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Eppur si muove I

«Celebration»: Yusuke Sato


[…]

Escucho, inconfundibles,
por los pueblos de España,
voces con tanta fuerza
que arrancarán montañas.

Esfuerzos solitarios
de gente solidaria,
han unido su frente
en esperanzas hermanas.

Pongo mi voz
para el que quiera usarla
como su propia voz,
como su propia arma.

CANCIÓN DE LA ESPERANZA UNIDA.- La Bullonera.

Bajo el árbol donde dos estorninos presurosos han expulsado a media docena de gorriones, acoge el asfalto los cuerpos de las cuatro muchachas recién incorporadas al festín de ideas, palabras y sueños. Brazos y voces en vaivenes que el cierzo envidia, vigilante, desde los tozales que se alzan, cual mágicos torreones, sobre la ciudad.

Si no nos dejáis soñar, no os dejaremos dormir”.

Cuerpos. Voces. Sueños.

Ágora de primavera donde el entusiasmo de esperanzas unidas abate a la, hasta ahora,  inamovible realidad.

Impulso

«Surrealistic art»: Richard Wazejewsji


Quedáronse enterradas en el limo las solitarias congojas y las tristezas compartidas. Nos desprendimos de la onerosa masa de las penas y renacimos de entre las lágrimas con el ímpetu de la esperanza inyectado en el espíritu.

Magyarország


En Hungría  -país que asumió, en enero de este año, la presidencia del Consejo Europeo- el partido ultraderechista Jobbik, bendecido, merced a los votos ciudadanos, con 47 escaños en el Parlamento magiar, no sólo continúa con alevosa impunidad su campaña de terror contra la minoría romaní sino que no duda en ratificar públicamente sus fuentes ideológicas. El pasado 20 de abril, el canal televisivo CN1 de los filonazis húngaros emitió a través de internet un vídeo de corta duración que  conmemoraba el 122º aniversario del nacimiento del siniestro Adolf Hitler y donde se honraba al impulsor del Partido Nazi alemán como “gran estadista que logró alcanzar un gran desarrollo económico y moral de Alemania” y acabó siendo “víctima de una caza de brujas organizada por anglosajones y bolcheviques”.

Gábor Vona, líder del partido Jobbik e  inspirador del  “Boldog születésnapot, mein Führer![1]”, ya demostró suficientemente su ruindad cuando, en la primavera de 2010, juró su cargo de diputado electo vestido con el uniforme de la organización paramilitar Magyar Gárda, heredera de los facinerosos que durante la II Guerra Mundial colaboraron con la Alemania nazi en la detención y asesinato de miles de judíos y gitanos de nacionalidad húngara.

Cuentan los ancianos patriarcas que, un día, las carretas trashumantes dejaron de rodar por los viejos caminos europeos y enmudecieron las voces que seguían el compás chirriante de los ejes mientras saltaban las ruedas, en repetitivo juego, sobre las piedras talladas a golpes de huída.
Recitan los arrugados sabios nombres impronunciables, retales desiguales de vidas sajadas, recuerdos aprendidos de otras voces que, a su vez, escucharon la desdichada retahíla cuando la memoria todavía no se había distanciado del pasado.
Una vez que el silencio recoge el testigo y entrecierran los ojos los patriarcas, el auditorio, como un único ser humano, se yergue y, una a una, resuenan -en una cascada de dejes plurilingües- las filiaciones de los hombres, mujeres, niñas y niños de etnia romá víctimas del genocidio nazi, con una leve pausa entre uno y otro nombre, en mudo homenaje a aquellos que, amén de la vida, fueron desposeídos también de su identidad.




Dicebamus hesterna die…


NOTA
[1¡Feliz cumpleaños, mi Fuhrer!»

Mortaja líquida


En las aguas quietas y apresadas en el penal del cemento se reflejan los rostros muertos de quienes desgastaron las suelas de esparto de sus alpargatas en el desigual empedrado de sus callejuelas mientras se abrevaban los mulos que tiraban del trillo en el asimétrico espacio de las eras.

Susurran las coníferas cercanas al pantano como si los espíritus compungidos de los desterrados moradores del pueblo anegado hubieran quedado prendidos en las agujas de los pinos, esperando las sacudidas del viento para regresar, en rápido vuelo sin retorno, al cobijo de adobe y piedra que el agua, compadecida, deja emerger como solitarios faros de la historia vivida.

(El caminante, detenido ante la mortaja líquida, une su voz al lamento de las coníferas y murmura: “Adiós, barquitos hundidos…«. Y una lágrima dibuja tres círculos concéntricos en el agua.)

Intervallum

En la replaceta que forman la pared sur de la Abadía y el muro delantero del Gortón de Francisquer, los gitanos instalan  -el primer y último sábado de cada mes, cuando llega el buen tiempo-  un mercadillo que en el Barrio se denomina, familiar y jocosamente, Los Zarrietes [1]

Son cuatro puestos bien surtidos de ropa y complementos que regentan los Gabarri Clavería, una esforzada familia de calés navarroaragoneses con muchos años de dedicación a la venta ambulante.

