Feeds:
Entradas
Comentarios

Posts Tagged ‘asesinato’

“In memoriam”: Archivo personal


…y allí, en la Sierra de Urbasa —donde los familiares quebrantahuesos derrotan al aire— recrea el cerebro, a menos de tres palmos del corazón acongojado, la angustiosa subida de los prisioneros, el aterrador sonido de las armas y el espantoso alarido de los moribundos arrojados al corazón de la sima…

…allí, al sur, en el mirador que dicen balcón de Pilatos, donde un oleaje de fresnos, hayas, olmos, mecen sus copas y graznan los cuervos mientras remontan los alimoches los más de novecientos metros de cortada en anfiteatro…

…y ella, con los pies tanteando el reborde pétreo del abismo y los ojos encharcados y salinos, fingiendo otear el mágico nacedero del río Urederra

…ella, cerrando, al fin, los ojos para abrirlos de nuevo y sentir sus lágrimas deslizarse, alígeras, hasta el mentón para impulsarse y fenecer entre las manos apretadas contra las rodillas.


En la Nada Infinita recita Pablo Neruda su Canto XII.

Read Full Post »

IMG-20200604-WA0000

“Waiting”: Archivo personal


(…)

Loco —Nuestro anarquista, en pleno rapto… (ya veremos luego cómo encontrar entre todos un motivo más verosímil para ese gesto insensato)… se levanta de un salto, toma carrerilla… Un momento… ¿Quién le sirvió de estribo?

Comisario —¿De estribo?

Loco —Sí, ¿quién de ustedes se colocó junto a la ventana, con las manos cruzadas a la altura del vientre, así, para que él apoyara el pie, y ¡zas!, tomara impulso para volar por encima del parapeto?

Comisario —Pero, ¿qué está diciendo, señor juez, no pensará que nosotros…?

Loco —No, por favor, no se altere, simplemente preguntaba… Es que, al ser un salto  tan grande con tan poca carrerilla, sin ayuda de nadie… pues no quisiera que alguien dudara…

Comisario —No hay nada que dudar, señor juez, se lo aseguro. ¡Lo hizo todo solo!

Loco —¿No había ni una de esas tarimas de competición?

Comisario —No

Loco —¿El saltarín llevaba zapatos con tacón elástico?

Comisario —No, nada de tacones.

Loco —Bien, así que tenemos, por un lado, un hombre de 1.60 escasos, solo, sin ayuda, ni escalera… Por otro, media docena de policías que, pese a encontrarse a pocos metros, uno incluso junto a la ventana, no llegan a tiempo de intervenir…

Comisario —Es que fue tan repentino…

Agente —No se figura lo ágil que era ese demonio, por poco no consigo sujetarle el pie.

Loco —Oh, ya ven, mi técnica de provocación funciona… ¿Le sujetó del pie?

Agente —Sí, pero me quedé con el zapato en la mano, y él se cayó.

Loco —No importa. Lo importante es que se quedara el zapato. El zapato es la prueba irrefutable de su voluntad de salvarle.

(…)

Dario Fo: MUERTE ACCIDENTAL DE UN ANARQUISTA.


Entre el bosque de pináculos y agujas neogóticas que conforman el tejado marmóreo del Duomo milanés, las voces de sorpresa y admiración ascendían hasta rozar el nubarrón adiposo que pendía sobre la Madonnina, cuyas hechuras de cobre recubiertas de oro lanzaban destellos con cada suave salpicadura de lluvia que, pausada y silenciosamente, descendía de la agrisada bóveda celeste.

Desde el húmedo otero abarcaban los ojos el mapa pétreo de la ciudad, con el inconfundible trazado de la Galleria Vittorio Enmanuelle que guarda, bajo su acristalada cúpula, el mosaico del toro sobre cuyos desdibujados testículos hacen girar los talones quienes, buscando o no la suerte que la leyenda atribuye a dicha acción, atraviesan la ruta de establecimientos carísimos que comunica la plaza de la catedral con la del Scala.

De regreso de Santa Maria Delle Grazie, con la decepción cincelada en los rostros ante la imposibilidad de ver el soberbio Cenacolo del maestro Leonardo, la llovizna se cargó de reproches.


Si ya os dije que cerraban a las siete…

Vamos mañana, a primera hora.

