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Archive for the ‘Nada humano me es ajeno’ Category

«Love on the Rocks»: Jack Cymber


Los derechos no se negocian, se defienden y conquistan”.

Aguijonean los rayos solares los cuerpos todavía vestidos de invierno y enlucen con señales carmesí los rostros que sonríen y parlotean en la plaza. Marcha la ola humana por la playa árida de los fértiles deseos salpicando de espuma pigmentada los durmientes corales enquistados en la orilla.

Tiempo de orear las ideas, de amasarlas y darles forma.

Tiempo de izar la cometa del puedo y el quiero; de alzarse contra quienes pretenden hacer patria sobre los derechos hollados de asalariados y asalariadas.

Tiempo de luchar.

[…]

La historia tañe sonora
su lección como campana.
Para gozar el mañana
hay que pelear el ahora.

Mario Benedetti

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digitalp10

«Untitled Thought»: Digital Pharaoh


Parapetados tras el anónimo pasamontañas de sus pantallas de litio, los xenófobos escupen su vileza en las páginas virtuales de los diarios. Han trocado los bates con los que el homicida fascismo redentor agredía a los prófugos de la miseria por teclados donde la españolísima eñe ejerce de águila de San Juan y, con la misma furia que imprimían aquellos jovenzuelos salvapatrias a sus antebrazos para abatir el arma contundente -y, en ocasiones, acerada- contra los distintos, aporrean los cuadrados de las grafías para aventar los álbumes de excrementos que se hacinan en las fosas sépticas de sus cerebros.

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«You always make me cry»: Marko Beslac


A las diez menos cuarto de la noche del 5 de febrero de 1977 fallecía en la clínica San Juan de Dios de Zaragoza, donde había sido ingresado apenas quince minutos antes del deceso, Miguel Vicente Basanta López. Tres disparos, dos de ellos impactados en su cabeza, habían truncado las ilusiones de aquel hombre de treinta y dos años, albañil en paro, a quien la policía y la prensa convertirían, posteriormente, en «delincuente habitual».

El último día de su vida, Vicente Basanta, «peligrosamente armado» con un bote de pintura roja y una brocha, se encontraba realizando una pintada en la tapia de una antigua fábrica cuando Francisco Tovar, policía fuera de servicio que paseaba con su familia, le dio el alto, sacó su arma reglamentaria y, al tratar Vicente de escabullirse, le descerrajó tres tiros por la espalda.

A los hechos acaecidos y ratificados, tiempo después, por testigos presenciales, se contraponía la versión policial, que relataba la agresión sufrida por Francisco Tovar, a quien el fallecido tiró al suelo atacándole con una barra de hierro, viéndose obligado el agente del orden a defenderse haciendo uso de su arma, que disparó contra el delincuente desde el suelo.

De nada sirvieron las declaraciones de los testigos ni la inexistencia de la barra de hierro con la que supuestamente fue atacado Tovar; tampoco que la autopsia confirmara que los disparos se habían hecho desde una posición contraria a la declarada por el policía. Francisco Tovar fue exonerado por considerarse que había actuado en legítima defensa y la causa fue sobreseída el 24 de marzo de 1977.

Los esfuerzos de la familia Basanta para reabrir el caso fueron inútiles. El 20 de junio de 1990 el Juzgado número 2 de Zaragoza ordenó el archivo de todas las actuaciones por tratarse de “causa ya  juzgada por la jurisdicción militar”.


El 4 de febrero de 1996 Miguel Vicente Basanta López fue homenajeado frente a la tapia donde le arrancaron la vida. Una calle zaragozana lleva, actualmente, su nombre.


NOTA

Seis meses antes de la muerte de Vicente Basanta, y en parecidas circunstancias, fue abatido por las balas de la Guardia Civil, en Almería, Francisco Javier Verdejo.

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«En todas las concertaciones sociales, que ya han sido muchas, me he hecho la misma pregunta: ¿qué aportan los empresarios? Las organizaciones sindicales suelen consentir recortes en los derechos de los trabajadores, de manera que estos se han venido reduciendo de forma continuada. Flexibilizar el mercado laboral, lo llaman. El Estado acaba poniendo sobre la mesa dinero, recursos públicos que son de todos los ciudadanos, pero la CEOE con lo único que colabora es con su firma y con salir en la foto.»- Juan Francisco Martín Seco. Economista.

