«Muralismo público: La Luz de la Esperanza»: Archivo personal
El pasado 20 de febrero, la Fundación Andaluza de Memoria y Cultura, en la celebración de la XII edición de los Premios García Caparrós —evento que se organiza anualmente en memoria del joven Manuel José García Caparrós, de dieciocho años, asesinado por disparos de la policía en 1977, durante una manifestación andalucista—, otorgó uno de sus galardones a la escritora Antonina Rodrigo García, de 91 años, feminista, anarquista e infatigable investigadora histórica que, con su bien documentada escritura, ha dado voz y luz a mujeres silenciadas, ninguneadas y enterradas bajo los escombros de una España falsamente cimentada en la virilidad y el fascismo.
LA ANTIFASCISTA
Nacida en 1935, en el Albayzín granadino, de familia humilde y formación autodidacta, Antonina Rodrigo es una de las mayores expertas en dos renombradas personalidades de cuna granadina: Mariana Pineda y Federico García Lorca. Comenzó su trayectoria literaria publicando cuentos en prensa falangista hasta que, a partir de 1960, surgiría la Antonina investigadora que empezaría a tirar del hilo de la historia emborronada por el franquismo y a tejer, con tesón y minuciosidad, los relatos veraces de las vivencias de aquellos y aquellas a quienes la dictadura les había arrebatado incluso la existencia pública, maltratándolos u ocultando sus logros, y, en caso de concederles el derecho a ser mencionados y mencionadas, convirtiendo sus escuetas biografías oficiales en una concatenación de arbitrariedades ajenas a la realidad.
La indignación acumulada por la autora ante la tergiversación que había hecho el franquismo de algunas de las figuras más conocidas durante la II República, era tal que, en febrero de 1975, en la entrega del recién creado premio Espejo de España, concedido en esa ocasión a José Luis Vila-San Juan por su ensayo Garcia Lorca asesinado: toda la verdad, Antonina se levantó de su sitio y, señalando a quienes presidían el acto, entre los que se encontraban Manuel Fraga Iribarne, José María de Areilza y Ramón Serrano Suñer —destacadas figuras de la dictadura que habían sido jurados en ese evento— se encaró con ellos y los acusó a gritos de haber asesinado al poeta («¡Ustedes no pueden decir toda la verdad porque ustedes lo saben: ustedes lo asesinaron!»). El escándalo pudo medio taparse en España pero no en el extranjero, y, pese a que Antonina daba por hecho que sería detenida, la editorial Planeta, para la que entonces trabajaba, consiguió evitar que hubiera represalias.
LA ANARQUISTA
Es curioso como, descontando, por supuesto, a los medios ácratas, el libertarismo de Antonina Rodrigo suele quedar oculto cuando se mencionan su biografía o su producción literaria. Se corrobora y encomia su feminismo pero se pasa de refilón por su militancia anarquista, como si la misma constituyera un baldón, cuando la propia escritora no duda en proclamar su ideario libertario y su defensa y admiración por Federica Montseny, Francisco Ascaso, Lola Iturbe, Francisco Ferrer Guardia, Amparo Poch o el mismo Buenaventura Durruti, al que cada 20 de noviembre homenajeaba en el cementerio de Montjuïc hasta que la merma de su salud y la distancia —trasladó su residencia de Cataluña a Granada— imposibilitaron sus visitas al camposanto. De Durruti, precisamente, comentaba Antonina en una entrevista, que había sido muy criticado por los propios porque, durante los intervalos de tiempo en los que no estaba encarcelado, mientras su mujer ganaba el pan familiar trabajando de acomodadora en un cine, él compatibilizaba las asambleas sindicalistas con sus tareas como amo de casa, actividad esta última de la que se sentía orgulloso porque le permitía pasar un tiempo impagable con su hijita Colette .
