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Posts Tagged ‘manifestación’

IMG-20231111-WA0006(1)(1)(1)ZaragozaEbro

«El Ebro, besando Zaragoza, caminito de la mar»: Archivo personal


Entre la tarde del 9 y la mañana del día 10 de septiembre de 2001, fueron llegando a Bruselas, en autobuses y vehículos particulares, los manifestantes. Cuarenta y nueve días antes, José Luis Martínez, mensajero aragonés de la Marcha, había iniciado su andadura en Biscarrués (Huesca) para cubrir a pie los casi mil cuatrocientos kilómetros que separan la localidad oscense —símbolo de la lucha, por la cruzada de sus habitantes contra la construcción de un proyectado pantano que iba a anegar su futuro— de la sede de la Comisión Europea.

Bruselas recibió a los viajeros fría, gris; con rachas de lluvia heladora que saludaba a aquellas decididas gentes extranjeras que iban tomando posiciones en la Estación del Norte, punto de partida de la manifestación.


Todo había comenzado en febrero de 2000, cuando el ministro de Medio Ambiente del gobierno de José María Aznar, Jaume Matas, anunció el Plan Hidrológico Nacional y su macroproyecto estrella: el trasvase de agua del Ebro a Alicante, Almería, Barcelona, Castellón, Murcia y Valencia. La respuesta en Aragón y el delta del Ebro se tradujo en manifestaciones de protesta que se intensificaron al ser aprobado en las Cortes —con los votos de PP, Convergencia i Unió y Coalición Canaria— un proyecto que las gentes de los territorios cedentes consideraban faraónico, altamente lesivo y contrario a las recomendaciones de la Nueva Cultura del Agua. Tras su publicación en el BOE, el 5 de julio de 2001 —con entrada en vigor el 26 del mismo mes— y conocerse que se había dispuesto la detracción anual de 1.050 hm3 de agua y que el presupuesto para acometer las monumentales obras de infraestructura se elevaba a 3,6 billones de pesetas que se pretendían financiar con fondos europeos, las organizaciones antitrasvasistas, que no habían dejado de clamar contra el dislate y atropello de un PHN que tenía más de beneficioso negocio que de proyecto para paliar la escasez de agua, comprendieron que sus alegaciones sobre el impacto ambiental y socioeconómico de aquel PHN debían ser expuestas sin dilaciones ante quien, en última instancia, poseía la llave de la caja de donde saldría el dinero: la Comisión Europea, con sede en la capital belga.


A las 13 horas de ese 10 de septiembre, bajo una tromba de agua espectacular y con no más de 10° de temperatura, las personas concentradas echaron a andar por las calles de Bruselas. A esa misma hora, lo hacían también, por sus respectivas localidades, cientos de manifestantes concentrados en Zaragoza, Teruel, Huesca y las tierras del delta del Ebro. Diferentes lugares; igual causa. Entre 12.000 y 14.000 personas llenaron Bruselas de música, cánticos, banderas, pancartas, lemas y colorido, mientras arreciaba la lluvia y los pocos bruselenses —resguardados bajo paraguas y chubasqueros— que circulaban por las calles miraban con pasmo a los manifestantes, calados pero resueltos, que en alegre alboroto iban salvando los tres kilómetros que separaban la Estación del Norte de la del Mediodía, final de la Marcha. Como diría después Manel Tomás, de la Plataforma en Defensa del Ebro: En la Comisión Europea, a los antitrasvasistas no nos conocían, así que la Marcha Azul fue nuestra carta de presentación.



EPÍLOGO

Las protestas y manifestaciones masivas contra el trasvase del Ebro en Zaragoza, Madrid, Barcelona, Palma de Mallorca, Valencia y otras localidades continuaron a lo largo de todo el mandato de Aznar, cuyo ministro de Agricultura, Miguel Arias Cañete, llegó a afirmar en Murcia que «el trasvase se hará por cojones». En 2005, el gobierno de Rodríguez Zapatero derogó los artículos del PHN referidos al trasvase del Ebro.

El Estatuto de Autonomía de Aragón en su reforma de 2014 señala que no se podrán realizar disposiciones sobre las aguas del Ebro sin la conformidad del gobierno aragonés y que, en cualquier caso, la Comunidad Autónoma de Aragón garantizará 6.550 hm3 para uso exclusivo de las personas residentes en la Comunidad.

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10julio1910

«Primera manifestación feminista. Barcelona, 1910»


A las cuatro de la tarde de aquel calurosísimo 10 de julio de 1910, comenzaron a llegar los primeros grupos de mujeres a la barcelonesa plaza de Urquinaona. Habían sido convocadas por la Sociedad Progresiva Femenina, entidad que aglutinaba a diversas asociaciones de ideario feminista que seguían la estela de su fundadora, Ángeles López de Ayala Molero (1856-1926), una intelectual republicana, librepensadora y laicista que, ya en 1891, había constituido, junto con la anarquista Teresa Claramunt Creus (1862-1931) y la espiritista Amalia Domingo Soler (1835-1909), la Sociedad Autónoma de Mujeres de Barcelona, una de las primeras organizaciones feministas de la historia.

