«Palacio de Peleș, en Sinaia (Rumanía)»: Archivo personal
El octogésimo aniversario de la tía Hélène —una de las hermanas mayores de maman Malika— se celebró en Sinaia con el propósito de cumplir con el deseo de la agasajada de visitar el castillo de Peleș, a los pies de los montes Bucegi, en la cordillera de los Cárpatos. A Hélène —francesa de origen que lleva sesenta y dos años viviendo en Bucarest, a menos de dos horas de la impresionante residencia decimonónica de los últimos monarcas rumanos— no pudo frenarla ni siquiera la nieve, que comenzó a caer tres cuartos de hora antes de emprender el viaje y se intensificó conforme el minibús alquilado para la ocasión avanzaba rumbo a la ciudad balneario, al hotel donde se celebraría la cena homenaje y en el que la festejada y sus diecinueve acompañantes pasarían la noche previa al tour turístico por el ¿castillo? ¿palacio?
¿Castillo de Peleș? ¿Palacio de Peleș? Denominar castillo a esta obra maestra de la arquitectura, que mezcla el estilo neorrenacentista germánico con elementos neogóticos [FOTO] [FOTO], carece de sentido: ni uno solo de los componentes externos se diseñó para conformar una fortaleza sino como suntuosas piezas de un lujoso palacio de estética refinada cuyo primoroso exterior —con barandaje de piedra de los Cárpatos rematado por esculturas neoclásicas de mármol— no hace sino adelantar las exquisiteces artísticas que abruman la mirada cuando se traspasa la puerta de acceso. Pablo Neruda, que se alojó en él en una visita a Rumanía realizada en 1960, invitado por un grupo de poetas rumanos adscritos al Partido Comunista, se jactaba de haber pernoctado en uno de los dormitorios reales [FOTO] [FOTO] y no ocultaba su fascinación —y también su crítica por el inmoral derroche— ante tanto lujo y sibaritismo. Porque, además de las muy selectas composturas de las 160 estancias —entre ellas, una nutrida biblioteca, sala de proyecciones cinematográficas y representaciones teatrales, sala de música [FOTO], sala de armas [FOTO], salones temáticos…— y 33 baños [FOTO] [FOTO], el palacio fue dotado, a lo largo de su construcción —entre 1873 y 1914—, de comodidades de las que ningún palacio real de aquella época podía presumir: central eléctrica propia, calefacción, agua caliente y hasta un ascensor.
Marmóreas columnas clásicas, vitrales, techos artesonados de los que penden lámparas de cristal de Murano, espectaculares claraboyas con apertura eléctrica, tapices renacentistas, paredes ornamentadas con cincelados en ébano y teca representando escenas mitológicas, muebles con repujado cordobán al estilo andalusí, cientos de objetos realizados con los materiales más ostentosos, alfombras persas y turcas en seda y lana, artesanales barandillas de labrada ebanistería engalanando las escalinatas entre estancias inferiores y superiores [FOTO] [FOTO], puertas con diseños laboriosamente esculpidos… Todo ello componiendo una escenografía barroca sin igual por la que desfilan ojos asombrados, expectantes, atorados ante esa exposición de fastuosidad tan extrema como añeja.
Lucica, una de las guías y, como la propia Hélène y la mayoría de los asistentes al cumpleaños, de etnia romaní, no le escatimó a la recién estrenada octogenaria ningún aposento —incluso aquellos vetados a los turistas paganinis—, jalonando la ronda palaciega con infinidad de aclaraciones y anécdotas. Les explicó que, pese a haber estado cerrado al público desde su confiscación, en 1948, hasta su apertura como museo, en 1993, las autoridades del régimen usaban el antiguo recinto regio como alojamiento de dignatarios extranjeros; para ello, el palacio contaba con una brigada de conservadores que se encargaba de velar y mantener todos aquellos tesoros palacianos y su entorno inmediato. Esta brigada se sentía tan satisfecha llevando a cabo labores de mantenimiento en aquel edificio tan singular que sus miembros estaban dispuestos a hacer lo que fuera para proteger Peleș. Y así lo demostraron.
Cuando, a mediados de los sesenta, Ceaușescu accedió a la presidencia de la República Socialista de Rumanía, corrió la voz de que él y su esposa estaban haciendo una gira por los lugares donde se levantaban edificios confiscados a la realeza y la aristocracia rumanas tras la II Guerra Mundial, llevándose de los mismos mobiliario, bibelots y objetos de valor para decorar el Palacio de Primavera, que era su pomposa residencia bucarestina. Al enterarse los conservadores de Peleș de la inmediata visita de la codiciosa pareja presidencial, idearon una artimaña para evitar que el palacio fuera esquilmado. Explicaron al autócrata que la mayor parte de la madera del interior de Peleș se hallaba colonizada por un hongo cuyas esporas no solo habían infectado el mobiliario sino que, indetectables en el aire, podían afectar gravemente las vías respiratorias. Provistos con mascarillas, para dar mayor credibilidad a la añagaza, manifestaron que habían conseguido un producto que quizás, solo quizás, detendría el avance del parásito a largo plazo. Los Ceaușescu abandonaron Peleș tan de vacío como habían llegado. Nunca regresaron.



