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«O Campanal. Valle de Tena (Huesca)»: Archivo personal


A las siete y veinte de la mañana dominical, con docena y media de gotitas de lluvia cumplimentándoles la piel recién duchada, se internan en el Betato (palabra aragonesa que en castellano se traduce como vedado, prohibido), el bosque encantado que Agustín del Correo pobló de criaturas fantásticas en aquellas narraciones infantiles desbordantes de magia pirenaica que les relataba y en las que hayas, abedules y pinos custodiaban los secretos de las brujas del valle de Tena, exorcizadas algunas pero nunca vencidas las que portaban, en sus silencios, la sabiduría ancestral.

Cuando, a petición de la veterinaria, se detiene el grupo bajo la tupida cúpula del ramaje que forman las inmensas hayas del bosque, todavía son capaces de recrear en sus oídos los imposibles bisbiseos de las hechiceras en sus conciliábulos secretos o los golpes sobre los tamboriles que precedían a los aquelarres y que tan bien remedan los torcecuellos   —los peculiares repicapuercos, como se nombran estos pájaros en aragonés—  tableteando con los picos sobre los troncos de los árboles, siguiendo el rastro de las incautas hormigas.

Camino del ibón, aún vuelve la cabeza María Petra, como si esperara ver a las bruxas que habitaron el hayedo del Betato de los cuentos de Agustín lanzándoles adioses cálidos y conjurando bienandanzas que sobrevuelan la cara nororiental de la sierra de la Partacua y envuelven a los senderistas hasta rozarles los rastros de la niñez ocultos en la memoria.


Está documentado que, en el siglo XVII, fue encausado por brujería, junto a dos cómplices, un hidalgo del valle, Pedro de Arruebo, hombre rico e instruido, que fue condenado a galeras (de las que logró huir) por haber endemoniado a 1600 personas, en su mayoría mujeres, que tras ser seducidas, mostraban «síntomas de posesión demoníaca» (dolores generalizados, mareos, convulsiones, pérdida de apetito y memoria, cánticos en lengua desconocida…). Un sindiós. Realizado un exorcismo en la iglesia de Tramacastilla de Tena, doscientas de esas mujeres se elevaron, en alucinante danza giratoria, hasta rozar la bóveda del templo, aterrorizando incluso al mismo exorcista y obligando al rey Felipe IV a tomar cartas en el asunto y a enviar con urgencia al Inquisidor General del Reino, que murió, al poco de llegar al valle de Tena, de resultas, se dice, de un maleficio.


Retiradas nubes y lluvia, refulge el Sol por la abertura del arco geotectónico de O Campanal, la caprichosa formación natural enclavada a 1860 metros de altitud, esculpida por el agua y el viento tras miles de años de erosión de la roca caliza y que el grupo deja atrás para descender hasta una pequeña hoya y remontar un nuevo desnivel que los acerca a uno de los tesoros de la Partacua, a los pies de los 2744 metros de imponentes paredes verticales de la peña Telera: el ibón de Piedrafita [FOTO], el más accesible de los cincuenta lagos glaciares del valle, destacando entre los canchales que salpican el suelo, y en cuyas aguas transparentes y gélidas, incluso en verano, moraban antaño las ondinas, entre las que destacaba  —Agustín del Correo, dixit—  la Mariaugüetas, bondadosa y sociable, que se disfrazaba de pastora para entablar conversación con quienes cuidaban los rebaños de ovejas y vacas que pastaban cerca del remanso y protegía, aseguraba el recordado cuentacuentos, a “todos los seres de corazón limpio que se acercaban al ibón”.

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«Indígena pataxó. Porto Seguro. Bahia (Brasil)»: Archivo personal


Se abstrae el tiempo como si quisiera prorrogarles las horas en ese venturoso, cálido y manso invierno tropical de vistosos crepúsculos en el arenal de la Pitinga [FOTO], con las olas atlánticas humectando ensueños y los ojos de los cuatro absortos en la lejanía, acaso en busca de las esbeltas formas hidrodinámicas de las ballenas que avistaron [VÍDEO], unos días antes, en el tour realizado ex profeso en mar abierto, a pocas millas de Porto Seguro.