LA FEMINISTA
Contaba Antonina que se desplazó a México —también lo haría a Chile— para documentar una de sus monografías entrevistando a personas que se habían visto obligadas a exiliarse por causa de la guerra (in)civil española, encontrándose con una señora mayor que, al saber el motivo de la visita, exclamó: “¡Ya era hora!”. Sirva la anécdota para ilustrar la metódica investigación de esta mujer incansable, esforzada y tesonera que jamás dejó de acreditar con distintas fuentes sus ensayos y biografías, resaltando, entre sus trabajos, los que ha dedicado a las mujeres, anónimas o no, a las que el fascismo les arrebató todo salvo la dignidad. Mujeres granadinas y españolas; mujeres represaliadas, asesinadas; mujeres del exilio interior y exterior silenciadas. Mujeres republicanas a las que, palabra a palabra, ha logrado rescatar del oprobio y olvido impuestos; mujeres a las que, con inmenso respeto, ha ido biografiando para que el testimonio de sus vidas regresara de los tiempos oscuros.
Margarita Xirgu —Margarita, la Roja—, actriz y directora teatral, que esperó impaciente la muerte del dictador para regresar de su exilio uruguayo, pero a la que la suya propia se lo impidió; María Lejárraga, autora de las obras que su marido, Martínez Sierra, firmaba como propias, y por las que tuvo que luchar para que no le robase, también, los derechos de autoría; Amparo Poch, médica zaragozana, anarquista y feminista, pionera en la divulgación de la sexualidad femenina y cofundadora de la asociación anarcofeminista Mujeres Libres, fallecida en el exilio de Toulouse; Federica Montseny, anarquista que fue ministra de Sanidad en la República; María Teresa Toral, ilustre científica para la que, en 1945, se pedía la pena de muerte y a cuyo juicio oral acudió, para darle su apoyo, Irène Joliot-Curie, premio Nobel de Química… Todas ellas, y otras muchas, a las que Antonina Rodrigo ha dedicado años de su vida para que aquella ignorancia preceptiva que las condenaba al ostracismo, diera paso a la visibilidad y al justo reconocimiento público de la lucha contra el totalitarismo, la férrea voluntad para continuar adelante y la contribución a la sociedad de las féminas antifascistas españolas, cuya valía fue tan encomiable como la de cualquiera de sus compañeros ideológicos en similares circunstancias y tan superior como inalcanzable para los abyectos fascistas que quisieron soterrarlas a perpetuidad en la desmemoria.
ADENDA
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Entrevista a Antonina Rodrigo, realizada y publicada en noviembre de 2025 por Ser Histórico.-Portal de Historia.



Mi recuerdo más remoto de Antonina Rodrigo se remonta a mediados de los 50 cuando nos encontrábamos los veranos en la piscina del Estadio de la Juventud, la única piscina de Granada que permitía el acceso a las mujeres en días alternos. Ella iba con su hermana, las dos altas, delgadas, muy parecidas; yo con mis amigas. Más tarde, coincidíamos en algunos actos culturales, para después ausentarse de Granada al residir en Barcelona junto con su pareja Eduardo Pons Prades, del que asumió la militancia anarcosindicalista. A partir de entonces, nuestras vidas ya transcurrieron separadas, pero con un amigo común, el escritor Gil Craviotto, que me informaba de sus actividades, sus libros, etc. Curiosamente y a pesar de que ella ha visitado mucho Granada, no hemos vuelto a coincidir y, en este momento, ni siquiera sabía que había vuelto a residir en su ciudad de origen.
Antes de conocer su vinculación con Antonina, había leído tres o cuatro libros de Pons Prades; ni siquiera cuando leí a Antonina Rodrigo por primera vez («María Lejárraga, una mujer en la sombra«) tenía idea de la relación; me enteré cuando pedí a Solidaridad Obrera un libro de ella que no encontraba y leí, en la solapa, que su marido era Eduard Pons.
También la vida de ella da para pergeñar un señor libro, porque fue salir de Granada y enrolarse en una aventura vital que le resultaría inimaginable si alguien se la hubiera predicho en aquellos años cincuenta granaínos en los que coincidisteis.
Por supuesto que nadie hubiera imaginado eso, pues yo creo que, en aquellos años, ni ella ni yo teníamos ideología política, ya que nos bañábamos con toda tranquilidad en un estadio construido para el Frente de Juventudes y el SEU, lleno de símbolos franquistas. Tengo una foto de entonces hecha precisamente debajo de uno de esos símbolos.
