días sino tres años después, aquel baluarte soberano, que los habitantes de Wasqa contemplaban con curiosidad y cierta aprensión, conformaba ya una villa ocupada por soldados a los que se unieron los monjes agustinos que moraban en la espléndida abadía, dotada por el rey de tan altos privilegios que llegó a ser el monasterio-abadía más importante del reino.

«Aquel potro tomará esta yegua», auguraban, pesarosos, los alfaquíes[4] de la Wasqa asediada y tan extraordinariamente protegida por su muralla romano-musulmana que fueron diez los años de inútiles acometidas aragonesas sin que la orgullosa madinat cediera. Tuvo que sucederse, en 1096, una ferocísima batalla, extramuros de la ciudad, para que, una vez derrotada la confederación de ejércitos cristiano-musulmanes que defendían el honor de aquella altiva reina mora amurallada, la madinat de Wasqa accediera a abrir sus inexpugnables puertas a aquellos montañeses que la demandaban como botín de guerra.

 

…y aquel potro de piedra, herido por novecientos treinta y tres años de sacudidas del tiempo, aún mira, ahora decrépito y entrañable, a la yegua oscense que, admirada y conmovida, lo columbra al otro lado de la acostumbrada boira pertinaz.




NOTAS

[1] Denominación de Huesca durante su pertenencia a Al-Ándalus.
[2] Nombre árabe para ciudad.
[3] Denominación de Zaragoza durante su pertenencia a Al-Ándalus.
[4] Entre los musulmanes, doctores o sabios de la ley.

Read Full Post »

«La patria en los zapatos»: Archivo personal

 

Cimbrea el viento los viejos cipreses y acicala la lluvia las primorosas copas de almendros, litoneros, robles y pinos, encharcando santolinas y bojes y formando un barrillo que se adhiere a las deportivas de las jaraneras pandillas que, embozadas en lenes y coloristas chubasqueros ya calados, recogen, sin prisas pese al aguacero, los restos de los festines en la ladera norte del cerro de San Jorge, la familiar colina en la que, desde hace siglos, se festeja la capitulación de la invicta ciudad sarracena de Wasqa a cuyos ejércitos, unidos a los castellanos, vencieran las tropas aragonesas de Pedro I en 1096, en la batalla que la historia llamaría de los llanos del Alcoraz y donde el mágico caballero Jorge, cabalgando por la atmósfera, decantó la victoria, dicen, hacia el expansivo ejército aragonés, obligando a la ciudad de las cien torres a abrir los preciados portalones de sus inexpugnables murallas a aquellas huestes de cristianos montañeses que durante tantos años venían codiciándola. Y así fue como el antiguo poblado de Bolskan, que los romanos celebraron como Osca para pasar a ser bastión de Al-Ándalus del Norte durante cuatro siglos con el nombre de Wasqa, convirtióse en la Huesca aragonesa sin perder jamás la memoria de los pobladores que la habitaron a lo largo de la historia.


Hoy, 23 de abril —Día de Aragón— como en el canto de La Tronada, llueve.


NOTA

Dondiniar es un vocablo aragonés que significa vagar, merodear, ir de un sitio a otro.

 

Read Full Post »

«Reflection in puddle»: Eugene Romanenko


Esta vez no habrá escapadas emotivas”, dice el profesor Tarlós cuando el grupo aborda la mashruska[1] que une Chișinău con Tiraspol. “Visitaremos la destilería, comeremos, daremos un pequeño paseo por la ciudad y regresaremos dentro del cómputo de tiempo que nos dan para estar en el territorio”. Territory, lo llama. No country, state o nation. Territory. Transnistria. La rebelde Transnistria independizada unilateralmente de la República de Moldavia y autoproclamada República Moldava Pridnestroviana; rumanizada la Moldavia reconocida internacionalmente; profundamente rusa e ignorada la otra, la separatista y eslava Transnistria. Y, entre ambas, una guerra civil felizmente corta pero, aún así, cruenta, y un conflicto territorial largo y, aparentemente, irresoluble.

En la frontera —porque la RM Pridnestroviana tiene instalada su propia frontera, tanto en la parte que linda con Ucrania como en la de la oficial República de Moldavia— los guardias eslavos de Transnistria recogen los pasaportes que, en bloque, les entrega el conductor de la mashruska. Enseguida sube un agente y se dirige, en ruso, al profesor Tarlós y su grupo, preguntándoles si se trata de una visita turística. “De estudios”, responde el profesor, también en ruso. “Estamos invitados a la destilería Kvint de Tiraspol”. En un ticket-visado entregado a cada miembro del grupo se les concede una estancia de veinticuatro horas en la República Moldava Pridnestroviana a partir de ese mismo momento, con la aclaración verbal, en inglés, de uno de los agentes, de que si, por cualquier circunstancia, se prolongara la visita están obligados a acudir a la oficina de registros para solicitar una prórroga de estancia y comunicar su lugar de alojamiento. “Y si no, nos mandan al gulag”, murmura entre dientes Monique, una ingeniera agrónoma marsellesa, sin perder la sonrisa.