En la colorida y singularísima Arraial d’Ajuda, donde descubrieron y se enamoraron de las heliconias que crecen en los alrededores [FOTO], el vetusto empedrado les guía los pasos entre los puestos de souvenirs, prendas diversas y comida [FOTO] hasta la maravillosa y franca sonrisa de Joseline, con las huellas de sus antepasados africanos perceptibles en un rostro en el que los años vividos no han sido crueles, dejando más que entrever los restos de la belleza que tantas miradas admirativas acapararía en su mocedad. Los guisos de pescado  —peixe; no importa de cuál se trate, todo es peixe— de Joseline, servidos a pie de calle, explosionan en las bocas dejando un regusto deleitoso que, aun pasada la novedad, sigue sorprendiendo a las papilas gustativas; como la moqueca de peixe o el acarajé, dos platos brasileños típicos de este litoral del estado de Bahia en los que la gentil cocinera —que es, además, la casera de donde paran— imprime su sello particular.

Joseline, que solo habla portugués pero se hace entender hasta por la pareja de jóvenes checos con los que han coincidido en un par de excursiones, les animó a visitar Trancoso, su localidad natal, un distrito de turismo familiar y, como Arraial d’Ajuda, con un centro histórico de cromáticas viviendas coloniales y con esa conformación sencilla y pragmatista [FOTO] pero avivada por la vegetación exuberante que tan llamativa se manifiesta a quienes arriban desde el otro lado del océano. “Habrá que decirle a Joseline que hemos visitado también su querida iglesia de São João Batista [FOTO] y que nos ha parecido preciosa”, sugiere la veterinaria que se ocupa de la salud de los gatos del Barrio.



Mientras aguardaban el avión de Porto Seguro a São Paulo para enlazar con el vuelo a Madrid, recordaban las dos ultimas e intensas jornadas de su estancia en territorio de Bahia:

Qué acertados estuvimos al elegir el Tour del Cacao [FOTO]”, se congratulaba Yoly. “Me maravilló todo el proceso artesanal de transformación y cómo pulverizaban las semillas en aquel enorme mortero de madera… Qué malísimo el sabor del cacao sin tratar y, sin embargo, qué delicioso estaba el cóctel de chocolate que nos sirvieron en la propia carcasa que protege las semillas envueltas en el mucílago. Ese es el nombre. ¿no? El de la sustancia blanca. Mucílago”.

Pues yo me lo pasé en grande en la Reserva Indígena de los Pataxó, con tantos cánticos y danzas tribales [VÍDEO], y qué cachondeo cuando pretendían enseñarnos el tiro con arco… No acerté en la diana ni de potra. En cambio, no me gustó ese pescado envuelto en hojas que hicieron a la brasa; se les fue la mano con esas bolitas verdes picantes [FOTO]; al primer bocado se me quedó la boca como si llevara un avispero”, rememoraba Marís. Y concluía: “No ha sido un viaje al uso, ¿verdad? Nada que ver con los circuitos que hemos recorrido otras veces… Pero no me arrepiento de ninguno de estos días geniales y un punto extravagantes”.

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«Monasterio de San Pedro de Siresa (Huesca)»: Miguelheneres


En el Real Monasterio de las Benedictinas de Jaca, en un sarcófago románico muy bien conservado, se hallan los restos de algunas damas regias de Aragón y Pamplona, entre ellos, los de la ilustre Sancha Ramírez (1045-1097), condesa-viuda de Urgell, hija del primer rey de Aragón y hermana del monarca aragonés y rey de Pamplona Sancho Ramírez, que la tenia en tan alta consideración que además de dejar a su cargo la educación de los vástagos reales (los futuros reyes Pedro I y Alfonso I el Batallador) y otorgarle atribuciones de Consejera Real y, no pocas veces, de cogobernadora en los asuntos del Reyno, le encomendó la sede episcopal de Pamplona, convirtiéndose así en la única mujer de la historia del Catolicismo en obtener la dignidad de obispo.


