«Esculturas de David Teager-Portman»: Archivo personal
Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadies con salir de pobres, que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte, que llueva a cántaros la buena suerte; pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca, ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte, por mucho que los nadies la llamen y aunque les pique la mano izquierda, o se levanten con el pie derecho, o empiecen el año cambiando de escoba.
Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada.
Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos.
Que no son, aunque sean.
Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no profesan religiones, sino supersticiones.
Que no hacen arte, sino artesanía.
Que no practican cultura, sino folklore.
Que no son seres humanos, sino recursos humanos.
Que no tienen cara, sino brazos.
Que no tienen nombre, sino número.
Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local.
Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata.
—Eduardo Galeano (1940-2015): Relato Los nadies, contenido en El libro de los abrazos (1989)—
En el área londinense de Spitalfields, se encuentran, a ras de suelo y protegidos por un cristal, los restos de un antiguo cementerio medieval que se levanta sobre otro construido en la época de la Londinium romana. Entre las ruinas de ese osario subterráneo que nos retrotrae a la pandemia de peste que asoló Europa en el siglo XIV, dos figuras de rostros inexpresivos, esculpidas en bronce por el artista británico David Teager-Portman y expuestas, desde 2014 y en macabro señalamiento, en esa ubicación: una, en tonos púrpura, tendida en el suelo y otra, coloreada de azul, que se agacha sobre la primera extendiendo la mano para tocarla. «Eligiendo el lado perdedor», se titula la composición escultórica. Solidaridad broncínea, pensé, en tanto se abría paso en mi memoria Eduardo Galeano manoteándome los recuerdos hasta hacerme evocar a sus Nadies. De él y míos; de cualquier persona que no se ha desprendido del gen del humanitarismo, ese que nos hace lagrimear, vituperar, padecer, acompañar, empatizar, auxiliar, resistir y… contender contra esos engendros totalitarios que se pretenden humanos y hacia los que nos previno Sartre señalando que “al fascismo [a cualquier –ismo tiránico] no se le discute, se le combate, pues el diálogo no es para las bestias”. Y, a día de hoy, cuando afligidos y socorredores compartimos el mismo epígrafe y los Nadies somos mayoría en este planeta circunnavegado por sabandijas, solo la brújula de la indomabilidad será capaz de acercarnos a ese Otro Mundo Posible que anhelamos para las próximas generaciones.



Los nadies protagonizarán ese mundo que quede aún posible tras la debacle que ya se viene… Si los sutras tienen razón, tras el cruento final de era que presenciamos, será un mundo aún posible donde «el ser humano aprenderá el arte de vivir vidas largas y plenas» (cito textual)… a partir del derrumbe de este sistema, sus creencias e ideologías…
A veces, en algún receso de esa utopía libertaria que me estimula, se cuela un ramalazo de realidad que, si bien no me hace caer en el abismo del desánimo, me aproxima hasta el borde. Porque, aunque me inscriba entre los Nadies, soy un privilegiado que puede mantener sus convicciones en un entorno en el que, aun viviendo al día, tengo cubiertas mis necesidades más perentorias. No soy creyente en sutras ni augurios, pero creo en el ser humano, en su capacidad de caer y volver a levantarse una y otra vez, pero también pienso en la dificultad de equilibrar bonhomía y circunstancias personales aciagas.
Tengo delante de mí un cartel del escritor Chesterton que reza: La afirmación de que los mansos poseerán la Tierra estrá muy lejos de ser una afirmación mansa. Y no, no lo es.
Galeano tiene razón yeso mata. Nuestra sociedad es muy dura. Te mando un beso.
Quizás nuestra sociedad es muy dura porque hemos sido incapaces de oponernos a esas normas no escritas que la rigen.
Otro beso.
La esperanza grita «Otro mundo es posible», pero antes, la compasión grita «Otro mundo es necesario».
Jon Sobrino
Más que la compasión, tendrían que ser la razón y la justicia las que clamaran.
Cuán buena gente, Sobrino y qué admirable su coherencia.
A mí me impresionó su mirada, su voz dulce y pausada, la expresión de su frágil cuerpo y la tranquilidad con que nos contaba que cuando se sentaba en su silla de profesor, sabía que podía haber un explosivo debajo. Poco después de esto, fue el asesinato de sus compañeros, del que se libró por estar de viaje. Y ahí sigue al pie del cañón, con lo débil que es y la enfermedad tan grave que padece.
Ha visto tanto… Tanto sufrimiento, tanta depravación, tanta muerte que supongo que ha terminado por recorrer su propia existencia sin permitir que sus miedos privados lo sobresalte. Me parece un ser humano ejemplar, como tantos de sus compañeros que, como él, jamás pusieron a Dios por encima del prójimo.
Es que Dios es el prójimo.
No tengo la menor duda de que estás convencida de ello.
Bonita reflexión y qué bello el poema de Galeano.
La mayoría de los textos de Galeano mantienen una vigencia que casi asusta; quizás porque las injusticias, desgraciadamente, jamás cogen polvo.
Como presumo yo hoy… También tuve la suerte de conocer a Galeano, de oírlo cara a cara.
Pues sí, puedes presumir de ese conocimiento. Aún recuerdo el vídeo de esa charla de Galeano a la que asististe; creo que ibas vestida de rojo, ¿es así?
Que buena memoria…
Bueno, pusiste el enlace y aquí está el vídeo.
Si bien te ocurrió el Londres ¡cómo no pensar en los pibes de Liverpool! en especial en ese tal John Lennon que escribió «Nowhere Man«, canción que dice algo así como «hombre de ningún lugar, sentado en ningún lugar y que no sabe a dónde va, sin rumbo y haciendo planes para nadie…»
Abrazos y hasta la próxima vuelta por tus grandiosas páginas, Camarada Una Mirada…
FRodo
Pues ya ves… Se ve que Lennon es más tímido que Galeano y no quiso ejercer de Voz de la Conciencia.
Muchas gracias por esta gran vuelta lectora y por el tiempo que has invertido en comentar en tantas y densas entradas.
Nos vemos en tu casa, en tu próximo post.
Un abrazo.
Solo tú eres capaz de mezclar las esculturas de un cementerio con Galeano y Sartre y hacer una proclama contra los amos del mundo, es para quitarse el sombrero por lo bien que lo has juntado todo.
No es para tanto, pero gracias; a veces, la intersección de ideas funciona por su propia cuenta.
Fantástico el poema de Galdeano, siempre actual, y evocador de los Nadies, que somos todos. Espléndido como buscas el vínculo y lo encuentras, entre el poema y las esculturas de David Teager-Portman, a quién desconocía. Me llevo una alegría por el vínculo que has añadido, de la conferencia que Galdeano en Granada y que me guardo para saborearlo lentamente. Gracias. Un abrazo y salud.
El enlace al vídeo es el que puso Senior citizen en otra entrada sobre Galeano. Y lo cierto es que la charla es interesantísima, al igual que el debate que se establece al final.
Galeano tiene una obra que no ha perdido su cuota de actualidad. En este blog, sus textos son un recurso habitual porque comparto la gran mayoría de sus reflexiones.
Salud y cordialidades.