«El desfile de los equinoideos»: Archivo personal
Aquella mañana de mediados de febrero en la que Mariángel —ayudante de cocina y camarera en el Mia-te tú— acudió al horno de la localidad a recoger los panecillos de chapata —encargados para la comida a puerta cerrada de los vitivinicultores—, coincidió con la vieja Angelines, correveidile oficiosa de cuanto acontece en el pueblo, que aprovechó la circunstancia para traer a colacion el «festín de los vinateros» [sic]. “Alguna mariscada les habrá preparado Mª Ríos, que esos son muy requetefinos y no se contentan con cualquier cosa. Buenos dineros se dejarán en la tragantona”, conjeturaba, mientras Otilia, la panadera, sabedora del percal, le hacía gestos a la joven barista para que se abstuviera de dar explicaciones. Pero Mariángel, tan ingenua ella como malintencionada la anciana, no tuvo inconveniente en presumir, con más candidez que engreimiento, de “unos erizos de mar de color violeta, preciosos y bien vivos” que Mª Ríos había comprado para extraerles las gónadas, aliñarlas y servirlas a los antojadizos comensales con el resto de entrantes.
No habían transcurrido ni quince minutos del regreso de la camarera a sus tareas en el gastrobar, cuando Mª Ríos recibió una llamada telefónica de la profesora de Educación Infantil de la Escuela Rural del Barrio:
—Oye, que me han comentado las madres que tienes erizos de mar vivos. ¿Puedo llevar a mi chiquillería para que los vean? Nada, poco rato. Solo para que sepan cómo son y nos vamos.
Y de esa manera, al mismo tiempo que una cariacontecida Mariángel le relataba a la desconcertada restauradora lo sucedido en la tahona, comenzó el desfile. La bulliciosa chavalería más joven de la escuela con su maestra. Los cuatro abuelos guasones que juegan a las cartas en el bar del Salón Social. Cinco madres que acababan de dejar a su progenie en el colegio y no sabían en qué emplear la mañana. La propia Angelines, con su amiga María Blanca y dos señoras de la Urbanización con las que salen a caminar. Olarieta, cocinera del bar del Salón Social, acompañada de Anca, la trabajadora de la Casa de Turismo Rural. Tres alumnos del Instituto de la capital que se habían tomado el día libre. Un matrimonio mayor que hacía hora para acudir al Consultorio Médico. Lurditas, la alguacila, y los dos peones contratados por el Ayuntamiento para limpiar el perímetro del azud… Todos, por supuesto, a contemplar los violáceos erizos de mar, en tanto que Mª Ríos, iracunda, lidiaba con los intríngulis del menú y Mariángel, lacrimosa, la perseguía —de la despensa a la cocina y de esta al comedor— suplicándole indulgencia por el embolado resultante de su indiscreción.
—¿Y te quieres creer —le contaba Mª Ríos, esa misma noche, a la veterinaria que se ocupa de la salud de los gatos del Barrio—, que tuve que sacar a los rezagados a empujones y cerrar la puerta con llave? Y aún protestaban.



Qué bien narrado. Me encanta.
Muchas gracias.
Salud.
Menos mal que nadie les puso nombres y pidió convertirlos en mascotas oficiales del barrio.
Muy bueno.
…y exigir al Ayuntamiento la construcción de un estanque de agua salada a la temperatura del Cantábrico para acomodar a los erizos, jeje.
Excelente…me encanta el juego con los nombres.
En eso tengo poco mérito porque me limito a transcribir, convirtiéndolas en ficción literaria, anécdotas reales y las personas que las protagonizaron.
Muchas gracias, Teresa.
Salud.
Que bueno, en los pueblos el boca a boca es más rápido que la velocidad de la luz.
Y más la lengua de Angelines, cuyo alcance es digno de estudio.
Que hermoso relato, me gusta mucho
Muchas gracias; me alegra que haya sido de tu agrado.
Son lindos los erizos de la fotografía como pompons de lana. Je t’envoie plein de bisous et de câlins 🤗🤗😘😘
Sí, se parecen a los pompones y borlas.
Más besos y abrazos para ti, Allegra.
Qué bueno y qué realidad de los corrillos locales 👏👏👏👏👏
En los lugares poco poblados, ya se sabe…
Salud, Teresa.
