«Ciorbă de fasole»: Archivo personal
María Petra, la alcaldesa del Barrio, contempla con cierta aprensión los singulares recipientes de pan que Mariángel, la camarera del Mia-te tú, acaba de colocar delante de cada una de las comensales que comparten la mesa más próxima al aparador. “Pero… ¿y esto…?”, pregunta, recorriendo con la vista los rostros de sus compañeras. “Lo que habéis pedido”, se apresura a responder Mariángel. “La versión original rumana del potaje de alubias que ha preparado Mª Ríos”, explica Marís. “Ciorba de fasole o como quiera que se pronuncie. Si te hubieras molestado en leer la pizarra con el menú del día…”, añade Lurditas, la alguacila. “Anda, ataca ya la sopa que está buenísima”, alienta la veterinaria que se ocupa de la salud de los gatos del Barrio.
Abandonan el comedor para tomar el café en la dependencia que, años ha, fuera garaje y que, al ampliar el restaurante, Mª Ríos y sus socios transmutaron en despensa y bodega. El fortín, lo llaman; un lugar impoluto de paredes encementadas, con estanterías metálicas ancladas en los muros y una vetusta y pesada mesa de madera cuyo tablero veteado refulge siempre como si lo acabaran de encerar. En el fortín, que carece de cualquier fuente de calor, habita, perenne, el frío; incluso en verano.
“Jodo, María Petra, ni que fuera una reunión secreta. ¿No nos podías haber citado en un lugar más templado? En el bar, por ejemplo”, se queja Emil, que llega junto a Étienne y Óscar. “¿Con las elecciones aragonesas en marcha y vosotros llenando el pueblo de pasquines insultando a los candidatos? Bastante movida he tenido con Rafael por el cartel que pusisteis en el tablón de anuncios del Ayuntamiento incitando a bajar a Huesca a boicotear el mitin de la ultraderecha”. “Que no fuimos nosotros, joder”. “Bueno, vamos a lo que importa. La leña para las hogueretas del viernes ya está cortada. Alguien tendrá que recogerla con el remolque y apilarla en los soportales de la abadía, para tenerla a mano”. “Yo misma”, se postula Lurditas. “No, tú no, que estás muy liada y tienes que ir a recoger la carne que encargamos. Y vosotras”, señala a Marís y la veterinaria, “¿tenéis inconveniente en revisar los sacos de patatas para asar que nos han traído? Me ha dicho el señor Manuel que, cuando las recogió, algunas no tenían buena pinta. Y… chicos”, se dirige a Emil, Óscar y Étienne, “cuando terminéis con la leña, podéis pasaros por mi casa que, entre los cuatro, limpiaremos y bruñiremos las parrillas, que están ennegrecidas a más y no poder. ¿Os viene bien?”. […]
Y así, con el eco de las órdenes de la munícipe y amiga enmascaradas tras un tono afable, el vaho de los alientos componiendo una blanquecina masa anubada y la tibieza del café dejando un ínfimo rastro confortante en los cuerpos destemplados, cada mochuelo regresa a su olivo.



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Grazie, Eterea.
He ido a ver la receta de Ciorba de Fasole y ahí si se ven las alubias 😊 Creo que me gusta más el potaje que nosotros hemos comido siempre en Cáceres y que sigo haciendo. Lleva alubias, garbanzos, bacalao y espinacas, rico rico.
Las tertulias políticas nunca son buenas, acaban en trifulcas. En El Fortín enseguida la buscan trabajito a todos. La municipe bien sabe dar órdenes. si tuviera tu correo te mandaba una foto de mi potaje se come mucho en cuaresma.
Un abrazo.
Laura.
El potaje tuyo, con el bacalao (cómo me gusta el bacalao en cualquier guiso), ha de darle un gusto exquisito. Este tipo de comidas contundentes, ya se digan potaje o ciorba, son muy apropiadas para los meses fríos; un par de cucharadas y el cuerpo empieza a entonarse.