Las pinceladas de ambientación soviética de la capital moldava, Chișinău, adquieren unos trazos bastante gruesos en Tiraspol, la capital de la RM Pridnestroviana, con la desmesurada estatua de Lenin que, a modo de elevado cancerbero, se alza ante el parlamento de Transnistria; o los repetidos murales donde el Che Guevara, tocado con su gorra roja ladeada, taladra con la mirada a quienes transitan junto a los muros pintados de héroes —Yuri Gagarin incluido— que se asoman a unas calles limpias y con apenas tráfico, álbumes de una época sobrepasada.

Entre tanto memorial, tanto cemento y tanta herrumbre del pasado; ¿a que no hay la mínima alusión a los gitanos que deportaron y dejaron morir de hambre rodeados de alambradas en Transnistria?¿y a los judíos…?”, le pregunta la veterinaria a Stefan Tarlós, en un aparte, durante la degustación de brandis en la Kvint. “De eso no culpes a los rusos. Fue Antonescu. Fuimos nosotros, los rumanos, quienes lo hicimos”, responde él. Y añade mientras se lleva la copa a los labios y finge beber: “Pero no se te ocurra preguntarles a estos porque es posible que te manden a Soroca[2] de una patada en el culo”.



Dos días después, y mientras el avión que la transporta de Bucarest a Barcelona consigue que las dos repúblicas enfrentadas se pierdan en la distancia, retoma la veterinaria la lectura de Negro y rojo, el libro de Ioan T. Morar que, de manera novelada, cuenta la historia de los crímenes cometidos por el ejército rumano en Odesa y la deportación de los gitanos a Transnistria durante la Segunda Guerra Mundial.


[…]No hubo ninguna lucha contra el enemigo, aunque eso fue lo que les dijeron, que había que aniquilar al enemigo, y a los soldados les extrañó ver que ante ellos no había ningún enemigo terrible, ningún civil armado, sino tan solo una población descompuesta, paralizada por el miedo e incapaz de toda respuesta. La única arma de aquel extraño enemigo eran sus lamentos, sus gritos y alaridos a los que se unía la inútil invocación a la compasión[…].- Negro y rojo. Fragmento de la novela de Ioan T. Morar, traducida del rumano por Joaquín Garrigós.


NOTAS

[1] En Moldavia, autobús.
[2] Ciudad moldava donde habitan muchos gitanos.

 

Read Full Post »

«Loarre en el corazón»: Archivo personal


«Para mí Loarre es el refugio oscuro del inconsciente histórico de Aragón. Como hay alguna clase de paralelo entre lo individual y lo colectivo y entre lo actual y lo histórico, para mí Loarre es también mi propio mundo inconsciente, oscuro, profundo y de un gran sentido trascendente. Con ángeles truncados, arcos románicos bajos y curas blasfemos o ascéticos. Búhos nocturnos, golondrinas estivales y murciélagos, y además esos trasgos de la noche eterna todavía sin nombre.
En Loarre se siente uno satisfecho de ser aragonés y orgulloso de un pueblo que haría honor a los pueblos más nobles de Europa
».- Ramón J. Sender.

Encallado en la sierra, entre las grisáceas peñas que disimulan su portentosa presencia a las miradas del llano, álzase el castillo de Loarre, bajel montañés varado donde rompe el oleaje del viento mientras las risas infantiles reverberan entre sus sobrios aparejos de piedra y resucitan, con el sonido de las juguetonas espadas y los graciosos alfanjes de madera, los viejos tiempos, cuando la protectora muralla de ciento setenta y dos metros contenía las escaramuzas sarracenas y cristianas.

Trepan las inquietas piernas infantiles por los veintisiete escalones y el alegre ejército de visitantes se hace fuerte en el mirador de la Sala de la Reina, el puente de la Torre del Homenaje y la Capilla Real, cuyos suntuosos capiteles parecen contemplar, entre las sombras, las idas y venidas de la muchachada que improvisa colosales aventuras bajo los arcos ciegos.