La CEOE ingresó, en el ejercicio del año 2010, quinientos ochenta y siete millones de euros, de los que un 68% corresponde a subvenciones públicas  -salidas, bueno es recordarlo, del bolsillo de la vapuleada ciudadanía-. Desde esa acolchada otomana, el presidente de la patronal, Juan Rosell, aconseja el despido de novecientos mil funcionarios, loa la precariedad laboral, vitorea la congelación del salario mínimo interprofesional, defiende la conversión del obrero en siervo de la gleba y propone la implantación de una nueva asignatura en la enseñanza pública, de exaltación de la empresa y el empresariado, que, según su disparatado entendimiento, debería ser obligatoria (sic) “desde las guarderías, pasando por primaria y secundaria y también en la Universidad (…)”.


«Los trabajadores seguimos siendo el pariente pobre de la democracia.»- Marcelino Camacho. Sindicalista de los de antes.



ANEXO

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«Lament»: Bev Hodson


La enajenación ideológico-político-económico-religiosa siempre cercena el futuro ajeno para aplacar a los dioses de la intolerancia.

«Yo, al escribir, no hago literatura; escribo sujetándome el hígado o apretándome el corazón«.- Ramón Acín Aquilué

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Diógenes


A la señora Felisa la llaman abuela todos –abuela Felisa-. Excepto sus nietos. Tiene tres, ya mayores, que muestra, en una fotografía desteñida, subidos sobre un poni claro con pintas oscuras. «Mis nenes», los llama.

Cada mañana la abuela Felisa desciende por la barbacana del vertedero y rebusca, con una vara de almendro, entre los detritus malolientes, disputándoles a las ratas los despojos que ocultan sus hediondas moradas. Pero ellas, tan viejas como la propia abuela, le dejan hacer con una benevolencia que parece vedada a los humanos parientes de la anciana. Se quedan quietas sobre los montículos de basura mientras ella recoge, con las manos desnudas, los objetos más estrafalarios que, una vez pulidos, se unirán a la colección de cachivaches insólitos que decoran -como ella dice- las habitaciones de su casa.

La abuela Felisa no es pobre. Tiene una holgada pensión domiciliada en la Caja de Ahorros que apenas mengua de un mes a otro. «Para los nenes», asegura satisfecha. Los nenes, que le sonríen desde esa lejanía congelada sobre papel fotográfico. Los nenes, que jamás descendieron del poni con pintas para llenar de jolgorio infantil el corazón y los destartalados aposentos de la abuela. Los nenes, a los que ella espera inútilmente mientras la vara de almendro y las ratas acompañan sus leves pasitos sobre las pirámides de desechos.

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[…]«Estaban en su casa, esperando, como los demás, los acontecimientos. Sabían que iban a detenerlos y que saldrían codo con codo, y aguardaban sin saber por qué. Ignoraban lo que habría sucedido lejos del pueblo. Oyeron tiros lejanos. Luego, más próximos. Mariquilla miraba sus alpargatas rotas, por donde asomaban dos dedos desnudos enrojecidos por el frío. Llevaba un vestidillo ligero —ya lo llevó en verano— muy remendado. No suspiraba demasiado por otros vestidos, por tres razones: porque no se encontraba fea con aquél, porque sabía que no podía pretender otro y, finalmente, porque el frío era cosa de viejos y estaba harta de oír decir a la gente, cuando se quejaba:

—Yo, a tu edá…

—Cuando se tiene tu tiempo…

Por esas tres razones no se quejaba tampoco de ir sin medias. Mariquilla, no sólo no se quejaba, sino que estaba alegre casi siempre, con motivo o sin él.

Mariquilla Silva Cruz, morena gentil, con una tilde de melancolía entre dos sonrisas o dos frases dichas como ella las dice, atropelladamente, pero bien enderezadas a su objeto, había de revelar luego, en la cárcel, en la calle, ante los fotógrafos, con los periodistas, una inteligencia natural y una discreción muy superiores a lo usual en las personas cultivadas de la ciudad.»[…].-  Fragmento de VIAJE A LA ALDEA DEL CRIMEN, recopilación de las crónicas sobre los sucesos de Casas Viejas escritas por Ramón J. Sender en el periódico La Libertad.


Un auto del Juzgado de Primera Instancia e Instrucción de Chiclana de la Frontera (Cádiz) declaraba, el 22 de junio de 2011, el fallecimiento legal de María Silva Cruz, superviviente de la matanza de Casas Viejas, fusilada el 23 de agosto de 1936 entre las poblaciones de Medina y Jerez, a la edad de 19 años.

