«Infancia»: Archivo personal
Aquel curso, la Escuela Rural del Barrio se había ofrecido como anfitriona del Festival Navideño Interescolar en el que participaban los centros educativos unitarios de cinco pueblos de la zona. Desde primeros de diciembre, los ensayos, la cartelería y los programas de mano, además de las clases ordinarias, mantenían ocupados a alumnado y maestras del Barrio, que prolongaban el horario escolar, con tanto deleite como frenesí, entremezclados con las madres, afanadas en la confección de la vestimenta.
Iban a poner en escena, teatralizándolo, el villancico El Chiquirritín, que, finalizada la obra, interpretarían a coro apoyándose en dos guitarras, una bandurria, castañuelas y panderetas. De la direccion musical se encargaba Trini, una exalumna de la escuela con estudios de piano y nula paciencia para trabajar con gente menuda. Y fue en el tema musical donde surgió el primer contratiempo. Los cinco niños y niñas que hacían de pastores debían acercarse, de uno en uno, a acariciar al Niño —interpretado por Sergiete, un bebé de ocho meses, rollizo y simpaticote, que no pasaba por recién nacido pero era el único bebé del Barrio— y cantarle el primer verso del villancico, “Ay, del Chiquirritín, Chiquirriquitín”. La veterinaria, entonces niña, que había llegado por primera vez al Barrio en mayo y, aunque había conseguido aprender castellano, confundía sílabas y tenía un acento francés acentuadísimo, era una de las pastorcillas; pero su versión de aquello que debía entonar difería bastante del original.
—Ay, del Pichiguitín, Pichiguititín —decía.
—Que no es pichiguitín —se desesperaba Trini—. Escúchame: chi-qui-rri-tín.
—Pi-chi-gui-tín.
—No, presta atención. Mírame los labios: chi-qui-rri-tín.
—Pi-chi-gui-tín —insistía la niña. Y de ahí no había quien la sacara.
El segundo revés vino por parte del alcalde, que se negaba a que un ternero y Zaramandico, el burro del señor Juan, entraran en el Salón de Plenos donde iba a celebrarse el evento.
—Mira, Valvanera, empiezo a estar harto del Festival. Me pediste que os pagáramos los aperitivos y las bebidas para agasajar a las escuelas. Y acepté. Pero te estás pasando pretendiendo meter en el Ayuntamiento esos animales. Hacedlos en papel o poned muñecos, hostias.
—Es un belén viviente, Gonzalo, y no quieras saber lo que me ha costado que nos presten el ternero. No seas tiquismiquis, que esto es un Ayuntamiento de pueblo y tú mismo crías cerdos.
Llegó el día del Festival. El Salón de Plenos se hallaba tan concurrido que ni los dos portalones podían cerrarse; había gente siguiendo el espectáculo hasta en el pasillo y las escaleras. Las dramatizaciones de las escuelas invitadas fueron un éxito y llegó, en último lugar, la actuación del colegio anfitrión.
Hacer pasar, entre el publico apretujado, al ternero y a Zaramandico camino del escenario, fue toda una proeza que se resolvió entre aluviones de carcajadas. Pero no fueron tan ruidosas como las que sonaron a posteriori, cuando, pasados diez minutos del comienzo de la obra El Chiquirritín, salió la primera pastorcita —la veterinaria niña— y, tras acariciar la cabeza del Niño Jesús, entonó:
—Ay, del Pichiguitín, Pichiguititín.
La concurrencia se retorcía de risa. Entonces, hizo su entrada Talito, el segundo pastorcillo, que le hizo cosquillas al bebé y, después, cantó:
—Ay del Pichiguitín, Pichiguititín.
Lo mismo la tercera pastora. Y el cuarto pastor y la quinta. Trini, a un lado del escenario, estuvo en un tris de sufrir un soponcio, que casi llegó a la apoplejía cuando, agrupado todo el alumnado en la escena final para cantar, completo, el villancico, escuchó las voces de aquel coro con el que tanto había ensayado:
—Ay, del Pichiguitín, Pichiguititín, metidito entre pajas. Ay, del Pichiguitín, Pichiguititín, queridín, queridito del alma…
El público carcajeante aplaudió con ganas la actuación, en la creencia de que aquel pichiguitín, pichiguititín no era sino una chirigota hecha aposta. Y lo era, por supuesto; ya se había encargado Emil, uno de los chicos de 6º de E.G.B. y líder del alumnado, de persuadir a sus compañeros y compañeras para desquitarse por los rapapolvos continuados —y, en su mayor parte, inmerecidos— que el grupo había recibido de Trini durante los ensayos.



Aplausos a Emil y a todo el grupo. Muy bonito recuerdo.
Feliz adviento.
La Escuela Rural fue una buenísima experiencia de la que siempre afloran los mejores recuerdos.
Feliz Adviento también para ti.
lindos recuerdos. Te mando un beso.
Lo son, sí. Otro beso para ti.
¡Que bueno! Falta me hacía reírme hoy como me he reído…
Entonces me alegra todavía más que esta narración te haya apartado de las preocupaciones. Ya sé que son días complicados para ti.
