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Posts Tagged ‘Rumanía’

“Reflexes of a Block…”: Mirko Barone


La antigua fábrica Cuprom, de cobre electrolítico refinado, ubicada en Baia Mare (Rumanía)  -población que hace doce años se convirtió en foco de uno de los mayores desastres ecológicos de Europa-, fue, a finales de mayo, siniestro emplazamiento de una más de las despreciables mise en scène del alcalde de la ciudad, el destacado neoliberal autoproclamado independiente, Cătălin Cherecheş, que forzó, manu militari, a varias familias gitanas de la localidad a instalarse en las abandonadas dependencias de la vieja factoría, cerrada desde el año 2006 por su nocividad. Veintidós criaturas y dos personas adultas, de las reubicadas en un ruinoso complejo cuyos altos niveles de contaminación en cobre, cianuro y ácido sulfúrico fueron denunciados reiteradamente cuando todavía se hallaba en funcionamiento, tuvieron que ser hospitalizadas con síntomas de intoxicación por emanaciones de gases.

La infame actitud del munícipe no ha sido obstáculo para que en las elecciones del pasado domingo, 10 de junio, haya sido reelegido, con el 83% de los votos,  por la gran mayoría de los habitantes de la ciudad rumana, a quienes no parece preocupar en absoluto que un grupo de conciudadanos sean, una y otra vez, víctimas de un solapado remedo de Solución Final que ya ensayó su compatriota Ion Antonescu entre 1940 y 1943.


NOTA

Of rromilor, of flăcăilor!“, que significa “¡Ay, gitanos! ¡ay, muchachos!“, es uno de los versos del himno internacional del Pueblo Gitano en su versión rumana.

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“Palatul Mogoşoaia”: LinksmanJD


A pocos kilómetros de Bucarest, entre los bosques y lagunas del distrito de Ilfov, donde los nuevos ricos de la Rumanía poscomunista parapetan su indolencia y negociados en decadentes mansiones, se levanta  -cual postal evocadora de la historia-   el Palacio de Mogosoaia.

Junto al lago, con su galería veneciana con toques bizantinos asomada a los jardines donde la princesa Bibescu, la escritora,  -bellísima, lánguida, cultivada-  discutía con los arquitectos la restauración del edificio y sus anexos, el palacio de ladrillo rojizo y ornamentado de arabescos yergue sus trescientos años de vicisitudes y glorias, superviviente remodelado de las conquistas otomanas y los bombardeos, protagonista engalanado de festines principescos y observador imparcial de los sucesivos cambios de régimen.

Y aquí fue donde apareció muerto uno de los mejores literatos rumanos”, señala Radu, el guía.

Cuando los turistas alzan la vista hacia Villa Elchingen, el cortejo nupcial con el que habían tropezado junto a la iglesia de San Jorge, a la vera del Palacio de Mogosoaia, se adueña ya, en disciplinada fila de a dos, de los soportales de la que antaño fuera Casa de la Creatividad de los Escritores Rumanos, donde Marin Preda, admirado por Radu, el guía, murió  -al parecer, asesinado- el 16 de mayo de 1980. “Empezó a ser crítico con las autoridades comunistas”, explica Radu mientras los invitados al casorio desaparecen por la entrada al restaurante y quedan rezagados los novios en animado e ininteligible parloteo con un individuo que enfoca hacia el jardín una cámara de video de buen tamaño. “Nadie duda de que la Securitate se ocupó de él”, suspira el guía.


De la otra orilla del lago, frente a la fachada oeste del palacio, vienen sones infantiles: Cuatro criaturas corretean y gritan, dichosas, al borde del agua mientras suspira la tarde acalorada y húmeda en el jardín de los lirios.


NOTA

Ţara Românească (que se traduce literalmente como “País Rumano”) es el antiguo nombre de la región de Valaquía.

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Making-Of

“Prisoner Of Time”: Marie Otero


La vieja Viorica deposita sobre la mesa de madera manchada diminutas copas de cristal grueso y opaco donde apenas caben tres dedos de la tuica[1] casera con la que agasaja a sus visitantes.

¡Salud!

Noroc!

El piso es pequeño y antiguo, en un feo edificio de piedra gris cuya deteriorada fachada se levanta, de espaldas al río, en una calle de asfalto casi inexistente y acera agujereada.