…y todo por el Pinelli ese… Tiene narices. La lápida de un anarquista que se puede ver a cualquier hora contra una obra de arte… Quien os entienda que os compre.

Que iremos mañana, pesada.


A poca distancia del Duomo, en la Piazza Fontana, una placa colocada en 1979 sobre la pared de la Banca Nazionale dell’Agricoltura, recuerda a las diecisiete víctimas mortales del atentado neofascista perpetrado el 12 de diciembre de 1969 y que, durante años, se atribuyó a grupos anarquistas. Otra placa, situada en los jardines del Palazzo del Capitano di Giustizia, recuerda a Giuseppe Pinelli, el anarquista italiano acusado falsamente como autor del atentado y que falleció al ser arrojado desde la cuarta planta de la prefectura policial donde estaba siendo torturado e interrogado por los hombres del comisario Luigi Calabresi. Pese a las pruebas forenses que indicaban lo contrario, la justicia determinó que no había motivos para inculpar a los policías encargados de la custodia de Pinelli.

En 2007 el Vaticano inició un expediente de beatificación del condecorado comisario Luigi Calabresi, asesinado en 1972 por un grupo de extrema izquierda.


Septiembre, 2016

Read Full Post »

“Aflicción II”: Archivo personal


El 17 de agosto de 1963 se daba cumplimiento a la sentencia que condenaba a ser ajusticiados, mediante garrote vil, a Francisco Granados Gata y Joaquín Delgado Martínez, acusados de la colocación de dos artefactos, en diferentes ubicaciones del Ministerio de la Gobernación, que habían explotado el 29 de julio de 1963 con resultado de cuantiosos destrozos y una treintena de heridos de diversa consideración.

En la sentencia se alegaba que “había quedado probada” la pertenencia de los acusados a las Juventudes Libertarias y se relataban las idas y venidas de ambos hombres hasta el momento del atentado, “de cuya autoría no existía la menor duda, tanto por las pesquisas llevadas a cabo como por la actitud y la militancia de los reos” (sic). Que los dos libertarios apresados el 31 de julio, juzgados y condenados en procedimiento sumarísimo, fueran ajenos al delito por el que se les iba a ajusticiar, carecía de importancia para quienes habían hecho de la represión y la muerte bandera de su proceder.

Transcurridos diecisiete días desde la detención, el deceso por traumatismo bulbar —como así constaba en el certificado forense— ponía un aparente punto final a un suceso que tuvo escaso eco en la sociedad española de la época.

Treinta y tres años después de la ejecución de Francisco Granados y Joaquín Delgado, dos hombres entrados en años —ciudadanos franceses de origen español— se autoinculpaban públicamente de la colocación de los explosivos, presentando las mismas pruebas que, en su día, poseyó el Tribunal que juzgó y condenó a Granados y Delgado; pruebas que entonces ya exculpaban a los condenados del delito de atentado y que los jueces togados de la justicia franquista prefirieron obviar al objeto —es de suponer— de que la muerte de los dos anarquistas sirviera de escarmiento y macabra advertencia a cuantos pretendieran quebrar los vitoreados Años de Paz de los que alardeaba el régimen.

En la década de los años noventa, promulgada una ley que otorgaba una indemnización a las personas represaliadas por el franquismo o, en su defecto, a sus familias, Pilar Vaquerizo, viuda de Francisco Granados, presentó una solicitud para acogerse a dicha ley. La pensión le fue denegada.
La Ley 46/1997 de 15 de octubre especifica, con mucha asepsia, que tienen derecho a la indemnización correspondiente aquellas personas —o sus herederos— que hubieran sufrido privación de libertad en establecimientos penitenciarios durante tres o más años. De Granados y Delgado, su compañero de infortunio, sólo se podían acreditar diecisiete días de encarcelamiento. “No ha, por tanto, lugar a la percepción de ninguna cantidad” (sic).





