«Thaumetopoea pityocampa (imagen ampliada)»: Archivo personal
Fueron descendiendo, con lentitud y en impecable formación, del castigado cedro; la negra cabeza de una en contacto con el segmento anal de la precedente. Era tal su morosidad, que los ojos avizores que las observaban apenas eran capaces de apreciar su progresión. Habría, grosso modo, tres centenares, calculó Jenabou; un ejército diminuto y disciplinado, armado su dorso con excrecencias peludas en tonos rojizos e impregnadas de alérgenos, que se deslizaba por el jardín de la casa de Mam’zelle —la señorita Valvanera, la antigua maestra del Barrio— buscando la ubicación idónea, entre la arenisca y la fina gravilla de los laterales, donde enterrarse y aguardar el momento estacional propicio para mutar de crisálidas a mariposas.
Con parsimonia, torció la oruga guía hacia los setos que se yerguen junto a la empalizada de color pistacho y curvose la procesión de malsanos lepidópteros sin despegarse los unos de los otros, como si, en vez de macroparásitos individuales, se tratara de una famélica e interminable serpiente con dificultades de reptación.
A cautelar distancia de la dañina procesionaria, y con el propósito de preservarse de los filamentos urticantes que, cercanos al medio millón, lanzan al aire cada uno de los minúsculos combatientes, Mam’zelle se enfundó gorra, gafas, y guantes, además de cubrirse la mitad inferior del rostro con un fular y calzarse unas botas de senderismo de suela recia; de tal guisa, se aproximó a la cadena viviente, que continuaba su perezosa marcha prolongándose más conforme alcanzaban el suelo las últimas unidades defoliadoras que se retiraban del árbol.
Jenabou salió del cobertizo con manos, cara, cuello y cabeza bien protegidos y el depósito de la mochila fumigadora conteniendo el mismo bioinsecticida que había visto usar en el pinar a Lurditas, la alguacila, con óptimos resultados. “Se van a enterar estas cabronas”, murmuró, y, con el pulso firme, abrió al máximo la boquilla del tubo de aspersión, apretó el gatillo de la empuñadura y fue rociando sin el menor intervalo la comitiva larvaria. Una pasada, dos, tres, al mismo tiempo que, en la retaguardia, la vieja profesora pateaba con ímpetu la hilera de orugas recién asperjadas por la adolescente.
28 de febrero de 2026



Muy interesante. Te mando un beso.
Gracias, Citu. Otro beso para ti.
Qué buenas estrategas, el ayuntamiento debería pagarles por el servicio sanitario que han hecho.
Juntas a una señora mayor con una adolescente y no hay procesionaria que se les resista, y eso que les cayó una buena de la alcaldesa por tomarse la justicia por su mano y no avisar.
Ahí es nada… Dos generaciones muy distantes en guerra contra las orugas y la generación intermedia defendiendo el ejercicio de su autoridad, pero sin dar un palo al agua.
Digamos que se saltaron los protocolos municipales contra la procesionaria pero actuaron como dos profesionales del control de plagas (lo de pisotearlas fue un añadido).
Seguro que, si no actúan ellas, las orugas hubieran seguido tan tranquilas porque los protocolos siempre son lentos. Llegarían, tal vez, para la siguiente generación de orugas.
En este caso, puede. El cedro y todas las coníferas ya habían sido tratadas en otoño, fumigando los nidos de la procesionaria y colocando barreras de protección, pero siempre hay tropecientas orugas que se salvan y hay que evitar que, si descienden al suelo, se entierren.
Este artículo describe la aparición de una procesión de orugas procesionarias en un jardín y la reacción de dos personas que, protegidas, intentan eliminarlas para evitar el peligro que representan.
Buen resumen. Y no solo es que intentaran eliminarlas, sino que las eliminaron por completo.
No había visto antes esa especie,😲 Beurk!!!!!!
Gros bisous 😘
No son agradables a la vista y, además, provocan comezones e incluso conjuntivitis. Repugnantes.
Más besos para ti.
Pocos bichos me producen tanto rechazo como las orugas. Buen trabajo de tus protagonistas. Con intensidad y desempeño. Además, las orugas son sumamente peligrosas también para los perros sobretodo cachorros que no han tenido conocimiento previo. Ufff grima total. Abrazo y salud.
Son una plaga cuya existencia no se puede minimizar porque son tan dañinas sobre los árboles como en el suelo y su capacidad de resistencia casi iguala a la de las cucarachas. Esos tricomas que sueltan a miles pueden causar mucho daño a personas alérgicas o con las defensas bajas, y no digamos ya a las criaturas o a perros y gatos.
Salud y otro abrazo.
Hay un buen equipo batallando contra las orugas.
Buen finde
azurea20
Ya te digo. Como corra mucho la voz, las contratarán en todos los pueblos de la redolada.
Salud y a esperar que mañana no llueva.
Parece un bicho implacable. Lo desconocía, por aquí no se ve. Si lo introdujeron o no se propagó o no lo tengo en mis regiones, creo.
Gracias por desasnarme, una vez más.
Abrazos, Una Mirada….
FRodo
Imagino que en Argentina tendréis otros parásitos (y no me refiero al de la motosierra) tan dañinos como la procesionaria del pino, que en muchos lugares es una auténtica plaga y, también, un problema sanitario.
Cordialidades