«Tesela y Kuro»: Archivo personal
Arrecia la lluvia —como si quisiera compensar la escampada de apenas treinta y cinco minutos— y nos obliga a retornar, recluirnos y apoltronarnos en la casa, alterando nuestras rutinas e interfiriendo en las de los félidos que, habituados a sus horas de conciliábulo sin otra especie que les señale hasta dónde llegan sus dominios gatescos, nos miran de refilón, quizás aguardando que nuestras posaderas y el resto de nuestra masa corpórea abandonen el sofá, se sublimen y desaparezcan por el conducto de ventilación del único cuarto vedado que ellos han invadido en nuestra breve ausencia. Casi puedo percibir el gesto de fastidio de Groschen, tumbado sobre el escabel del sillón del estudio y bien arrimado —demasiado arrimado— a la pajarera rodante de Dashiell, el añoso lugano; este, ajeno a la atmósfera de incomodidad gatuna, no ha parado de imitar el canto de Melitón —el canario de la vecina— desde que nos viera traspasar el umbral del aposento prohibido a los felinos, como si con tan melodioso recibimiento quisiera indicarnos lo placentera que se le hace nuestra presencia, aunque sea a deshoras. Y no es que los mininos Groschen, Tesela y Kuro no nos quieran —que nos distinguen con sus afectos y lo manifiestan, a menudo, hasta el agotamiento— pero son poco proclives a las improvisaciones de sus humanos —Jenabou, la veterinaria y yo—, máxime cuando, como hoy, los pillamos desprevenidos y en una ubicación —la de Dashiell— a la que tienen restringido el acceso si no es en nuestra compañía. Sin embargo… ¿cómo no sentirse fascinado por estos seres autónomos, espabilados e ingeniosos, capaces de invertir el tiempo necesario de ensayo y error hasta doblegar la aparentemente inalcanzable manilla de la puerta cerrada para lograr su propósito?



Preciosos y muy pensativos… probablemente maquinando qué hacer. Me encanta eso de «dominios gatescos.»
Lo cierto es que, al vivir en un ambiente apacible, son bastante tranquilos y son ellos quienes marcan sus propias pautas.
Jajaja, «gatesco»… Me gusta la palabra porque, como adjetivo de «dominio», da la idea de mayor amplitud en el espacio.
Gracias por la lectura.
Ingeniosos y diría que inteligentes, se buscan «sus mañas» para salirse con la suya y al final consiguen su propósito.
Bonitos mininos, al negrito parece que la cámara le incomode un poco 😉
Un abrazo.
Exacto, los gatos son muy inteligentes y perseverantes.
Kuro —el de color negro— es, de los tres, el que más fotos tiene, desde que le daba de mamar la gata madre, pero su estampa es muy circunspecta.
Otro abrazo.
Son tan lindos. Te mando un beso.
Sí, son una gozada.
Otro beso para ti.
Me sopla Google que un lugano es como un jilguero, no lo sabía. Cómo les entre hambre a los mínimos…
Si les entra hambre, darán buena cuenta del pienso. Al lugano, comérselo no, pero sí lastimarlo con la propensión que tienen a deslizar la jaula de un lado a otro.
Sono stupendi!!!
Sì, sono adorabili.
🌹💙🌹
Adorables sin duda venerables deidades…
Totalmente. Qué te voy a contar a ti, que tanto los quieres.
De mi poco amor por los gatos ya hablamos largo y tendido cuando aquella entrada en la que contaba mi frustrante relación con cuatro gatitos recién nacidos. Seguro que lo recuerdas con la buena memoria que tienes…
https://el-macasar.blogspot.com/2023/04/los-gatos.html?m=1
No recordaba la historia al detalle, así que he vuelto a ella y, además de releer el post, he vuelto «escuchar», más que leer, a nuestro Jubi, tan lleno de vida, tan real, tan él, que, como cada vez que veo un escrito suyo, me rebela que se hayan acabado para siempre esas citas virtuales en las que, durante años, tú, él, yo y tantas personas de las que he perdido la pista, coincidíamos.
Yo echo de menos ya a tantas personas… Cuando, por casualidad o por enlazarlo, veo alguna entrada antigua, me aterro al ver la de ausencias que hay. Y me duele, me duelen igual que los que se fueron de la «vida real». Llegar a mi edad es un continuo adiós, cada persona que se va se lleva un poco de tí y, a estas alturas, parece como si te fueras quedando sin nada.