POST SCRIPTUM

  • El 3 de febrero de 1998, las familias de Francisco Granados Gata y Joaquín Delgado Martínez presentaron en el Registro General del Tribunal Supremo, recurso de revisión contra la sentencia dictada el 13 de agosto de 1963. La Sala de lo Militar denegó la autorización para interponer dicho recurso en Auto de 3 de marzo de 1999. Solicitado el amparo del Tribunal Constitucional, éste declaró nulo el Auto anterior obligando al Tribunal Supremo, en sentencia de 13 de julio de 2004, a continuar con las diligencias para revisar las condenas a muerte

  • Pese a la anulación de facto dictada por el Constitucional, el 18 de diciembre de 2006, tres de los cinco magistrados de la Sala de lo Militar del Tribunal Supremo, denegaron, por segunda vez, autorización para interponer recurso extraordinario de revisión de las condenas a muerte, alegando que las confesiones realizadas años después por los autores reconocidos de los atentados, así como las declaraciones de los testigos presentadas por las familias para dar curso a la revisión, “carecían de credibilidad y resultaban incongruentes” (sic).




ANEXO


NOTA

La primera versión del artículo se publicó en esta bitácora el día 31 de octubre de 2011.

Read Full Post »

P91124-120228(1)

“Ramón Acín. Autorretrato”: Archivo personal


Acín tenía una vocación decidida por lo que en el Alto Aragón llaman risalleta. La risalleta es la media risa. Podríamos decir que es la risa pensada, estilizada, aséptica, racionalizada, no insistente en exceso ni malévola por defecto o superávit. Es un pensamiento dibujado, la boca a medio abrir y en los ojos no siempre malignidad. Tenía Acín una grosura labial que con el bigote corto y negro bajo uno de aquellos sombreros de contrabandista gibraltareño que usaba, le hacía parecer como perfecto guerrillero contra la Aduana, contra los civiles, contra los curas y contra los carabineros. El labio grueso destinado a plegarse con suavidad y malicia bondadosa, le hubiera dado aire a primera vista de mozo de estoques, cantador de flamenco o cura disfrazado si Acín no hubiera amenizado su cara con unas patillas doceañistas y un bigote, no recortado como de cineasta, sino cepilloso, destinado a dar reciedumbre a su estampa.

[…]

Conoció el destierro, la cárcel, la aversión de los peores y la soledad por incomunicación, aun estando muy acompañado. Pero lo que conoció, sobre todo, fue la serenidad y el amor irrefrenable a la eficacia. Dedicado a la enseñanza como a una profunda preocupación, sus discípulos pueden decir que no conocía el dogmatismo ni la testarudez. A los testarudos les daba un baño de familiaridad y les hacía ver que la testarudez puede ser un defecto y también una cualidad excelente si se matiza y se hace educada.

[…]

¡Inolvidable Ramón! Cuando las malditas balas falangistas taladraron su cerebro, entraban en una de las mentes más finas de Europa. Cuando la sed de sangre se sació con la sangre de Acín, la inmunda fiera pudo decir que destrozaba una de las vidas más puras, una de las vidas que latían con más decoro y con más esplendidez.

[…]

Sano como el cierzo de Aragón, animoso y afectivo como pocos; como pocos digno y ferviente sin manotadas fue Acín. Era un valor aragonés no cuadriculado en el regionalismo ni en ningún “ismo” exclusivista. Supo mirar cara a cara a la vida. Heroicamente supo también mirar cara a cara a la muerte. Así era Acín. Su memoria no queda ingrata para nadie. Tuvieron que matarlo gentes de presa, miserables hienas de manotada impune en el minuto del sacrificio. Y se atrevieron a matar también a su compañera. Concha, tan abnegada, tan madre de dos capullos que nacieron y vivieron la niñez junto a sus padres como junto a dos camaradas de confianza y de bondad sin límites.

Se perdieron dos vidas acordes, dos vibraciones que al desaparecer nos han dejado sin dos hermanos en quien confiar. Aquellas balas nos han tocado un poco a los que tanto les queríamos.

Los detalles de aquellos asesinatos no están aún en nuestra seguridad. Sabemos que los asesinos amenazaron de muerte a Concha en presencia auditiva de Acín y que éste se dio a las zarpas enemigas para salvar a su compañera. Ni aún así pudo salvarla de los impactos.

Ramón Acín [1] era un constructor, un auténtico constructor, siempre con iniciativas en acción y preocupaciones en vilo. Sabía atraer a los perversos con bondad y a los torpes haciéndose en ocasiones el torpe para no malograr con la visión de una excesiva diferencia de calidad que podía incrustarse en la retina ajena, el afán de proselitismo limpio y probo.

Murió de pie como el legendario Enjolras [2] y su vida fue corta, pero llena.