Pilar-Carmen, la menor de los cuatro hijos del señor Gabarri, se encarga, principalmente, del puesto de calcetines, medias y ropa interior femenina. Es una guapa muchacha de poco más de veinte años, con la piel ligeramente bronceada, los ojos inmensos y sendos piercings en la nariz y el labio inferior. Buena comerciante, tiene siempre las palabras apropiadas para las clientas, a quienes trata con tanta familiaridad como respeto, actitud que termina por animar a las simples mironas a aflojar el monedero para hacerse con alguna de las prendas que la joven gitana promete regalar si “alguna de ustedes, señoras mías, descubre dónde se halla la tara”.

Pilar-Carmen, que cursó magisterio en la especialidad de Educación Infantil, prepara oposiciones y estudia Psicología en la UNED, actividades que ocupan parte de las horas que no dedica al negocio familiar.

En el zaguán de la Abadía, que ejerce de improvisado probador, las mujeres se embuten en vestidos y bañadores mientras Pilar-Carmen ensalza la perfecta caída de tal o cual vestimenta o niega con la cabeza cuando se hace evidente que clienta y atavío son incompatibles. Entonces, con determinación, corretea hasta los puestos y regresa con una nueva prenda que, asegura, “le va a quedar  a usted di-vi-na”.


De once a dos, el sábado que toca, el corazón del Barrio se traslada desde el bar del Salón Social al mercadillo de los gitanos, donde entre bolsos, cinturones, calcetines, gorras, leggins, faldas, camisolas, vestidos, braguitas, medias, pashminas, sujetadores, blusas, albornoces, camisetas, pijamas, bañadores, pañuelos, camisones y sombreros, se desliza la mañana sabatina buscando la sombra de los soportales.


NOTA
[1] Diminutivo de zarrio, que significa trapo, tela vieja, pingo.

Del ardor guerrero

«P51 Mustang»: Jeff Dykes


El periodista Phillip Knightley, estudioso del lenguaje en tiempos de guerra, aseguraba, en una entrevista realizada en el año 2001, que para conjurar la afirmación convertida en adagio de que «la primera víctima de la guerra es la verdad»  -según sentenció el congresista norteamericano Hiram Johnson en 1917-,  es preciso que los receptores de los medios de comunicación se acerquen a las noticias con escepticismo, “preguntándose por qué esa información llegó a los titulares, por qué los gobiernos la hicieron pública, por qué [los medios] les estamos contando estas historias; y después, usando su propio juicio para digerirlas y analizarlas«.


…y bajo ese entramado de manipulaciones universalmente expuestas para consumo del público amansado, yacen, triturados por la conveniencia de cada momento, los minúsculos confetis de la verdad.

Tesituras

Si nos atenemos a las opiniones de quienes defienden y avalan la existencia de las Centrales Nucleares, lo ocurrido en Fukushima debería tener idéntico impacto en la ciudadanía que un accidente automovilístico o de aviación; nadie  –dicen–  deja de conducir por muchos percances que se produzcan en las carreteras, como tampoco se renuncia a un viaje entre las nubes a cuenta de la posibilidad de un brusco descenso sin probabilidad de retorno.

Las Centrales Nucleares  –insisten– son seguras y respetuosas con el Protocolo de Kyoto. Además de ser económicamente competitivas, garantizan el suministro eléctrico, generan empleo y  –subrayan–  son ABSOLUTAMENTE necesarias para el desarrollo de un  país.

Unos filones irrenunciables.

¿…y Chernóbil?

Unos Eldorados de radiactivos isótopos a quienes únicamente un terremoto seguido de un tsunami pueden arañar levemente  en sus poderosas estructuras para que la propaganda antinuclear mantenga su anticuado mensaje alarmista.

Pero… ¿ y Chernóbil?


Allá por los años setenta del pasado siglo se tuvo conocimiento del proyecto de construcción de una Central Nuclear a orillas del río Cinca, en la localidad oscense de Chalamera, cuna de Ramón J. Sender. No parece que la población bajocinquesa reconociera y valorara los beneficios (¿?)  de la edificación, contra la que se rebelaron en aunada protesta de la que se hizo eco el cantautor Joaquín Carbonell en una composición cuyo estribillo fue coreado por cientos de gargantas: “En Chalamera, con Chalamera/ ya es hora de gritar./ En Chalamera, con Chalamera/ no queremos Central.

Nunca se sabrá si el eco de las voces opositoras fue la clave para desestimar el proyecto. Pero la Central no se construyó.