Si, lo sé, soy de un pueblo pequeño 😉
Yo también quiero erizos de esos, que no los he visto nunca. Y, de camino, una Angelines, que la de esta casa se murió y ahora no me entero de nada.
Lo de los erizos de mar tiene fácil arreglo: puedes rondar varias pescaderías y en alguna habrá. Lo de Angelines… La empaquetaría para enviártela, pero no creo que el juez aceptara como eximente de mi conducta que la señora es una chismosa de Guinnes y, además, con muy mala baba.
Me explico. He visto los erizos y hasta me he pinchado los pies al salir del agua en la playa, pero no eran morados. Por aquí no hay mucha afición a comerlos, pero en Cádiz se vuelven locos con ellos y a lo color naranja que se come le llaman «coral».
Tampoco yo los conocía ni los había visto en los menús de los restaurantes de la provincia; ni sabía que la parte anaranjada que se degusta son gónadas ni que se comen crudas. Los de la imagen que encabeza el post estaban en una pescadería, allí se hizo la foto, y llamaban la atención precisamente por eso, por el color. Si agrandas la fotografía los verás mejor.
Menuda procesión, nunca mejor dicho.
Yo no los he visto nunca. Además en la ilustración quedan bien bonitos.
En mi caso, hasta ignoraba que los hubiera de tantos colores, como después supe; tampoco había pensado en ellos como delicatesen gastronómicas. Se nota que somos gente de interior…
Salud y a terminar bien el día.
Buena tarde.
Salud.
Una historia muy divertida. Imagino que tierra adentro los erizos son difíciles de ver. Yo los como en Asturias, pero no me parece que sean morados. Habrá de varios tipos, supongo. Tawaki
Sí, hay de diversos colores y hasta el aspecto de las púas del caparazón varía; los hay que las tienen igualadas y otros en las que unas son más largas y otras más cortas. Estos morados dijeron que habían sido recolectados en el Cantábrico. Su color llama mucho la atención. De su sabor no sé porque jamás los he catado.
Los erizos que he visto son como más «amarronados», desde luego los de la foto son muy vistosos. Dicen que son un manjar, proteína pura, pero no los he probado nunca, además creo que se come crudo y yo crudo, ni las ostras, otro manjar que a mi me cae fatal.
Angelines debe haber en todas partes y algunas merecen un escarmiento -cariñoso claro- como por ejemplo contarle una milonga en la panadería, para que la suelte por el pueblo y luego quede retratada con la historia, como una experta cotilla y sin filtro. Me imagino la cara de Mª Rios viendo a toda la peña pasando en desfile y curioseando los bichejos. Divertida anécdota. Un abrazo y Salud.
Me pasa lo que a ti, que a mi boca le da reparo que le introduzca comida cruda de origen animal; alguna ostra sí como, pero lo hago, sobre todo, para que la persona que suele traerlas no piense que soy un desagradecido.
El problema con las chismosas profesionales es que, muchas veces, pueden generar desastres que no son comparables al lío que se produjo en el gastrobar. A Angelines, de la que todo el Barrio, que la conoce, está prevenida, se le suele aplicar aquello de «A quien mucho quiere saber, se le dice poco y al revés«, algo que falló con Mariángel porque, no viviendo en el pueblo, desconocía la afición de Angelines.
Salud y buen fin de semana.
Los amigos del Conicet por aquí han generado una pequeña revolución cuando hicieron un streaming en el fondo marino cercano a Mar del Plata y han encontrado una «estrellita culona», puedes googlearlo así.
También una medusa de 11 metros y hace poco han encontrado un VHS a 2600 mts de profundidad, no sé que fue de él ni si se pudo recuperar algo de lo que tenía grabado. Supongo que no.
Abrazos, camarada.
Hasta la próxima vuelta por tus espectaculares páginas.
FRodo
Le va muy bien lo de estrella culona porque tiene un trasero bien configurado, con una leve hendidura entre los supuestos glúteos, como he comprobado en la foto que adjuntan en la noticia. Curioso ejemplar.
Del VHS dudo que puedan recuperar nada, la sal es muy corrosiva; aunque no habrá actuado contra el plástico de la caja, sí habrá destruido los componentes metálicos del interior. Los once metros de medusa dan algo de yuyu.
Gracias por tu lectura intensiva y el tiempo que has invertido en comentar en tantos artículos.
Un abrazo enorme.