Los que fuimos sus amigos hemos de realizar su pensamiento creando el Museo de los Oficios, inventario popular del trabajo embellecido y de la belleza trabajada y matizada. Y pensar en él, pensar en el maestro bueno que desconocía el desaliento y la doblez. Acín, en su pensamiento y en su obra, es ya nuestro. Siempre será nuestro. Y el día de la victoria tan nuestro como siempre. Seamos dignos de él.

Fragmentos de Vida y muerte de Ramón Acín, ensayo biográfico escrito, en 1937, por Felipe Alaiz de Pablo (1887-1959).


NOTAS

[1] Pintor, escultor, cartelista, articulista, pedagogo. Profesor de Dibujo de la Escuela Normal de Huesca. Anarquista. Ochenta y cuatro años atrás, tal día como hoy, fue asesinado por los fascistas en la ciudad que tanto amó.

[2] Lider revolucionaro de las barricadas parisinas que aparece en la novela Los miserables, de Victor Hugo.

Read Full Post »

“Donde el horror”: Archivo personal


“[…]Eduardo Cantos, el ex director de la cárcel, declaró haber estado presente aquel día en el interrogatorio de dos de los reclusos. De dos de los apaleados como Rueda. Y explicó que no se enteró de que les estuvieran pegando porque se encontraba de espaldas y hablando por teléfono. Eso dijo Eduardo Cantos con toda impavidez y sin que le temblara la grasienta papada. Qué apasionante llamada debía de estar realizando, qué espaldas tan impenetrables y graníticas, para que allí, en el morrillo de su corpachón, se estrellaran y perdieran los quejidos, los insultos, los alaridos, el redoble seco de los golpes. Así están todos, sordos y ciegos. Y a su paso van dejando un reguero de sangre […]”- Fragmento del artículo Década, escrito por Rosa Montero y publicado en el periódico El País el 16 de enero de 1988.


Un túnel de cuarenta metros descubierto en la cárcel de Carabanchel la mañana del día 13 de marzo de 1978 determinaría la muerte a golpes —“apalizamiento  generalizado, prolongado, intenso y técnico”, según harían constar los forenses que realizaron la autopsia— de Agustín Rueda Sierra —preso anarquista de 25 años y miembro de la C.O.P.E.L— en algún momento entre las diez y media de la noche del día 13 y las siete de la mañana del día 14. Otros siete presos [1] sufrirían en sus cuerpos la furia inquisidora desatada en aquella mañana carcelaria proemio de la muerte de Agustín Rueda a manos de sus carceleros; siete hombres lacerados que pondrían voz acusadora  al calvario del compañero muerto.

Alfredo Casal Ortega, uno de los compañeros torturados junto a Agustín, recordaba que, en las horas previas a la muerte del joven anarquista, “pedimos a gritos que viniera un médico, pero no obteníamos respuesta. Agustín tenía todo el cuerpo negro de los golpes recibidos. En un momento dado, que yo creo calcular que se correspondía con las dos de la tarde, me empezó a decir que no sentía los pies. Le empecé a realizar masajes para intentar reactivar la circulación sanguínea, pero era inútil, ya que cada vez la insensibilidad iba en aumento y poco a poco dejó de sentir las piernas. Sobre las tres y media, de rodillas para abajo no sentía nada. Fue el momento en que llegaron los dos médicos de la prisión, llamados Barigón y Casas, que entraron en la celda y a los que expliqué los síntomas que padecíamos. Sacaron unas agujas largas y empezaron a clavárselas a Agustín en los pies. No había reacción. Fueron clavándoselas cada vez más arriba y cuando llegaron un poco más arriba de las rodillas dio muestras de sentir los pinchazos. De rodillas hacia abajo no sentía absolutamente nada. Los sanguinarios médicos se incorporaron y uno de ellos le dio una patada en las costillas a Agustín, diciéndole: “Eso es de la humedad del túnel”. Y como vinieron se fueron, dejándonos en las condiciones en que estábamos. Media hora más tarde nos tiraron, a través de los barrotes de la celda, como el que tira cacahuetes a los primates, unas pastillas para el dolor, abandonándonos a nuestra suerte. Agustín fue consciente durante todo ese tiempo de su real situación. En las horas que pasaron me dijo en varias ocasiones que sabía que se estaba muriendo. Tenía mucha sed, por lo que constantemente procuraba darle de beber en su boca y le mojaba los labios constantemente. […]Sobre las 10 de la noche ya apenas podía articular palabra, sentía mucho frío, su mirada cada vez estaba más y más perdida. A eso de las diez y media de esa noche bajaron dos desconocidos acompañados de funcionarios carceleros, abrieron nuestra celda y pusieron a Agustín dentro de unas mantas y se lo llevaron a rastras, como si de un objeto se tratase. Nuestras protestas no sirvieron de nada. Sólo nos dio tiempo a apretarnos las manos. Ambos sabíamos que no nos volveríamos a ver. Jamás olvidaré ese momento”.