Lo comprendo, Senior, pero es imposible retener a quien elije cerrar o ausentarse indefinidamente de su blog y cancela sus visitas a las bitácoras amigas. Se siente la ausencia e, incluso, duele cuando, a lo largo del tiempo, se ha compartido tanto. Hay que comprender, sin embargo, que también quienes optan por el silencio tienen sus motivos, circunstancias que desconocemos.
No sé si te servirá de consuelo, pero, en mi caso, no tengo intención de cerrar el blog ni dejar de visitar y comentar en el tuyo, salvo causa grave como la que me mantuvo alejado tantos meses.
Yo soy más perruno que gatuno, pero es por cuestión de experiencia, salvo con los gatos que tenía mi abuela en el pueblo y que eran algo díscolos pero siempre listos y espabilados, y con los que me llevé bien, aunque en la distancia que ellos mismos marcaban. Por cierto, que cuando aparecía algún perro de la familia, los gatos imponían su territorialidad y los perros los respetaban, salvo eso sí, los cachorros perrunos, cosas de la juventud. Preciosa foto. Un abrazo y salud.
Como tampoco se trata de hacer un cuadro de valoración sobre si preferimos perros o gatos, lo importante es que, más allá de nuestras querencias, respetamos a unos y a otros y a los animales en general —bueno, yo a las moscas no, que son detestables, jeje—.
Estoy de acuerdo en lo que comentas del respeto de los perros hacia los míninos; los canes son inteligentes y saben que, encarados con un gato, las uñas de un felino son peligrosas. Los gatos, más que respeto (están demasiado endiosados) por los perros, actúan con prudencia porque suelen evitar, siempre que pueden, los encontronazos.
Salud y buen finde.
Yo tampoco soy muy gatuna, mi experiencia de los gatos que, en tiempos, hubo en mi casa, los recuerdo muy «furos». No permitían ni una caricia. Sin embargo varios amigos tienen gatitos y son muy cariñosos.
La foto es preciosa.
Buenas noches.
Es que los gatos no tienen una manera de ser uniforme; los hay intratables y los hay tiernos y mimosos. También me relaciono con gatos furos que, aún conociéndome y dándoles de comer, no dudan en bufarme y sacarme las uñas ante cualquier intento de acercamiento.
Salud y buen finde (a ver si no nos llueve).
En respuesta a Una mirada y para que no se «adelgace» demasiado.
…
Me refería más bien a los que se han ido definitivamente, que tengo ya una buena lista. De unos tengo la certeza, de otros la sospecha. A los que cierran sus blogs o dejan de comentar en el mío, los respeto, porque cada uno es libre de seguir otros caminos. Yo misma he dejado de visitar blogs en los que comentaba antes y algunas veces hasta siento remordimiento, como en el caso de un andaluz con el que coincidía en muchas cosas, pero que empezó a publicar solo poesía y yo no sé comentar ahí. De una poesía yo solo sé decir si me gusta o no, pero argumentar sobre ella no puedo. Lo mismo que tampoco puedo comentar en blogs con muchos comentarios por lo que ya he dicho en otras ocasiones: que me leo todos los anteriores y no puedo leerme 40 o 50.
Perdona, pues, querida Senior, por haber entendido al revés tus palabras…
De la gente con la que tú y yo coincidíamos, recuerdo a Leodegundia, de la que hace muchísimo tiempo que no sé nada; también a Jenofonte, un bloguero creo que de Chile, y, hace unos días, busqué el blog de Genín, un señor que comentaba en la casa virtual de Emilio, y la última entrada de su blog es de diciembre de 2023.
Como en tu caso, también me gusta mirar los comentarios anteriores de los blogs que visito, aunque sea una rápida ojeada, pero, en ocasiones, se me escapa alguno.
Te puedo decir que con Leodegundia sigo en contacto, pero reducido al WhatsApp, solo cuando ocurre algo importante, la llamo. De los otros dos no se nada.
Pensaba avisarle al amigo «egipcio» Carlos, pero veo que ya ha pasado por aquí.
Abrazo grande
Frodo
Imagino que cuando vio la foto de los mininos, se dijo que no podía dejar pasar ese momento, je,je.
Más abrazos.