En la vivienda el tiempo parece detenido entre los años cincuenta y sesenta del pasado siglo, adherido al linóleo del suelo y al papel floreado de las paredes que delimitan un escenario de muebles y objetos que parecen formar parte del atrezzo de unos estudios cinematográficos.

Sobre la cocinilla de gas burbujea el rasol lanzando nubes de vapor desde la olla.


Viorica, que se defiende en un francés bastante aceptable, voltea una caja metálica colmada de fotografías y señala a su padre, Dragan, que formó parte del medio millar de comunistas rumanos que lucharon en la Guerra (In)civil española como brigadistas. Dragan murió un mes después de ser excarcelado de la prisión de Aiud, donde había estado preso seis años víctima, como tantos otros, de las purgas comunistas rumanas de finales de los años cuarenta.

Apenas a quinientos metros del entorno donde Viorica sirve la comida a sus invitados en una fina vajilla ornamentada con dibujos de orquídeas de color coralino, la ciudad muestra el rostro amable y atractivo del paseo y el puerto fluvial, donde los barcos y barcazas sajan las verdosas aguas viajeras del Danubio que avanza, lamiendo tierra, metal, madera y cemento, hacia el delta, antesala del mar Negro.


NOTA

[1] Aguardiente de ciruelas, típico de Rumanía.

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"Nautilus": Carmen Dell’Aversano

“Nautilus”: Carmen Dell’Aversano


Paseo Marino

A I. Ludo

La sangre del mar circula roja por los corales
El corazón profundo del agua me zumba en los oídos
Estoy en el fondo del cielo de las olas
En el sótano de las aguas profundas
A la luz muerta del fúnebre cristal
Peces menudos como juguetes de platino
Recorren mi pelo que ondea
Peces grandes como jaurías de perros
Sorben con rapidez las aguas. Estoy solo
Levanto el brazo y compruebo su peso líquido
Pienso en una rueda dentada, en una palmera
En vano intento silbar
Es como si atravesara la masa de una melancolía
Y diríase que siempre ha sido así
A medias hermoso y a medias triste.

(Max Blecher, del libro de poemas Cuerpo transparente, traducido del rumano por Joaquín Garrigós).


Las olas se contonean entre espumas y se tienden en la orilla dejando, tras la resaca, oscuros rastros que delimitan la arena blanca alejada de los embates salinos.

Chispea sobre Berck y se vacía de caminantes pausados el paseo marítimo mientras arrecia la brisa que bambolea el agua de la atmósfera y la expande sobre la ciudad aromando de Atlántico los rincones.

Y frente al océano, con su torreta picuda elevándose a modo de discreto farolillo sobre los tejados de láminas apizarradas y sus albos balaústres forjados bajo los barandales sirviendo de elegantes antepechos a las galerías de su fachada principal, la emblemática presencia del Instituto Médico Calot, otrora sanatorio de tuberculosos San Francisco de Sales.

[…]

Tres años, de 1928 a 1931, de oceánicos efluvios marinos deseadamente curativos respiró Max Blecher junto a las dunas blanquecinas de Berck-sur-mer, aprisionado su tronco en implacable corsé de yeso, paralizadas y curvadas las piernas y permanentemente acostado sobre una cama rodante que los enfermeros se encargaban de deslizar con pericia por el sanatorio, siendo sustituidos, fuera de los límites del edificio, por una yegua cuyas riendas manejaba el propio Max; tres años  -todavía habrían de transcurrir otros siete de inmovilidad y peregrinaje por diferentes hospitales europeos-  dolorosa y apasionadamente intensos que desgranaría en una novela autobiográfica, Inimi Cicatrizate, escrita en tercera persona.


Marcel (Max) Blecher, dibujante, poeta y novelista rumano de tendencia surrealista y pre-existencialista, nació  en la región de Moldavia el 9 de septiembre de 1909.  Hijo de una familia judía de clase media, inició estudios de Medicina en París, donde se le diagnosticó una tuberculosis ósea que terminaría con su vida el 31 de mayo de 1938.

Fue, durante muchos años, un escritor sepultado en el olvido.

Obras: Cuerpo transparente (poesía), Acontecimientos de la realidad inmediata (novela), Corazones cicatrizados (novela) y La guarida iluminada (novela póstuma).


Trae la mar océana, mezcladas con la lluvia, las palabras que Max Blecher dijera, cercana ya la muerte, a su madre: “Mamá, en 29 años he vivido más que otros en cien. He viajado, he visto, he escrito”.

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