Amigo Luís Llorente, que fuiste preso ayer;

escúchame Felipe; Santiago, entérate:

bajad de esos escaños forrados de papel,

que Agustín Rueda Sierra murió en Carabanchel.

¿Hay libertad?; ¡Qué libertad!

Si cuatro de uniforme te empiezan a pegar.

¿Hay libertad?; ¡Qué libertad!

Tendido está en el suelo y no contesta ya.

Bonita democracia de porra y de penal;

con leyes en la mano te pueden liquidar.

Y a aquél que no lo alcanza de muerte un tribunal,

lo cogen entre cuatro y a palos se la dan.

¿Hay libertad?; ¡Qué libertad!

Lo sacan de la cárcel para ir al hospital.

¿Hay libertad?; ¡Qué libertad!

Agustín por buscarla, miradlo como está. [2]


Diez años después, en 1988, los desalmados inductores y autores [3], por acción u omisión, del asesinato del combativo Agustín fueron juzgados y condenados a cumplir entre dos y diez años de cárcel, pero como el Estado suele ser indulgente con sus fidelísimos servidores, ninguno de ellos pasó entre rejas más de un año.





NOTAS

  • [1] Jorge González, José Luis de la Vega, Juan Antonio Gómez Tovar, Miguel Ángel Melero, Felipe Romero Tejedor, Pedro García Peña y Alfredo Casal Ortega.
  • [2] Letra de una canción compuesta por Chicho Sánchez Ferlosio.
  • [3] El director de la cárcel Eduardo Cantos, los doctores José María Barigón y José Luis Casas, el subdirector Antonio Rubio y los funcionarios José Luis Rufo, Nemesio López Tapia, José Luis EstebanAlfredo Luis Mallo, Alberto Ricardo Cucufate de Lara, Hermenegildo Pérez, Andrés Benítez y Julián Marcos.

Read Full Post »

“Fragmentos”: Archivo personal


En 1918, algunos amigos intelectuales y artistas convencieron a Pio Baroja para que se presentara a diputado por el Partido Radical, pese a las pestes que había echado de Lerroux, a quien consideraba escasamente leído y, como consecuencia, tirando a lerdo.

El pintor Miquel Viladrich, buen amigo del vasco, le aconsejó que lo hiciera por la circunscripción de Fraga (Huesca), localidad en la que el artista había montado su morada y su estudio. Hacia allá, pues, emprendió ruta el escritor, el 16 de febrero de 1918, para hacer causa común con su lejano electorado, en compañía, entre otros, de dos anarquistas oscenses y entusiastas barojianos, Felipe Alaiz y Salvador Goñi [*], en un itinerario que resultó entretenido pero asaz fatigoso y, sobre todo, un fiasco político.

A Baroja, que relató sus andanzas aragonesas en el artículo Una excursión electoral, contenido en el volumen Las horas solitarias, el viaje le sirvió, exclusivamente, para conocer y describir el paisaje del llano y algunas gentes del sur de la provincia de Huesca y, mínimamente, la propia capital altoaragonesa, a la que llegó en tren, pernoctando en la tradicional y entonces populosa calle de Ramiro el Monje, en la casa señorial del relevante y adinerado impresor Pérez, cuya hija, Marieta, recordaría muchos años después, en una entrevista, que el escritor tardó mucho en dormirse, maravillado por las pinturas que decoraban el techo de la estancia que le habían asignado.


MarietaMaría Dolores Pérez Barón—, que en plena mocedad destacaría por su afición al deporte al aire libre, su religiosidad y su virtuosismo al piano, fue asesinada el 25 de mayo de 1985, a la edad de ochenta y seis años, en aquella misma mansión cuyos techos admirara el célebre escritor. Musa provinciana del régimen franquista, en los inicios de la democracia había cedido a la Falange Española la primera planta de su magna propiedad —reservándose para ella la parte superior del edificio—. Pereció, cruelmente golpeada y acuchillada, a manos de un falangista al que, según se cuenta, había reprendido por la rotura de una silla ricamente tallada y tapizada, que formaba parte del mobiliario de la planta arrendada a los del yugo y las flechas.