Acaso entre las ventanas ajimezadas y las aspilleras, los espectros de cabecera del bastión aragonés, el conde don Julián y doña Violante de Luna, abandonen sus pesares de siglos y, entre fantasmales sonrisas, observen las corpóreas formas que saquean el silencio y los invocan, con voces entre asustadas y divertidas —“¡Don Julián, don Julián! ¡Doña Violante, doña Violante! ¿Estáis ahí? ¡Salid, que no os vamos a hacer nada!”—, para, a contiinuación, y tras unos segundos de concentrada quietud, salpicada por algún “¡callaos, que si se asustan los fantasmas, no saldrán!”, retornar al pueril jolglorio excursionista, ajeno a la milenaria compostura de la fortaleza que se ensoberbece, magnífica y camuflada, sobre la Hoya.

Read Full Post »

«Edificio de la Judería de Huesca»: Archivo personal


«Yo, Mossé Raenas judío Osce, atendient e considerant que tu Anthonico d’Asín, que ante te dezían Jacobico Rahenas, que en tan tierna edat te fiziés cristiano, e yo me voy por la spulsión de los ditos judíos de la senyoría del Rey nuestro señor e no te quede bienes ningunos para te alimentar, e yo no tengo qué darte si no unas casas sitas en la judería, por tanto renuncio en tu Anthonico d’Asín et en quien tu querrás et mandarás las ditas casas mías.»– Donación documentada el 22 de julio de 1492 de las posesiones de un judío expulsado de Huesca a un muchacho converso.


Extramuros, la Judería. Ya nadie la denomina así. Comenzó a perder el nombre aquellos días de entre finales de julio y primeros de agosto de 1492, cuando los cuatrocientos cincuenta miembros irreductibles de la comunidad instalada desde el siglo XI en el exterior de la muralla, frente a la puerta de Ramián, enfilaron  —oscenses dolientes mas orgullosos de su religión—  el camino que les conduciría lejos, tan lejos, de su ciudad de origen, de la Osce Biella donde la convivencia armónica y la protección de los reyes aragoneses y hasta de la propia catolicísima iglesia trocóse en indisimulado odio de la feligresía cristiana, acometidas, torturas, pillaje, inquisiciones, encarcelamientos y hogueras purificadoras. Marcháronse cuatrocientos cincuenta  ¿o fueron quinientos?—  mujeres, hombres, criaturas de sus hogares y tierra, en triste procesión que grabaron en las pupilas quienes, abocados a abrazar la fe imperante y única, permanecieron entre los muros de sus hogares, con los labios susurrando la filiación de los ausentes y la fe de bautismo de la nueva religión dispuesta para el cotidiano escrutinio de suspicacias y denuncias. Barrio de Mesnaderos, dieron en llamar las autoridades de la Corona al conjunto de casas y callejas donde los plateros, mercaderes, sastres, tintoreros, zapateros, especieros, albarderos, cirujanos y prestamistas judíos desarrollaron sus oficios y sus ritos ancestrales y repoblado, tras la expulsión de buena parte de sus moradores, por cristianos viejos, amén de los nuevos. “Judería. Es la Judería”, insistían los habitantes de la ciudad. Tuvieron que pasar cien años y la promesa de 40 días de indulgencia por parte del obispo oscense Diego Monreal a quienes utilizaran el nuevo nombre para que la denominación Mesnaderos empezara a ser familiar en la ciudad, cayendo, no obstante, en desuso en beneficio de otra que la ciudadanía consideró más acorde con la situación, surgiendo el nombre que ha llegado hasta nuestros días: Barrionuevo.

Conserva Barrionuevo el trazado de sus dos callejas semipeatonales y un conjunto de casas rehabilitadas que llevan con la imaginación a otros tiempos y otras gentes. Y al final de uno de los laterales, durmiente, discreto, abandonado y erguido, un viejísimo edificio  con ligeras modificaciones en su fachada—  que en el medioevo hubo de ser el alma de la Judería: La sinagoga pequeña; la única de las tres levantadas en Huesca que, aun olvidada y desconocida por quienes atraviesan hoy en día Barrionuevo para llegar al centro de la ciudad, guarda entre sus piedras siglos de historia.




ANEXO
La Judería de Huesca, de Antonio Durán Gudiol (Biblioteca Virtual de Aragón).

Read Full Post »

«Lux et umbra»: Archivo personal


La matanza fue el domingo, 23 de agosto de 1936. De los horrendos sucesos acaecidos en las afueras de la ciudad siempre se supo, pero el temor y el sufrimiento abotargaron los recuerdos de la ciudadanía hasta que, siete décadas después, el concienzudo periodista y escritor Víctor Pardo Lancina y el inolvidable y polifacético Manolo Benito Moliner rescataron de la amnesia colectiva la dantesca historia de las desgraciadas víctimas de la saca del 23 de agosto, «salvajemente apaleadas, torturadas y finalmente linchadas hasta la muerte».