Lógico; vivíais en plena dictadura y todo el territorio español estaba repleto de esos símbolos; ella misma publicaba en los medios del Movimiento, que eran los únicos existentes.
Muy interesante. Te mando un beso.
Es interesante, aunque imagino que, al tratarse de hechos muy alejados de tu Ecuador natal, resulta difícil para ti contextualizarlos.
Gracias y otro beso.
No la conocía, he mirado sus obras y hay algunas que merecería la pena que las leyera.
Depende del grado de interés que encuentres en ello.
Mira, te paso una biografía en pdf escrita por Antonina sobre nuestra paisana Amparo Poch, médica de la que deberíamos enorgullecernos aragoneses y aragonesas. Puedes echarle un vistazo en la pantalla o descargártelo.
Salud.
Gracias, voy a leerlo.
Cómo me hubiera gustado que te leyera mi abuelito José, de San Isidro Bergondo en La Coruña, y también conversar de todo lo que me desasnas con él…
Quizás, lo que más reconfortaría al abuelito José es saber que la lucha no fue vana y que, noventa años después, personas como Antonina con sus biografías y los nietos y bisnietos de muchos abuelitos José, seguimos plantando cara al olvido, trayendo la memoria de las y los exiliados, rescatando de la penumbra a las personas represaliadas y desenterrando (literalmente) a quienes fueron arrojados/as en fosas.
Y no, no te desasno; es normal que, desde la otra punta del mundo, desconozcas muchos hechos ocurridos aquí y las personas que fueron sus protagonistas. Lo mismo me pasa a mí con Argentina, que cuando Frodo relata situaciones pasadas, las leo con interés y amplío lo leído haciendo búsquedas.
Pues no conocía a Antonina Rodrigo o al menos no la recuerdo. Como siempre muy interesante tu texto, lleno de detalles y enlaces, sobre esta mujer tan especial, incluida la interesantísima entrevista que enlazas al final (Ser Histórico), que es todo un documento histórico y el pdf sobre Amparo Poch, que es en si mismo como una novela y que leeré poco a poco, dado su tamaño. Gracias por tan trabajado post. Un abrazo.
Antonina Rodrigo no es una escritora al uso ni la temática que trata tiene proyección mayoritaria; añadamos a lo anterior que es anarquista, circunstancia que, se diga lo que se diga, no es la mejor carta de presentación. Yo diría que el 99% de sus lectorxs somos de su misma cuerda o investigadorxs que utilizan parte de su obra como fuentes. Sobre Amparo Poch, ha publicado dos libros: el que incluyo en pdf y otro que salió en 2020, Amparo Poch y Gascón. La vida por los otros. Guerra y exilio de una médica libertaria, que es una ampliación.
Gracias a ti por el interés que siempre muestras.
Un abrazo y salud.
Un personaje y su aportación a la historia para añadir a la lista de conocimiento aportado por tu blog.
Gracias. Siempre sumando.
Salud.
De las lecturas de Antonina Rodrigo te puedo decir que he aprendido mucho.
Gracias a ti, Azurea, por estar siempre ahí.
Salud.
Muy necesaria la memoria de hechos y personas que dejaron su huella.
Es lo único que queda: devolverlas a la memoria colectiva.
En todo a favor con personas como Antonina.
Por aquí hoy se «marca» a los que piensan diferente a la corriente oficial como si llevaran una «enfermedad» y se condena a un apagón cultural o ataque troll masivo a todo aquel que pertenece a un grupo opositor.
Pero no van a poder con las Antoninas de estas tierras. Renacerán.
Abrazos, camarada
Frodo
Las Antoninas/Antoninos del mundo jamás se rinden; no importa los subterfugios que emplee el poder para acallar sus palabras, estas seguirán escuchándose. Y cuando, por causas de fuerza mayor, un Antonino/Antonina ya no puede elevar su voz, surge otro/otra para seguir con la tarea.
Más abrazos.