NOTA

[*] Salvador Goñi Marco, nacido en Huesca, en 1894, fue un periodista libertario que dirigió el periódico El Talión y colaboró en distintas publicaciones de izquierda. Figuraba en una lista de masones como miembro de la logia Constancia de Zaragoza. El 19 de octubre de 1936 fue fusilado, junto a otras dos personas de su logia, en la tapia del cementerio de Torrero de Zaragoza. Sus restos se hallan en una fosa común de dicho cementerio.

Read Full Post »

“Brotes”: Archivo personal


Cuando Marcelle Haurat regresó a Huesca, en noviembre de 1988, habían transcurrido cincuenta y dos años desde su precipitada marcha de la ciudad donde, según sus palabras, “había pasado los días más felices de mi vida y los momentos más dolorosos”. De la capital altoaragonesa tomada por el fascismo fue rescatada Marcelle —retenida en su propio domicilio por los sublevados contra la Repúbica— por su padre, comandante francés en el puesto fronterizo del Somport, que amenazó a las autoridades con un conflicto internacional si persistían en denegar el permiso para que la joven viuda, de 25 años y nacionalidad francesa, regresara a su país. Allí, en esa Huesca que ella siempre recordaría por su cielo luminoso, se quedaron sus ilusiones. Y su Manuel. Ay, su Manuel… Tan cariñoso, tan guapo, tan culto, tan bondadoso… Su Manuel, aquel joven que, en 1931, había anunciado a la ciudadanía oscense —su querida ciudadanía—, desde el balcón de Ayuntamiento, la proclamación de la II República.

Con Manuel —su Manuel—, al que había conocido en la parte francesa del puerto del Somport, se había casado en 1934 —en Canfranc, por el juzgado, y en la zaragozana iglesia de Santa Engracia, por el rito católico—. “Eran una pareja joven, agradable y cosmopolita”, se decía en Huesca, donde Manuel, que, pese a su juventud, había sido alcalde republicano de la ciudad, era muy apreciado.

Al despacho de Manuel Sender Garcés —exalcalde de Huesca, abogado de 31 años, hermanico (como él decía) del escritor Ramón J. Sender— se acercaron, el 20 de julio de 1936, los guardias de Gobernación a pedirle que se marchara, que huyera, que las cosas se habían puesto muy tensas. “Márchese, don Manuel, por favor. Váyase a Francia. Nosotros diremos que no le hemos encontrado. Pero márchese”. Pero Manuel, administrador de los fondos de la ciudad, se negó a ello. “Vamos, vamos, señores… Yo no he cometido ningún crimen y me debo al Ayuntamiento y a los ciudadanos”.

La última vez que lo vi, ya detenido, fue el 11 de agosto”, recordaba Marcelle en la entrevista que le hizo Luisa Pueyo para el Diario del AltoAragón, en 1988. “El día 13, a la una de la madrugada, lo fusilaron”.


El 13 de agosto de 1936 un camión transportó a cuatro hombres, unidos dos a dos por cordones de alambre, hasta la tapia del cementerio de Huesca. Mariano Carderera Riba, alcalde de la ciudad; Manuel Sender Garcés, exalcalde y concejal; Mariano Santamaría Cabrero, primer teniente de alcalde, y Miguel Saura Serveto, obrero afiliado a la CNT, que había bajado a Huesca desde Benasque para saber el alcance que había tenido en la capital la sublevación fascista; fue elegido al azar, de entre los presos, para ser el fusilado número cuatro, dado que se tenía por costumbre atar a los presos por parejas y los ediles sentenciados solo eran tres.

A la una de la madrugada se produjeron las descargas contra los cuatro hombres. Marcharon los asesinos y quedaron los cadáveres en amasijo para que, con las primeras luces, los enterradores hicieran su trabajo. Pero Mariano Santamaria, gravemente herido, consiguió levantarse y caminar rumbo a la ciudad llamando, angustiosamente, a su esposa. Fue rápidamente interceptado, llevado de nuevo a la tapia de la necrópolis y rematado.