Huesca, que había votado masivamente a la izquierda en las últimas elecciones republicanas, quedó, desde los primeros días de la guerra, en manos de los sublevados, convirtiéndose en una ratonera para toda aquella persona de ideas contrarias que no pudo huir de la ciudad. Pronto empezaron las detenciones y fusilamientos de quienes se habían significado como izquierdistas y republicanos convencidos.

La ciudad fue cercada por los valedores del gobierno legal y en agosto se produjeron los primeros bombardeos; en el del 23 agosto, dos personas muertas por el impacto de las bombas de la aviación republicana fueron el detonante para que las autoridades del nuevo orden y sus cómplices con sotana aprovecharan la angustia y el desconcierto de la población para culpar a las hordas rojas, representadas por cerca de un centenar de personas encarceladas en la ciudad, de los males pasados, presentes y venideros.

En ese ambiente de manipulación, ira y pánico, la Comandancia de Huesca «procedió a liberar» a noventa y seis de las personas presas dejándolas, a continuación, en manos de un grupo de hombres que, a la vista de toda la ciudad, cargaron a las recién excarceladas gentes en varios vehículos dirigiéndose a las afueras entre improperios contra los detenidos y vivas a España y a la Falange de unos vecinos y el doloroso silencio de otros, familiares, amigos y conocidos de los noventa hombres y seis mujeres  entre ellas, Conchita Monrás, esposa de Ramón Acín—  cuyo espeluznante final fue silenciado durante setenta años.


«Es muy difícil conseguir información sobre lo ocurrido, pero una persona valiente nos ha ofrecido un testimonio impagable: La matanza debió tener lugar en Las Mártires o en algún punto del norte de Huesca, en las afueras. Agustín Justes López -ya fallecido- se encontró con un grupo de hombres que volvían de la matanza. De entre ellos, llamó especialmente su atención uno. Un hombre alto y corpulento que vestía un “mono” de trabajo. La parte superior del “mono” estaba ostensiblemente manchada, muy manchada, de sangre. Agustín me dijo como se llamaba, lo he olvidado, pero sé que era una persona muy conocida, matarife del Matadero Municipal. Este hombre, muy excitado, se ufanaba a gritos de haber matado a varias personas “sin malgastar balas”, sólo con una especie de gran cuchillo que portaba, y utilizando las artes y técnicas propias de su oficio de matarife.»Manuel Benito Moliner.




IN MEMORIAM,

Luis Aineto Bimbela. Severiano Álvarez Saavedra. José Allué Martínez. José Arnal Mur. Ramón Arriaga Arnal. Clemente Asún Bergés. Máximo Atarés Tolosana. José Azorín Ferriz. Antonio Bajén Blanch. Rafaela Barrabés Asún. Victoria Barrabés Asún. Eduardo Batalla González. María Sacramento Bernués Estallo. Lorenzo Bescós Santalucía. José Blanch Pujadó. Adrián Boned Ulled. José María Borao Belenguer. Gabriel Buendía Barea. José Cajal Jalle. Alejandro Calvo Campo. Modesto Casasín Mavilla. Francisco Castán del Val. Mariano Catalina Mata. Francisco Ciprés López. Emilio Coiduras Ascaso. Desiderio Conte Guiral. Carlos Elías Hernández. Martín Escar Belenguer. Francisco Escario Allué. José Espuis Buisán. Valeriano Estaún Ramón. Eduardo Estrada Acedos. Antonio Ferrer Escartín. Antonio Forcada Visús. Eugenia Funes Tornes. Jesús Gascón de Gotor. Alonso Gaspar Soler. Ángel Gavín Pradel. Macario Gil Alastruey. José María Gracia Bretos. José María Gracia Cabellud. Gregorio Gracia Lanuza. Cándido Iguacel Campo. Manuel Jal Viñola. Carlos Jos Fontana. Manuel Lalana Vicente. José Laliena Lasierra. Jesús Lamela Bolea. Santiago Lanao Sanvicente. Mariano Laplaceta Carrera. Máximo Larripa Bardají. Gaspar Larroche Salillas. Manuel Lasierra. Jesús Latorre Clavería. Alejandro Luzán Biarge. Juan Llidó Pitarch. Francisca Mallén Pardo. Guillermo Marzal Gómez. Francisco Martínez Dena. Desiderio Maurel Puyol. Augusto Miñón Alonso. Pío Monclús Lafarga. Concha Monrás Casas. Santiago Muñoz Nogués. Francisco Obis Lisa. Pablo Ordás Tafalla. Jesús Otal Viela. Jesús Pallarés Ferrer. José Pascual Labarta. Adolfo Pastor Santamaría. Antonio del Pueyo Navarro. Alberto Pueyo Peleato. Faustino Pueyo Peleato. Francisco Puig Capdevila. Carlos Raimúndez Marco. Francisco Ramón Doz. Andrés Rivas Ferrer. Saturnino Rodellar García. Isaac Royo Alfonso. José Ruiz Galán. Antonio Sanagustín Sanagustín. Jerónimo Sánchez Cama. José Sansan Viu. Jerónimo Sanz Arbona. Pedro Sanz Ciprián. Pedro Sanz Peral. José Sarasa Juan. Jesús Sarraseca Fau. Manuel Soneiro Casasnovas. José María Teller Torres. Inocencio Tolosana Alayeto. Fidel Torres Escartín. Ramón Val Bernal. Baltasar Villacampa Oliván. Lázaro Viñau Aranda. Saturnino Virto Anguiano.