Jovis dies

Se envalentona el invierno aun sobre las brasas guarecidas tras el majano artesanalmente convertido en murete burlador del cierzo. Chisporrotean los muñones de leña achicharrados en la noche lardera y lanzan ayes de humo que el viento embiste y acorrala contra las piedras pulidas de la Abadía, donde se parapetan los devoradores de longaniza que preludian el tiempo de Cuaresma.

Las manos desnudas del villanaje jaranero aprisionan las humildes tajadas del pan de moños donde reposan, resignados, los sabrosos palmos de longaniza y chorizo lacerados por las ascuas.

Gélido y ventoso día lardero.

Asomóse la Luna al vaivén continuo del río, acechada, desde la mágica masa boscosa que se yergue sobre la corriente, por las pupilas trasnochadoras de mochuelos, lechuzas, autillos y bobones.

 

¡Fuera, invierno, fuera!,
¡borina y fartera!

Carnaval trae cartas

de la Primavera.

Pasacarreras de Carnaval

Vincŭlum

Dos han sido los móviles que han impulsado a los gobiernos occidentales a criticar, con indisimulada desgana, desde sus púlpitos habituales, los hechos acontecidos en el feudo del hasta ahora rehabilitado Gaddafi:  el alza continuada del precio del crudo y la incapacidad para prever hasta qué punto podrá instrumentalizarse la era post-Lider de la Yamahiriya.

El levantamiento de la ciudadanía, hostigada y masacrada con el armamento gentilmente vendido por países del ámbito de la Unión Europea  y Rusia  -país que tampoco ha tenido inconveniente en bombardear a su paisanaje para cercenar algaradas-, es una circunstancia sólo evaluable, políticamente hablando, si, llegado el momento, los contactos con los nuevos mandatarios del país devienen en provechosos para la política y la economía occidentales.

El amigo Muammar -terrorista anteayer, perdonado y abrazado ayer y reciclado en sátrapa hoy-  forma parte de esa colección de sabandijas del orbe que acuna Occidente en su calculador regazo mientras los beneficios asoman por la abertura de la chistera. Las mordazas, las cadenas, las torturas y los cadáveres sólo adquieren visibilidad cuando el retoño consentido pierde el favor de sus valedores, que se apresuran a escenificar su pesadumbre por el pueblo oprimido y a desenterrar las inmundicias de su convenientemente aborrecido amigacho.

Las heridas del agua

«Sinking»: Tony Scheuhammer


Toda mi vida, y ya llevo 26 añitos en este mundo, he estado escuchando en mi casa, en mi pueblo -Ayerbe-, en mi comarca, la misma protesta: ¡pantano no! Pero a pesar de esa sombra oscura que siempre ha rondado por este rincón de la Hoya de Huesca al que nosotros llamamos La Galliguera, mucha gente valiente ha sabido valorar el río como elemento natural y recurso económico, lanzándose a montar empresas y establecerse en esta zona.

Es un hecho bastante inusual en Aragón, donde la imagen típica de los pueblos pequeños es la de las personas mayores charlando al sol. En cambio, en estos pueblos -Biscarrués, Murillo de Gállego, Agüero, Erés, Riglos, Ayerbe, Santa Eulalia de Gállego, Morán, Concilio-, cada día hay más niños pequeños, y las plazas están más llenas de vida y alegría.

Muchos de mis amigos son jóvenes de otras provincias o países, que atraídos por el río han venido a trabajar y enamorados de la zona se han quedado formando su hogar y su familia. La vida de tanta gente que depende del río se ve amenazada. Nos llaman insolidarios si no les damos el agua que necesitan para sus cultivos. Pero yo contesto que somos supervivientes, como ellos, que hay otras alternativas y que habrá que escucharlas.- Lucía Cinto.

Aragón es uno de los pocos territorios del mundo desarrollado donde estamos dispuestos a inundar tierras, paisajes o lo que sea menester y a gastar enormes cantidades de dinero público e incluso privado con el inaudito fin de cultivar transgénicos. Es increíble”, escribía recientemente José Luis Trasobares en un artículo de acertado título  –Obsesión por los embalses-.

Pretender la devastación de una zona, el Reino de los Mallos, para glorificar los maizales monegrinos cuando con la construcción de balsas laterales se obtendrían los mismos resultados, es una propuesta, además de estúpida, desproporcionada y cara, asaz sospechosa si, como se pregona, sólo se desea la ampliación del regadío en las áridas tierras del llano. En cambio, si a la ingente necesidad de agua del maíz  -modificado o no genéticamente-  se le añaden los importante beneficios dinerarios derivados de la explotación hidroeléctrica, no es preciso hacer ningún malabarismo mental para comprender la principal razón del empecinamiento de los incansables aguadores de la Comunidad de Riegos del Alto Aragón por convertir el Prepirineo en una inmensa bañera de hormigón y vasos comunicantes con desembocadura en espurios propósitos.




Dicebamus hesterna die…