La memoria de los enterradores guardó el lugar donde fueron sepultados aquellos cuatro seres humanos; fue esa memoria la que hizo posible que, cuando en junio de 1974 Ramón J. Sender accedió a dar una conferencia en Huesca, con la condición de que, previamente, se depositara un ramo de flores en la fosa clandestina donde estaba su hermano Manuel, las autoridades franquistas, haciendo de tripas corazón, cumplieran, vencidas y humilladas por el hermano del asesinado, la exigencia.


«Los rifles lo miraban todos secos
—ocho bocas de hierro lo miraban—
y era el hijo de Dios, era mi hermano»
.
Ramón J. Sender (1901-1982).- MONTE ODINA




NOTAS

  • Marcelle Haurat regresó a Hendaye con sus padres; en 1939 contrajo segundas nupcias con un primo lejano, se instaló en Biarritz y tuvo una hija, Madeleine. Regresó varias veces a Huesca a partir de 1988. Mantuvo, hasta su muerte, el contacto con la familia Sender.
  • El 14 de abril de 2003, el Ayuntamiento de Huesca colocó una lápida de respeto en la fosa del cementerio oscense donde yacen los restos de Manuel Sender Garcés y sus tres compañeros de salvaje infortunio. El lugar es conocido como la Tumba de los Ediles.
  • El lugar de un hombre, que da título al presente escrito, se corresponde con el de una magistral novela de Ramón J. Sender cuya primera versión se publicó en México, en 1939. La versión definitiva lo fue en 1958.

Read Full Post »

“Casa Chira. Vişeu de Sus”: Archivo personal

 

Cuando le preguntan a la pequeña Jenabou qué le ha gustado más de sus vacaciones en Maramureș, responde, sin titubeos, que los paseos en carro tirado por imponentes pero dóciles búfalos de agua dirigidos por el amable Petre, el recorrido en el tren maderero Mocănița por el valle del río Vaser y la pequeña fiesta en la aldea de Plopiș donde ejerció de jurado en el concurso de pintura rápida y dirigió unas palabras en rumano a las personas asistentes asegurando que no le importaría vivir allí porque “…sunt tot atâția munți ca în țara mea“(sic)[*].

Y he hecho un amigo para siempre, siempre”, se regodea recordando a Petre, el joven trabajador de la granja de búfalos de Andrei, el Ucraniano. Petre, que rezuma bondad y alegría, se halla más cerca de los treinta que de los veinte, tiene síndrome de Down y una extraordinaria sintonía con los animales, a los que cuida con devoción. Andrei, pese al apelativo de Ucraniano, es bucarestino, nacido en la década de los cincuenta. Hijo de un preboste del régimen comunista, mantuvo una ideología sin fisuras hasta 1985, cuando el poeta y disidente Gheorghe Emil Ursu, al que admiraba y con el que participaba en tertulias literarias, fue detenido, encarcelado y apaleado hasta la muerte por supuestos presos comandados por la Securitate. Ese aciago 17 de noviembre de 1985, confiesa, sus convicciones hicieron agua. Participó en una manifestación de protesta en la que se pedían responsabilidades por la muerte de Ursu y fue arrestado y recluido, en durísimas condiciones, durante seis meses, en la prisión de Jilava, la misma en la que había sido asesinado Gheorghe Ursu. En junio de 1986, pese a hallarse en libertad (muy) vigilada, pudo abandonar subrepticiamente Bucarest para instalarse en la región de Maramureș, donde consiguió empleo en la serrería de Vișeu de Sus con documentación falsa que lo acreditaba como procedente de la vecina Ucrania, república que por entonces pertenecía a la Unión Soviética. Sólo regresó a la capital para el entierro de su padre —su madre falleció cuando era niño—, unos meses después del fusilamiento del matrimonio Ceaușescu.


NOTA

[*] …hay tantas montañas como en mi tierra“.