Read Full Post »

«The Source»: Giovanni Auriemma


«Patim una adulteració constant de la història, però la gent no s’informa i s’ho creu tot. Estem investigant la història llunyana, però cal també investigar i fer pública la veritat de la història recent.»[***] – De un editorial del Institut Nova Història, organismo de los Països Catalans sin cuyos delirantes artículos esta mojiganga no hubiera sido posible.


Le han encasquetado la barretina a la calavera chamuscada de Miguel Servet[1] como antaño hicieran con los reales despojos de Pedro III[2], personajes usurpados por Aragón el Maligno al histórico Reino de Catalunya la Magna, nación de naciones, imperio que los tres mil cuatrocientos cuatro metros del Aneto —monte catalán hasta hace poco— contemplaban cual castellet natural cuatribarrado.


Entonad el mea culpa, castellanos, que malograsteis la catalanidad del ingenioso hidalgo don Quijote despreciando la autoría de Joan Miquel Servent, al que transformasteis en el inexistente Miguel de Cervantes[3].


Quedáronse  pequeños los territorios del Imperio Catalán en Europa y ya otean los escrutadores ojos de la historia ocultada las tierras allende los mares, donde Colón[4] —catalán, obviamente— dejó su impronta. ¿Serían catalanes camuflados aquellos colonos del Mayflower que arribaron al Norte de las falsas Indias, donde ahora ondea el estandarte de barras y estrellas sospechosamente similar a la imperial senyera estelada[5]?





NOTAS




Dicebamus hesterna die…


[***] «Sufrimos una adulteración constante de la historia, pero la gente no se informa y se lo cree todo. Estamos investigando la historia lejana, pero hay que investigar también y hacer pública la verdad de la historia reciente.»

Read Full Post »


Unas sencillas placas de hormigón chapado en latón dorado y colocadas, a modo de adoquines, junto a diferentes edificios de Alemania, Polonia, Austria, Países Bajos y otros países europeos donde el nacionalsocialismo se adueñó de la vida y la muerte de la ciudadanía, son la contribución del artista Gunter Demning a la Campaña contra el Olvido ideada por él mismo en 1997 bajo el lema: «Una persona tan sólo se olvida cuando se olvida su nombre«.

El Proyecto Stolpersteine (Las Piedras del Tropiezo) es un homenaje al gitano, al judío, al eslavo, al homosexual, al Testigo de Jehová, al disidente político; al vecino, al estudiante, al diputado, al ama de casa, al obrero, al discapacitado, al vagabundo que compartió edificio, hogar, trabajo, aula, calle, ruta y saludos y que un día fue arrebatado de su entorno cotidiano, como si jamás su presencia hubiera formado parte de la aldea, del barrio, de la ciudad. Desaparecido. Muerto. Olvidado.

Las placas,  —más de 35.000 hasta la fecha, cuyo coste de unos noventa y cinco euros se financia mediante aportaciones ciudadanas—,  son colocadas a pie de calle y llevan una leyenda  —precedida por las palabras “Aquí vivió, o trabajó, o fue asesinado…”—  con el nombre de la persona y las fechas de nacimiento y desaparición o muerte. El primer adoquín se colocó en Austria, el 19 de julio de 1997, en recuerdo de Johann Nobis, Testigo de Jehová ejecutado el 8 de enero de 1940 por objetar contra el servicio militar.


[…]A través de la tierra juntad todos
los silenciosos labios derramados.[…]
PABLO NERUDA

Read Full Post »

« Newer Posts - Older Posts »