Entre un ternero y un burro
Dios ha nacido
y en el Salón de Plenos
lo han recogido.
Jajaja, hubiera sido un puntazo que, además del pichiguitineo, le hubieran cambiado el resto de la letra al villancico.
Me encantó, amiga, muy divertido, ocurrente, además de estar muy bien contado el cuento…
Muy agradecido por el cumplido, Carlos.
Es una travesura muy bonita.😃♥️
Sí, quedó muy bien dentro de la obra.
Que bueno, jajajaja, eso se llama solidaridad y empatía, bueno y un poco de mala leche por tanto rapapolvo recibido de la tal Trini. De todas formas y dentro de un ambiente festivo, la diferencia entre «Pichiguitín, Pichiguititín» y el original, es solo una cuestión de matiz, y además el público lo disfrutó a carcajadas, así que objetivo cumplido. En cuanto al tegnero y al buggo Zagamandico, suegte que fuegan del señog Juan y no del señog Gamón Gamigez del Coggal 😉 Abrazo y Risas.
Jajaja, lo cierto es que, de puertas afuera, la representación estuvo muy bien. Algo se ganó: Trini no volvió a colaborar con la escuela hasta mucho tiempo después, cuando la mayoría del alumnado que había participado en esa obra realizaba estudios superiores en otros centros educativos. Lo cierto es que del Festival todo el mundo se llevó una excelente impresión y el resto de pueblos felicitaron al Ayuntamiento y a la escuela del Barrio por la buena organización y el espléndido convite.
Más abrazos.
Una profesora de niños y tener poca paciencia, es una mezcla que no puede terminar bien. jaja.
Me encanta la insistencia de la veterinaria (cuando era niña) y la complicidad y complot del resto de sus compañeros. No me extraña la cara de circunstancia de la profesora y su «casi apoplejía» jeje.
Gracias por arrancarme unas sonrisas son sabor a Navidad, estas puestas en escenas del nacimiento del Niño Jesús recién nacido, no pueden ser más entrañables.
(Ayy del Pichiguitín) 🙂
Un abrazo grande, Una mirada, desde una tarde preciosa y fría que estando en casa abrigada y relajada, se torna como trocitos de cielo en la tierra.
Bueno, Trini no era profesora de la escuela (quizás, de haberlo sido, la chiquillería no se hubiera atrevido a plantarle cara de esa manera), solo se prestó a dirigir el villancico y, con su afán pèrfeccionista, les hizo pasar unos días de ensayo terribles plagados de broncas y castigos. Pero como el pichiguitín, pichiquitín no repercutió en el buen desarrollo del Festival, la única que salió escaldada fue ella.
Otro abrazo grande, pero con mascarilla, que llevo un resfriado descomunal.
Un😂 gran aplauso a la veterinaria y a Emil. Haber si aprende «La Trini» a ser más tolerante con los críos. Menudo exitazo de función 😂
Te deseo una buena Navidad . Felices fiestas.
🎄 Feliz 🎅 Navidad ⛄ Una mirada.
Desde Béjar queriendo ponerse a nevar abrazos 🤗🤗〰〰💞
Laura.
Por aquí nevó pero no cuajó…
Deseo que hayas pasado unos días familiares y extraordinarios.
Un abrazo.
Pues nada, que sigo como anónimo. A ver si hay suerte ahora.
Feliz año, amiga… pleno de sensibilidad, bienestar y armonía para vos, los tuyos y todo aquel que quieras…
Carlos Perrotti desde Buenos Aires, Argentina… Abrazo feliz hasta vos!!
Muchas gracias por tan hermosos deseos, Carlos, y que se cumplan también en ti y los tuyos.
Desde Béjar te deseamos un buen 2026. Que este que nos llega traiga mucho y bueno para todos. Gracias por estar siempre. Seguimos.
Un abrazo.
Laura
Muchas gracias a ti, Laura. Confiemos que este sea el año esperado y que deje unas huellas que hagan sonreír.
Otro abrazo.
Cuánto me he reído, que es de lo que se trata. Pasarlo bien, que más de chiquirritín que pichiguitín.
Salud.
Cuando de gente menuda se trata, disfrutar ha de ser la única meta.
Salud.
jejejeje muy divertido.
¡La cantidad de veces que de niños le hemos cambiado la letra a las canciones! Ni hablar del himno nacional.
Creo que el amigo Carlos Perrotti está cometiendo el mismo error que cometía yo, en tratarte de amiga. Le enviaré un whatsapp para ver cómo está y de paso le advierto que usted es un Señor y aunque no le molesta que le llamemos señora, lo correcto es primero.
Abrazos, querido amigo Una Mirada…
Frodo
Es que trastocar las letras es un juego muy ameno. Hasta el himno de España, que no tiene letra, ha sido objeto de pullas con letras inventadas.
Al tema de tratarme en femenino no le doy importancia; el nick «Una mirada…» se presta a la ambigüedad, de ahí que me limite a usar el masculino cuando soy yo quien habla en los comentarios, pero en absoluto me ofende que me tomen por mujer porque sigo siendo quien soy.
Más abrazos para ti, amigo.