Read Full Post »

“Rojo”: Anztowa


A Juana Mari —vieja compañera de colegio de Agnès Hummel y abuela de Gorka— la conocieron personalmente durante las fiestas de San Fermín, la noche del concierto de los raperos granadinos Ayax y Prok en la plaza de los Fueros, al que la señora se empeñó en acudir, situándose a pie de escenario, porque, dijo, quería entender “de qué va eso del hip hop”. “Si no reparamos en el salto generacional, no hay tanta diferencia entre lo que denuncian esos jovencitos y lo que defendía el querido Jean”, les explicaba al día siguiente a María Petra y la veterinaria que se ocupa de la salud de los gatos del Barrio, en referencia al cantautor Jean Ferrat, con el que compartió, junto con Agnès, militancia en el Partido Comunista Francés y una firme amistad. “Los intereses sociales son los mismos en cualquier época”, proseguía. ”Los problemas del mundo no se solucionan a corto plazo sino cuando varias generaciones asumen que existen y establecen pautas para resolverlos”. Y recordaba a su padre, natural del valle de Salazar, que, apenas veinteañero, se exilió a Francia y se enroló en las milicias comunistas de la Resistencia Interior Francesa, colaborando con la cédula de inmigrantes que capitaneaba el irreductible luchador de origen armenio Missak Manouchian, detenido por colaboracionistas franceses y entregado a la Gestapo, que lo fusiló, junto con veintiún camaradas, el 21 de febrero de 1944. El padre de Juana Mari evitó la detención, tortura y muerte “por una minucia”, recordaba su hija: Había sufrido graves heridas en una pierna en el último acto de sabotaje llevado a cabo por el grupo de Manouchian. La minucia le supuso la amputación de la pierna por debajo de la rodilla pero lo salvó de una muerte certera. De su padre, que fue condecorado tras el fin de la guerra, heredó Juana Mari, nacida en 1946, el tesón en la lucha por la libertad y una militancia comunista de carácter antisoviético que la llevó a recorrer la misma senda del malogrado Jean Ferrat y la exquisita Agnès.



NOTA

L’Affiche Rouge es una canción de Léo Ferré con letra del poeta Louis Aragon, que homenajea al grupo de resistentes extranjeros del grupo de Manouchian. Está basada en el deleznable y famoso Cartel Rojo distribuído por los nazis y los colaboracionistas franceses para denigrar, presentándolos como vulgares terroristas, a los veintitrés resistentes asesinados por la Gestapo. En el libelo, que los nazis colocaron en muchas poblaciones de la Francia de Vichy, manos anónimas añadieron un “Muertos por Francia”, convirtiendo así el intento de vejar a los luchadores extranjeros en homenaje público póstumo.

Read Full Post »

“La fosa abierta”: Archivo personal


El día 1 de octubre, Toño Moliner, del Círculo Republicano Manolín Abad de Huesca, enviaba un mensaje a los nietos del hombre asesinado ochenta y un años atrás: “El cráneo es el de él al 99’9%”. Y ellos, los nietos de Constantino Campo Arcas, que durante tres días habían asistido y colaborado en la delicada y emotiva tarea de apartar la tierra que ocultaba aquellos cuatro cuerpos que ocupaban la infame fosa, tuvieron, por fin, un momento para llorar —de alegría moteada de tristeza, por la recuperación de los restos de un abuelo al que hurtaron la posibilidad de vivir una vejez colmada de abrazos; de congoja, por el recuerdo de la abuela Emilia, viuda con 36 años y madre de seis hijos (la mayor tenía doce años), a quienes el asesinato truncó dichas y sueños; de rabia, por no tener la oportunidad de enfrentar sus ojos con los de los asesinos y arrojarles, en prolongado reflejo, su desprecio—.


Quedó vacía la oquedad, con un compungido ramillete de flores velando el recuerdo de los infortunados moradores —Isabel, Mariano, Andrés y Constantino— aunados en ese indeseado destino térreo que el empecinamiento de los descendientes de uno de ellos y el arrojo administrativo y excelente disposición de los republicanos del siglo XXI lograron quebrar para sustraer las humanas osamentas de la Sima del Olvido a la que quisieron arrojarlas los homicidas.



IN MEMORIAM

Constantino Campo Arcas, 39 años. Zapatero y funcionario del Ayuntamiento.
Mariano Mascuñana Perales, 52 años. Carpintero.
Isabel Navarro Llena, 44 años; esposa del anterior.
Andrés-Ramón Olivar Pardo, 44 años. Tipógrafo.


ADENDA

El 27 de julio de 2019 los restos de Constantino fueron inhumados, tras una sencilla ceremonia civil, junto a los de su esposa Emilia, poniendo fin a ochenta y dos años, cinco meses y veintisiete días de forzosa separación.

Read Full Post »

Older Posts »