Sancho Ramírez, rey de Aragón y Pamplona, había peregrinado a Roma rindiendo vasallaje al Papado, en la persona del pontífice Alejandro II, comprometiéndose a desterrar de sus territorios el rito mozárabe en beneficio del romano y obteniendo diferentes prebendas, entre ellas, el nombramiento de su hermano, García Ramírez, obispo de la diócesis aragonesa de Jaca, como jerarca religioso también de la de Pamplona.

De vuelta el rey a territorio aragonés, el desacuerdo en la introducción del rito romano y, sobre todo, las desavenencias entre los hermanos, al acusar García Ramírez al rey de sustraerle parte de las rentas que le correspondían como factótum de la diócesis navarra para engrosar las arcas regias y expandir el reino pirenaico, molestaron a Sancho Ramírez, que relegó al obispo García a la diócesis de Jaca y lo sustituyó en la de Pamplona por la hermana de ambos, Sancha Ramírez, que gobernó con firmeza, entre 1082 y 1083, la diócesis encomendada convirtiéndose, en calidad de obispo auxiliar, en administradora de las copiosas rentas que llevaba aparejadas el cargo y que no dudó en destinar, sin descuidar por ello los dominios eclesiásticos navarros que regía, a las conquistas territoriales de su hermano el rey.

Al singular gobierno episcopal de Sancha de Aragón puso fin el papa Gregorio VII que, enterado de que la regidora del obispado era una mujer, amenazó, a través de un enviado, con excomulgar a todos los implicados, empezando por el propio rey, si no subsanaban semejante dislate.


En un contexto de dominio masculino, la influyente y empoderada condesa doña Sancha demostró su valía no solo como insólito obispo de sexo femenino para el que no necesitó ni consagración ni vestidura talar ni tonsura, sino que, tras su obligado cese en el obispado navarro, gobernó hasta su muerte, sin Papa que la demonizara ni más hábito que su inteligencia, el monasterio de regla masculina de San Pedro de Siresa.

A cántaros

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«Trazas de lluvia»: Archivo personal


El culmen del contrasentido: Amichai Chikli, ministro israelí de la Diáspora y la Lucha contra el Antisemitismo, entusiasta compañero, en la reunión ultra del Palacio de Vistalegre, de los herederos ideológicos de los cómplices del nazismo; aplaudidor de abascales, orbanes, melonis y lepenes, que es como decir blanqueador de Franco, Horthy, Mussolini y Pétain, que regresan a una Europa desmemoriada en la que, visto el panorama, la conmemoración del desembarco en Normandía no pasa de pantomima.

Uno imagina el brutal desconcierto de las y los resistentes asesinados, de las personas judías y gitanas y gentes de toda condición masacradas en la Europa invadida por el terror, si acaso pudieran atisbar, a través de un hipotético orificio en el tiempo, la aquiescencia actual con el ideario que convirtió el Viejo Continente en un inmenso y pavoroso campo de concentración. Tantos padecimientos, tantas muertes, tantas persecuciones, tanta hambre, tantos cuerpos abrasados, tanta destrucción, ¿para qué? ¿Para terminar, setenta y nueve años después de finalizada la guerra, alfombrando el suelo europeo para que lo hollen los mismos matones, esos alumnos de matrícula de honor de los aliados del tarado austríaco con los que compadrean Milei, Trump y la ultraderecha israelí?

¿Para esto se derrotó a Hitler y se enjuició a los principales cabecillas nazis?
¿Para esto se establecieron los Derechos Humanos?
¿Para esto cayó el Muro de Berlín y se independizaron de la influencia soviética tantos países?