Sidonio (Juan) Pérez Silva, de 76 años, que tenía 13 meses cuando asesinaron a su madre y apenas cuatro años cuando mataron  -en circunstancias nunca aclaradas-  a su padre, el periodista anarcosindicalista Miguel Pérez Cordón, lleva décadas buscando el lugar donde fueron enterrados los restos de su progenitora. En el año 2006 interpuso una querella ante el Juzgado número 5 de la Audiencia Nacional por la detención ilegal y la desaparición forzada de María Silva Cruz, amparándose en la no prescripción de los crímenes de lesa humanidad. Trasladada la documentación a Chiclana, la jueza Bárbara Izquierdo dio por válido, el pasado junio, el deceso legal de la interfecta fechando el mismo el 1 de enero de 1947, en aplicación de la ley que dicta que para la declaración de fallecimiento han de transcurrir diez años desde que se tuvieron noticias de la persona desaparecida.

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«Celebration»: Yusuke Sato


[…]

Escucho, inconfundibles,
por los pueblos de España,
voces con tanta fuerza
que arrancarán montañas.

Esfuerzos solitarios
de gente solidaria,
han unido su frente
en esperanzas hermanas.

Pongo mi voz
para el que quiera usarla
como su propia voz,
como su propia arma.

CANCIÓN DE LA ESPERANZA UNIDA.- La Bullonera.

Bajo el árbol donde dos estorninos presurosos han expulsado a media docena de gorriones, acoge el asfalto los cuerpos de las cuatro muchachas recién incorporadas al festín de ideas, palabras y sueños. Brazos y voces en vaivenes que el cierzo envidia, vigilante, desde los tozales que se alzan, cual mágicos torreones, sobre la ciudad.

Si no nos dejáis soñar, no os dejaremos dormir”.

Cuerpos. Voces. Sueños.

Ágora de primavera donde el entusiasmo de esperanzas unidas abate a la, hasta ahora,  inamovible realidad.

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Si nos atenemos a las opiniones de quienes defienden y avalan la existencia de las Centrales Nucleares, lo ocurrido en Fukushima debería tener idéntico impacto en la ciudadanía que un accidente automovilístico o de aviación; nadie  –dicen–  deja de conducir por muchos percances que se produzcan en las carreteras, como tampoco se renuncia a un viaje entre las nubes a cuenta de la posibilidad de un brusco descenso sin probabilidad de retorno.

Las Centrales Nucleares  –insisten– son seguras y respetuosas con el Protocolo de Kyoto. Además de ser económicamente competitivas, garantizan el suministro eléctrico, generan empleo y  –subrayan–  son ABSOLUTAMENTE necesarias para el desarrollo de un  país.

Unos filones irrenunciables.

¿…y Chernóbil?

Unos Eldorados de radiactivos isótopos a quienes únicamente un terremoto seguido de un tsunami pueden arañar levemente  en sus poderosas estructuras para que la propaganda antinuclear mantenga su anticuado mensaje alarmista.

Pero… ¿ y Chernóbil?


Allá por los años setenta del pasado siglo se tuvo conocimiento del proyecto de construcción de una Central Nuclear a orillas del río Cinca, en la localidad oscense de Chalamera, cuna de Ramón J. Sender. No parece que la población bajocinquesa reconociera y valorara los beneficios (¿?)  de la edificación, contra la que se rebelaron en aunada protesta de la que se hizo eco el cantautor Joaquín Carbonell en una composición cuyo estribillo fue coreado por cientos de gargantas: “En Chalamera, con Chalamera/ ya es hora de gritar./ En Chalamera, con Chalamera/ no queremos Central.

Nunca se sabrá si el eco de las voces opositoras fue la clave para desestimar el proyecto. Pero la Central no se construyó.

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«Grashop on paper»: B. Felician Siebrecht

 derechos

Carta abierta sobre el drama de un pueblo al que están dejando morir. A los cómplices.

A) Al ministro de la Presidencia (de nombre Ramón Jáuregui).

Resulta preocupante que todo un ministro de la Presidencia justifique la violación absoluta del derecho a la información con base en la soberanía de un Estado. A sabiendas de que dicha oscuridad mediática se está utilizando para violar todos los derechos de los nacionales saharauis allí encerrados, desde la tortura a la muerte, sin las más elementales garantías judiciales, y a merced de las instancias represivas de una dictadura (Declaración Universal de 1948). Resulta estremecedor que todo un ministro de la Presidencia asigne esa soberanía del territorio a la potencia invasora de Marruecos, cuando es cuestión elemental de Derecho que un territorio bajo proceso de descolonización no está sujeto a soberanía de Estado alguno (resolución 2625 de la ONU).