Tomar la temperatura a la actualidad política viene bien de vez en cuando, sobre todo las cuestiones locales, que no por darse en un lugar pequeño tienen menos importancia.
Otro abrazo, Laura.
Ya no se que hacer para dejar de ser anónimo.
Cuando empezó a fallar wordpress le pregunté a Allegra, una comentarista que no tiene cuenta ni en wordpress ni en blogger, y me dijo que ella, tras escribir el comentario, pinchaba en el sobrecito que aparece y ponía manualmente su nombre y su correo, o solo su nombre. A lo mejor, mientras persista el problema, esa es la solución: completar a mano los datos.
Impaciente por leer la continuación. A ver cuántas cosas se renuevan gracias al fuego.
Saludos
Uf, pues ni se me había ocurrido una continuación.
Entre la lluvia y el luto por las víctimas del accidente ferroviario, el ritual altoaragonés del fuego se ha retrasado y casi enlaza con las hogueras de Carnaval.
Salud.
Este Emil ¿es el del pichiguitín?
El mismo… con unos cuantos años más, jeje.
en esos panes tipo calabacín se comen aqui los guisos y las cazuelas en el norte argentino… Además de muy bien escrito tu relato me evoca de dónde venimos…
abrazo agradecido!!
carlos perrotti aquí…
Ya siento que no puedas entrar con tu usuario de wordpress.
En España sé que, en algunos lugares, también se usan panes como recipientes de algunas comidas, pero no es lo usual; en cambio, en Rumanía, Polonia o Reino Unido, esa practica está más extendida.
Otro abrazo para ti.
Que curioso el «recipiente»… No recuerdo haber visto nada parecido aquí. ¿No se moja todo el pan? ¿No se traga todo el caldo del guiso? Ya he visto que se mete en el horno, pero quizá no sea suficiente como para hacerlo «impermeable».
Imagino que depende, sobre todo, del tipo de pan. El de la foto es el típico «pan de pueblo», de corteza gruesa y miga compacta pero fácil de quitar. Y aguantó bien, pese a que su contenido era caldoso, sin perder líquido ni resquebrajarse.
¿Pero luego ese pan se come o se desecha?
Se puede comer, claro, porque la parte interior está reblandecida y gustosa; eso ya depende de cada cual.
Es evidente al mirar la foto pero en los ingredientes de la receta no mencionan el pan hasta el final de la preparación, me hubiese faltado eso y habría que haberlo servido en platos. Todos los ingredientes me gustan así que cuenta conmigo como comensal, con un pequeño detalle hoy: aquí hacen 36 grados. Difícil. Suicida.
Abrazos, y que el invierno les sea leve.
FRodo
Cierto; con 36º y una comida de ese calado, mal; aquí, que tenemos 5º, aunque tampoco hay que quejarse, que otros días han sido más fresquetes, una buena y contundente sopa bien caliente cae de maravilla.
No, si el invierno no está mal. Son esas borrascas, el Harry y la Ingrid, que han decidido darse un garbeo por aquí en plan gamberrete.
Otro abrazo.
Delicioso potaje a la rumana, ideal para días frescos, porque nada mejor para entrar en calor si el cuerpo lo pide. Me he apuntado la receta de tu enlace. El envoltorio de pan de pueblo, no es nuevo para mí. He tomado callos en su salsa deliciosa, en un pan como el de la foto y efectivamente, incluso la salsa, no traspasa la corteza, que luego se come también y bien empapada en la salsa picantona de los callos. A mi estos textos me dan hambre, porque como decían Les Luthiers, «lo único que me quita las ganas de comer, es …. comer» Un abrazo, salud y buen potaje.
Es una presentación gastronómica original que da cierto empaque a un plato tan corriente como el potaje; y no digamos a una ración de callos en salsa (nunca los he probado, mira por dónde). La verdad es que desconocía que en España fuera popular el panne cook (que así se conoce al uso del pan como recipiente), salvo en algunos platos tradicionales catalanes y mallorquines que había visto en algún recetario.
Salud, buen provecho de lo que sea que hayas comido y un abrazo.
👏👏
Grazie mille.