…y me acordé de Pablo Guerrero y su lluvia purificadora. Quizás, cuando escampe, los detritus hayan sido absorbidos ya por los sumideros.

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«Donde florece el magnolio»: Archivo personal


A los pies del reformado muro de adobe  —único vestigio de la vieja paridera que alguna vez ocupó parte de lo que ahora es huerto—, cuatro tumbonas disparejas se extienden en el espacio que llaman Rincón del Solanar, donde florece el magnolio, a un lado, y se yergue en el contrario, sujeta a un poste y próxima a la balseta de riego, la Casita de los Insectos [FOTO] construida por Jenabou y colonizada, desde la primavera, por mariquitas y abejas que no parecen incomodarse por el ir y venir de las cuatro bullidoras jovencitas del agua a las tumbonas y de estas a los islotes de césped que anteceden a las matas de albahaca y las tomateras.

Bajo una sombrilla playera, un arcón pintado de índigo sirve de soporte a un enorme radiocasete a pilas, de momento enmudecido, sobre el que descansa un ejemplar muy manoseado de Han matado a un hombre, han roto un paisaje, de Francisco Candel, que se dejó olvidado la señorita Valvanera, la vieja maestra, ayer por la tarde. Junto al arcón, en un cubo de metal con bloques desiguales de hielo todavía compactos, asoman botellines de agua y latas de refresco.

Sestean los gatos alejados del jolgorio adolescente y solo Yaiza y Bambuesa, las perrillas, se avienen a pulular cerca de la balsa rebosante, pirueteando alrededor de las jóvenes que corretean lanzándose globos de agua.

Posadas en un olivo, tres picarazas ruidosas diríase que se carcajean.

Sentires

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«En aguas ibicencas»: Archivo personal


Acechaba la noche y una pared de sombra alzose entre los bañistas y el fondo de la cueva. Tras aquel candado de opacidad rimbombaban todavía los relatos de Tom, un licenciado en Historia metido a barquero, que, además de narrarles viejos cuentos de piratas y cuevas con tesoros escondidos  —que deleitaron especialmente a las jóvenes Jenabou y Loreto—, les habló de Ibiza. De la Ibosim fundada por los cartagineses, de la Ebosus conquistada por Roma y de la Yebisah musulmana que acabaría, en 1235, como otro de los territorios insulares de la Corona de Aragón.

Encallada en la arena, la barca, y un archipiélago de toallas aguardando las pieles mojadas de quienes apuraban el tiempo, entre risas y chácharas, chapoteando en la orilla. Después, la recogida y el regreso, con el ruido del motor de popa combatiendo el mutismo de los ocho pasajeros imbuidos de una cierta lasitud no exenta de dicha.


Y en ese momento, mientras retornábamos al otro lado de la isla, pensé en las pateras y cayucos atestados de mugrienta esperanza y zarandeados por la incertidumbre; en esas chabolas flotantes al raso hacinadas de seres humanos cuyos sueños de futuro se transforman, al cabo de horas de angustia, en uno solo y obsesivo: Sobrevivir a la inquietante navegación.

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«Ribes de Freser (Gerona)»: Archivo personal


En la comarca gerundense del Ripollés, bajo los imponentes Pirineos, se encuentra, en la confluencia de los ríos Rigard, Freser y Segadell, la atractiva villa de Ribes de Freser. Fue ese municipio el elegido como destino vacacional por el catedrático de Historia, periodista y diputado republicano Miguel Morayta y Sagrario.

Corría el año 1886 cuando el diputado Morayta se instaló en el balneario Perramón  —del que actualmente solo queda la capilla, convertida en ermita de Nuestra Señora del Rosario—  dispuesto a tomar las aguas y a entretener los días paseando por los alrededores de la localidad. En una de sus salidas por las inmediaciones de las ruinas del castillo de Sant Pere, en una zona oculta que los habitantes de Ribes llamaban Vilademunt, el político madrileño observó unas miserables bordas y se topó, asombrado, con los extraños moradores que las habitaban. Miguel Morayta había desvelado el secreto que guardaban los vecinos de Ribes de Freser: La existencia de los Golluts.