Resulta significativo que todo un ministro de la Presidencia se corrija luego asignando el estatus de Estado administrador a un Estado agresor al que dicha categoría le fue transferida ilegalmente (Acuerdos de Madrid, 1975), ya que un Estado colonial no puede ceder la administración en medio de un proceso de descolonización, máxime de un territorio que consta en anexos al respecto (Resolución 1514). Premisa corroborada por dictamen de la ONU (subsecretario de Asuntos Jurídicos, H. Correl, 2002).

Resulta mezquino el argumento de «prudencia por intereses» cuando un actor, que es permanente agresor, decide llevar su perversidad hasta sus últimas consecuencias, quemando un campamento en el que se refugiaban veinte mil personas que ya había sido privadas de los servicios más esenciales. Personas apaleadas, humilladas y asesinadas, pertenecientes a una concreta etnia, en acto rayano en el genocidio parcial (Estatuto de Roma, 1998).

Resulta delictivamente cobarde el recurso a la diplomacia imparcial cuando centenares de esas personas son de nacionalidad española, cuando miles de ellos fueron ciudadanos españoles y cuando decenas de miles de ellos son descendientes directos de empleados públicos españoles (de forma combinada: artículo 11.2 de la Constitución, real decreto 2258/1976, sentencia del Tribunal Supremo 1026/98).

Resulta claro el nivel nulo de ejercicio de la soberanía nacional que puede gestionar España al hilo de todo lo anterior, respecto a un Estado cleptocrático y dictatorial que además ejerce de paria internacional en IDH e indicador de miseria (coeficiente 31.1 solo superado por 36 Estados) a pesar de las multimillonarias ayudas de esta Unión Europea inválida y mercachifle.

B) Al representante del Partido Popular en la Comisión de Asuntos Exteriores (de nombre Gustavo de Arístegui)

Resulta ilustrativa su ausencia de voluntad para condenar el asalto de Marruecos. Su asepsia cómplice en posición de equilibrio entre víctimas y victimarios, entre asesinos y asesinados.

Resulta cínica su afirmación de cómo la responsabilidad es de las dos partes por «estancar negociaciones» cuando la parte agredida lleva siete años intentando que la parte agresora acepte el mismo plan que ella misma propuso años atrás. El Frente Polisario, desde 1991, aceptó ampliaciones censales imposibles, dilaciones injustificadas, renunció a un referéndum e incluso, finalmente, aceptaría un plan que plasmaba las propias propuestas de Marruecos a cambio de no realizar dicho referéndum inmediato (Plan Baker II 2003; resolución 1495 de la ONU).

Resulta obscena su afirmación de que las dos partes «se sienten cómodas» con la situación, mientras una parte «cómoda» está asesinada, encarcelada o exiliada (Informes Amnistía Internacional).

Resulta significativa la condecoración a este ejemplar patriota con la más alta distinción de la dictadura de Marruecos, la Wisam Alaui (Revista Hola).

C) A las víctimas y a los héroes, desde nuestra complicidad

A las víctimas que resisten recluidas en prisiones de arena, en cárceles de la dictadura o en el exilio.

A esas sonrisas infantiles torcidas en gestos agrios y abatidos años después, muchos años después, entre las soledades de la jamada.

A esos viejos soldados saharaui-españoles, luchadores por la liberación, que se han ido consumiendo entre té y té, entre pliegos de esperanzas pacíficas.

A los héroes del anteayer y a los héroes del ayer mismo, enfrentados como sus padres al enemigo, a pecho descubierto, con la esencial arma de la dignidad.

En este mundo que nos acosa es difícil ver mesuras tan ascéticas, inteligencias tan serenas, valentías extremas y medidas, capacidades para el perdón, vocaciones comunitarias con ese sentido exquisito para la empatía colectiva. Toda esa idiosincrasia como pueblo merece la conformación de un Estado. No se pide sino un simple Estado más, en medio de esa orgía de Estados artificiales, canallas, fallidos e imperialistas que componen la cada vez más hedionda sociedad internacional.

Se lo van a poner difícil los amos (del poder) y sus siervos…

Francisco Palacios, profesor de Derecho Constitucional de la Universidad de Zaragoza y miembro de Um Draiga


 

ADENDA (post transcriptum)

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