A las cuatro y media de la tarde, la riada de manifestantes (se calcula que había más de 20.000) se puso en marcha en dirección al Gobierno Civil, coreando el lema principal que podía leerse en la pancarta-estandarte de color rojo que encabezaba la manifestación: Abajo el clericalismo. Viva la libertad.

Apoyadas por las Juventudes Radicales, que ejercían de cordón de seguridad para evitar incidentes con los viandantes, las mujeres  —algunas portando pequeñas caricaturas de la República dando una patada en el culo de un fraile—  llegaron a su destino. Antes de la alocución de López de Ayala recordando a sus compañeras las razones de la convocatoria y el compromiso personal de las asistentes en la defensa de sus derechos, se entregó en la Secretaría del organismo gubernamental un pliego —refrendado con las firmas de 22.000 mujeres— exigiendo la limitación del poder de la Iglesia Católica. Porque de lo que se trataba era de exponer públicamente el rechazo femenino al dominio eclesiástico en todos los ámbitos de la vida, dejando claro que “las mujeres somos seres humanos con capacidad para pensar por nosotras mismas, tomar nuestras propias decisiones y actuar en consecuencia”.


Que la perseverancia en las proclamas de aquellas protagonistas de la primera manifestación feminista de la historia de España tenía más detractores que avalistas lo demuestran los continuos sinsabores padecidos por Ángeles López de Ayala que, además de ser encarcelada en tres ocasiones por la exposición de sus ideas, sufrió diversos atentados contra su integridad y el incendio provocado de su vivienda en Santander. Que en la actualidad, transcurridos ciento catorce años de la histórica marcha, pervivan actitudes patriarcales edulcoradas, cuando no abiertamente sexistas, evidencian que, pese a todo el camino avanzado, resta todavía un buen trecho por desbrozar.

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«Distorsĭonis»: Archivo personal

 

«Acusarnos [a todos] de violentos es, además de una falsedad, una tontería. Si hubiésemos sido violentos, los 1700 policías desplegados habrían sido neutralizados en un santiamén. No digan estupideces», escribía Julio Anguita en un artículo donde analizaba la Marcha por la Dignidad del 22 de marzo.

 

Los muñidores profesionales  esos que ensalivan la realidad para que se adecue a su patrocinado esperpento; los que encienden un cirio en sus enrabietadas ideas para que los regueros de sangre confluyan a la hora del Telediario; la jauría de misal, teletienda y ruedo rojigualdo; los que canallescamente injurian y vilipendian a la atronadora riada que combate exclusivamente armada de razón y firmeza  jamás conseguirán arrebozar a la irreductible masa soberana que clama, con la acometividad envainada, en callejas, plazas y bulevares.

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«Loveletter 2»: Christel Dall


El viejo luchador republicano despide, puño en alto, en la plaza de Navarra, la alborotadora riada de manifestantes que inician el recorrido contestatario por los Porches de Galicia, en dirección al Coso Alto. Apenas un ligero temblor en el ángulo del codo del brazo alzado; los ojuelos brillantes; con la mano izquierda asiendo las muletas que alivian la rigidez de sus músculos nonagenarios.


Mariano Viñuales Tierz nació en Huerto (Huesca) en febrero de 1919, en el seno de una familia campesina. Todavía adolescente, se incorporó como soldado en las filas del ejército republicano, pasando a Francia cuando el avance del ejército rebelde anunciaba la caída de la República Española. Las penalidades sufridas en el exilio forzoso no hicieron sino reafirmar su ideario. Miembro de la resistencia francesa y fugitivo de los nazis  -se arrojó de un tren en marcha en el que era retenido para ser entregado a las autoridades ocupantes-, regresó a España en 1944 para organizar el maquis y fue detenido por la Guardia Civil apenas un mes después. Juzgado en Consejo de Guerra, fue condenado por rebelión militar a doce años y un día de prisión  -terminó cumpliendo seis años de encierro en las cárceles de Torrero (Zaragoza) y San Miguel de los Reyes (Valencia)-. Obtuvo la libertad el 18 de julio de 1950.

Avanza el aluvión humano y resiguen los ojos húmedos del longeno guerrillero las sombras de los últimos integrantes de la marcha hasta que desaparecen detrás de la esquina. Entonces baja, despacio, muy despacio, el brazo, abre la mano con los nudillos entumecidos y saca del bolsillo un pañuelo de tejido azulado que se lleva, pausadamente, al rostro.

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