Con una estatura inferior a 1’30, piel muy blanca y sin vello (los hombres, imberbes), ojos achinados, mejillas prominentes, cabellos rubios o pelirrojos, los cuellos exageradamente abombados por el bocio (goll, en catalán) y una notable discapacidad intelectual, aquel centenar de personas desaseadas, de singular morfología y lenguaje verbal rudimentario, anonadaron al turista castellano que, convencido de haber descubierto un novedoso eslabón suelto de la cadena evolutiva o, como mínimo, una tribu de origen tártaro emigrada siglos atrás a los Pirineos catalanes, no dudó en mandar un articulo al periódico en el que colaboraba dando cuenta de su descubrimiento y exponiendo sus teorías.

El alboroto fue monumental. Los habitantes de Ribes de Freser, que no eran ajenos a la existencia de los Golluts porque los aislados en Vilademunt pastoreaban los rebaños propiedad de los ribetanos, temían que la polémica suscitada incidiera negativamente en su economía, boyante en aquel entonces merced al turismo termal y la industria textil. Por su parte, la Iglesia Católica elevó su amenazante voz cuando algunos periódicos no dudaron en relacionar el hallazgo de esas criaturas con los postulados de Darwin.

Ante tanta controversia, fue la Ciencia Médica la que dio la única explicación plausible, acallando los argumentos más peregrinos. La nula higiene, la mala alimentación, la falta de yodo con la subsiguiente disfunción de la glándula tiroides y la continua endogamia eran las causas reales del deterioro físico y mental de aquellos seres humanos a los que el temor, el abuso (se les insultaba y golpeaba y, en algún caso, se llegó al asesinato impune), el desprecio y los prejuicios habían condenado a vivir en semejantes condiciones y alejados de la sociedad. Pero el daño era ya irreversible y aunque se quiso tratar médicamente a los Golluts (llamados también Nans o enanos) en hospitales regidos por órdenes religiosas, la mayoría huyeron de los centros asistenciales para regresar al lugar donde habían pasado toda su vida. Se cree que el último descendiente Gollut falleció en los años ochenta del sigo XX.

Escalier de Coluche

«Homenaje a Coluche de Zag & Sia»: Archivo personal


«Llamo a los holgazanes, a los pordioseros, a los drogadictos, a los alcohólicos, a los gais, a las mujeres, a los parásitos, a los jóvenes, a los viejos, a los artistas, a los convictos, a las lesbianas, a los aprendices, a los negros, a los transeúntes, a los árabes, a los franceses, a los melenudos, a los locos, a los travestis, a los antiguos comunistas, a los abstencionistas convencidos, a todos los que no cuentan para los políticos, a votar por mí, a inscribirse en los Ayuntamientos y a extender la noticia.

¡Juntos con Coluche para darles por el culo!

Soy el único candidato que no tiene ninguna razón para mentir».
Llamamiento al Pueblo del candidato Coluche en las elecciones francesas de 1981—


Esperpéntico, procaz e insolente (“Propongo que votemos a un imbécil que no se entera. O sea, a mí”), el cómico Michel Colucci (1944-1986), alias Coluche, irrumpió en las elecciones francesas de 1981 sin otra intención que dejar al aire las vergüenzas de los partidos y candidatos que, con calculada seriedad, concurrían a los comicios llevando en sus programas todas las panaceas, espejismos y parafernalias al uso que decantaran el voto hacia sus formaciones, nada, por otra parte, muy diferente de lo que se hacía y se hace en cualquier confrontación electoral.

El candidato Coluche, con su humor grueso y sus astracanadas, no hizo sino despojar de marrullerías y grandilocuencias los discursos de unos y otros, denunciando sin sutilezas que, en general, sean cuales sean los resultados de unos comicios, los desfavorecidos de la sociedad permanecen, ad infinitum, en Tierra de Nadie.

