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Posts Tagged ‘naturaleza’

Agüerro

«Autumn/Otoño»: Cristina Garrosa Navarro


…pasado el azud, donde las ramas de los árboles techan el camino con vivos y abrazados arcos desiguales, sisean las primeras hojas caídas bajo las patas vacilantes de Zaramandico, que regresa, entre airados rebuznos, de su abortada excursión al Saso. Escoltado por el señor Juan y la veterinaria  -que resoplan fatigados por las carrerillas a las que el milagroso vigor del animal les ha obligado-,  Zaramandico, con los ollares distendidos y los belfos temblorosos, cabecea molesto por el bozal de cuero que asen firmemente sus obstinados cancerberos.


…y al final de la bóveda sombría trenzada por el ramaje, los anémicos rayos de Sol se entretienen sobre las mechas pardas del suelo que, cual heraldos, anuncian la presencia ocre y húmeda del Otoño.

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"Entre rastrojos"

«Entre rastrojos»: Archivo personal


Entre rastrojos, la improvisada senda donde los pies peregrinos desbaratan el organizado futuro de las hormigas.

A golpes de suela, mientras la humana mirada se distrae en alejadas metas, perecen ellas.

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"The sunshine in"

«The sunshine in»: Archivo personal


A media mañana,  el nimbo compacto que a modo de parasol marengo mantenía al Barrio aislado del efecto de la luminosidad solar, se tornó quebradizo, y, entre las transparencias blanquecinas de sus costurones, avanzaron los rayos perseguidos por los ciprínidos.

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Ya no acude la ferfeta (=en Arag., cigarra) a festejar el sueño de los estorninos negros que dormitan  -con el buche repleto-  en la minglanera (=en Arag., granado) que un día fuera observatorio de Timoteo, el mochuelo anciano y cojo que ahuyentaba a los ratones de campo de los humildes restos térreos que la veterinaria que se ocupa de la salud de los gatos del Barrio denomina, con orgullo, huerto. Relucen, expuestas a la abusiva luz de la farola que se levanta por encima del manzano, las minglanas (=en Arag., granadas) reventadas contra el suelo, recuerdo del festín vespertino de las glotonas aves que, cada día, toman posesión de los contados frutales mientras el ligero armazón cubierto con camisa y pantalones, que pretende oficiar de espantapájaros, se mece con suavidad impulsado por el revoloteo incesante de los pájaros.

Trae el cierzo, antes de que la luz del día se imponga a la  de los faroles, el aroma viejo del pan recién horneado que la señora Vicenta distribuye sobre el grueso paño que cubre la enorme mesa de la masedría (=en Arag., amasadero).

Y despierta el Barrio al trajín cotidiano mientras los estorninos, sin prisa, levantan el vuelo.

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