Cuando las encuestas sobre intención de voto señalaron que aquel “ridículo bufón” podía rozar el 16% de los sufragios, las burlas de sus adversarios y los medios partidistas se transformaron en furibundo acoso y las diatribas de los más exaltados extremistas ultramontanos en amenazas de muerte. Coluche, que se consideraba “un antiguo pobre” pero reconocía no tener madera de héroe, decidió retirarse finalmente de la contienda por la presidencia de la República Francesa y pedir el voto para los socialistas.

Coherente, no obstante, con las prédicas de su efímera campaña electoral, ideó y fundó Les Restos du Coeur, una organización que empezó dando de comer a personas en situación precaria —porque, como él mismo afirmaba, “Dios dijo que debíamos compartir, así que regaló la comida a los ricos y dejó el hambre para los pobres”—, y que pervive todavía prestando gran variedad de servicios sociales (alimentación, alojamiento, búsqueda de empleo, acceso a la cultura, vacaciones infantiles…) a quienes más necesitan de la solidaridad del prójimo.

Fallecido en 1986, en un accidente de moto, su iniciativa de Los Restaurantes del Corazón, continuada en la actualidad por sus hijos, dio lugar, en 1988, a la conocida como Ley Coluche de deducciones fiscales a quienes realizan donaciones a instituciones benéficas.

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«Emilio Gil, Un Jubilado»: Fotografía extraída del blog de Juan Luis Saldaña


Deja, Emilio, que ahora, en la orfandad que ya siento de tus palabras futuras, te llore y diga.

Déjame que te llore y diga, entrañable Jubilado, amigo Emilio de Casa Chilón de Bailo, que hoy voltea el Ara sus aguas repiqueteando tu nombre y se derrite en lágrimas la nieve perpetua de Monte Perdido y encaran los sarrios los ojos hacia Broto doliéndose conmigo de tu ausencia.

Deja ahora, compañero, que te llore y calle.


Emilio Gil, Un Jubilado, (194…-2024). Inolvidable bloguero. Excelente persona. Buen amigo. In memoriam

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«Auschwitz-Birkenau»: Archivo personal


Finalizada la II Guerra Mundial, cuando Europa todavía sangraba y los escombros parecían formar parte del paisaje, los Juicios de Nuremberg dieron a conocer a la opinión pública las atrocidades cometidas por los partidarios del nazismo y sus colaboradores. Los padecimientos de tantos millones de judíos ahondaron aún más en el horror vivido en suelo europeo al hacerse públicas las imágenes de los cadáveres apilados junto a las cámaras de gas o en fosas inmundas y la espantosa visión de aquellos muertos vivientes tras las alambradas que enfocaban las cámaras de los liberadores de los diferentes campos de la muerte. Judíos de distintas nacionalidades, edades, sexo y condición cuyos rostros quedaron fijados en las conciencias de millones de seres humanos en las siguientes décadas.

Pocos supieron que, al igual que las personas judías, los romaníes europeos soportaron un calvario inenarrable que ni siquiera ocupó dos líneas en un  teletipo, pese a los testimonios que gitanas y gitanos supervivientes prestaron también en los Juicios de Nuremberg. Fue tal la desinformación o la indiferencia por estos Hijos e Hijas del Viento que hasta 1982, Alemania, en la persona del canciller Helmut Kohl, no reconoció al Pueblo Romaní como víctima racial del nazismo. ¡¡En 1982!! Ese ¿olvido? ¿indiferencia? fue tan obvio desde el fin de la guerra que aquellas Leyes Raciales que se habían aplicado a judíos y gitanos durante el III Reich y que tanto horrorizarían a la Europa liberada, se mantuvieron vigentes para los romaníes alemanes hasta los años sesenta, como si la derrota del nazismo y el enjuiciamiento y condena de sus cabezas visibles no hubieran tenido lugar en relación al Pueblo Romaní, que continuó en condiciones legalmente similares a las padecidas durante el nazismo.

Tendrían que ser los propios romaníes, en los años setenta, quienes se alzaran contra la iniquidad agrupándose en asociaciones para exigir justicia y reparación, en una lucha contra el olvido que se mantiene viva en nuestros días. Las cerca de millón cien mil (y no las 500.000 que se dicen oficialmente) víctimas gitanas del Samudaripen (La gran matanza) merecen el mismo trato digno e idéntica consideración histórica que las demás: judíos, discapacitados, homosexuales, republicanos españoles, testigos de Jehová, cristianos, izquierdistas, resistentes, opositores y cualquier ciudadano/ciudadana que sufriera los desmanes de los Tiempos Oscuros.


Tras la ascensión de Hitler a la Cancillería alemana, la situación de los gitanos alemanes, que ya era dura, empeoró al promulgarse la Ley de Prevención de Enfermedades Hereditarias, que suponía que cualquier romaní detenido era esterilizado forzosamente; las Leyes Raciales de Nuremberg, promulgadas después, afectarían a judíos y gitanos, que vieron restringidos sus derechos (si acaso los romaníes los tuvieron alguna vez) hasta límites insoportables. Después vendrían los Juegos Olímpicos de 1936 y la primera gran redada contra los romaníes, que fueron detenidos y hacinados en el campo de concentración de Marzahn, cerca de Berlín, en unas condiciones que serían el antecedente de lo que les irían deparando los años venideros.

A partir de 1938 y con la creación de la Oficina Central para la Lucha Contra los Gitanos y el Centro de Investigación de Higiene Racial, la persecución de los gitanos alemanes y su confinamiento en campos de concentración formó parte del devenir cotidiano, agravándose a partir de 1940 cuando, tras ocupar la Alemania nazi gran parte de territorio europeo, la suerte de los romaníes de los diferentes países corrió pareja a la de sus hermanas y hermanos alemanes y a la de los judíos. Fue el comienzo de las masacres y el horrendo protagonismo del campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau, en territorio polaco, donde, a partir de 1943, empezaron a ser trasladados romaníes de la Europa ocupada.

Hasta primeros de agosto de 1944, se censaron en el Zigeunerlager (Campo Gitano) de Auschwitz-Birkenau 23.000 romaníes de 11 países, de los que solo lograron sobrevivir cerca de 2000 que habían sido trasladados a otros campos.

Hoy, 16 de mayo, con los ojos puestos en Auschwitz, el Pueblo Romaní conmemora el DÍA DE LA RESISTENCIA GITANA, en homenaje a los seis mil quinientos hombres, mujeres y criaturas de esta etnia que, hace ochenta años, advertidos por otros prisioneros de que iban a ser gaseados porque el sádico Mengele ya no necesitaba experimentar más con ellos, se encerraron en los barracones y provistos de tablas, piedras y hasta instrumentos musicales plantaron batalla a los guardias armados que pretendían meterlos en los camiones para llevarlos al matadero. Fue tal el ímpetu de aquellos desharrapados, liderados por las mujeres gitanas, que Georg Bonigut, jefe de seguridad de la zona gitana de Auschwitz y que había dado alguna muestra de compasión, ordenó a sus hombres que se retiraran.

En días sucesivos, los hombres más jóvenes y más fuertes fueron desalojados a la fuerza y trasladados a otros campos, quedando en Auschwitz los gitanos enfermos, los más mayores, las mujeres y las criaturas. El 2 de agosto de 1944, cuando Georg Bonigut ya había sido trasladado a otra jefatura, los guardias rodearon los barracones romaníes y pese al intento de las personas encerradas por rebelarse, unos y otras fueron arrastrados a los camiones y llevados a las cámaras de gas.

Cuando el 17 de enero de 1945 el ejército soviético liberó Auschwitz ya no quedaba allí ningún romaní vivo.