Estupendo recorrido turístico entre Sinaia y el castillo/palacio de Peles magníficamente ilustrado.
Está claro que a la realeza siempre vivió rodeada de grandes lujos.
Qué tengas buen día.
Para vivir entre tanta chuchería de mírame y no me toques hay que estar educado en esos ambientes opulentos. Demasiado refinamiento.
Salud.
Cada vez que nos muestras algo de Rumanía, me da como agobio de ver lo poco -o nada- que sé de ese país, de su Historia, de sus monumentos… Nada. Este palacio es espléndido y excepcional por lo reciente, pues no creo que haya en Europa un palacio real construido en esa época, aunque por lo que he leído, parece que el actual fue una reconstrucción de otro más antiguo, que se incendió.
Rumanía es una enciclopedia viva de historia y arte; tiene mucho que ofrecer en ese sentido.
Que yo sepa, Peleș no se incendió nunca; quizás lo confundes con el castillo de Huyandi (de Matías Corvino, que igual te suena más); este sí se incendió y se levantó de nuevo.
No me extrañaría… Empecé mirando en la Wikipedia y, de enlace en enlace, quizá terminé en otro castillo. Mis búsquedas son siempre un poco caóticas, pues me engancho en cualquier parte y ya no sé ni lo que estoy buscando.
…pues me dejaste con la mosca tras la oreja; aún estuve indagando anoche por si se me había pasado algún desastre ocurrido en ese palacio, pero solo me topaba con el incendio del castillo de Matías Corvino, del que ya me habían hablado.
Impecable, amigo. Me has desasnado una vez más. Sólo conocía la anécdota de la incursión allí de Neruda que deparó la memorable sentencia (el lujo es vulgaridad) de su contrincante Borges -nunca entendí por qué un maestro tal degradaba siempre con cualquier excusa al enorme Poeta chileno- en fin… Abrazo agradecido!!
Mira, pues nada sabía de la sentencia de Borges. Lo cierto es que soy más nerudista que borgiano, sin quitarle méritos al literato argentino; y eso que, cada vez que recuerdo la Oda a Stalin escrita por Neruda, se me revuelve el estómago.
Otro abrazo, Carlos
Qué magnífica descripción haces. Me ha encantado.
Muchísimas gracias, compañero, por tan generosa valoración.
Salud.
otra fatal coincidencia, amigo…
Eso será. Y conste que no soy anticomunista; solo, antiestalinista.
muy claro, amigo…
Las fotos una delicia verlas. Todo es digno de un palacio y llama la atención. Mucho lujo para la gente de a pie La primera barandilla es una obra de arte.
Buena artimaña prepararon para a la parejita saqueadora.
Gracias Una mirada. Nela tuvo una vida feliz.
Buena semana.
Un abrazo.
Al manos hoy no soy anónimo.
Así me gusta el mundo
Laura
Ya sabes, una de cal y otra de arena…
No parece que los antiguos habitantes del palacio tuvieran una Nela que les dejara la impronta en muebles y paredes tapizadas. O, si la tuvieron, no la dejaban circular entre tantos objetos delicados…
Como te dije en tu casa virtual, me uno y comprendo tu duelo.
Salud y otro abrazo empático.
Tengo buenas referencias de Rumania, país que nunca he visitado. Desde luego este Palacio de Peleș es una preciosidad y el reportaje fotográfico que incluyes es una maravilla. Tanto el interior como el exterior del palacio, con ese estilo neorrenacentista con elementos neogóticos. En cuanto a la visita del presidente y señora al palacio, con ideas de pillar todo lo posible para su residencia de Bucarest, me parece muy original y sin duda genial, la idea de los conservadores de Peleș de inventarse lo del hongo y sus esporas para preservar el contenido palaciego de las manos codiciosas del matrimonio dirigente. Bien hecho. Un abrazo y Salud.
No trabajo en el área gubernamental de Turismo rumano ni en agencia de viajes alguna, pero te animo a acercarte físicamente al país, te sorprenderán las maravillas que te aguardan; tiene un patrimonio histórico-artístico asombroso, unos paisajes adorables y su gastronomía es, también, excelente y asequible al bolsillo del/de la turista.
Salud, amigo.
La choza es impresionante y la oda de Neruda también, no la había leído nunca y la he buscado. Salgo de tu blog con más conocimientos de los que traía.
Bueno, pues me alegro que estos pequeños toques rumanos te hayan sido útiles, Carlos.
Salud.
Lo de la pareja saqueadora me recuerda cuando venía a Granada «la collares», visitaba las tiendas de souvenirs y de antigüedades, se enamoraba de algo… y allí no pagaba nadie.
Otra tal cual. Leí que, en Madrid, las joyerías se asociaron para intentar minimizar lo más posible las pérdidas por la visita de esta mujer.
Repasando ahora y pensando sobre los comentarios que haría Neruda, me imagino que serían los que hacemos todos cuando vemos que, habiendo en un país personas que no tienen lo suficiente, los mandatarios disfruten de lujos innecesarios. Y he dicho bien, innecesarios, pues yo creo que hay lujos que van en beneficio de todo el país y que, por tanto, podrían considerarse necesarios. El arte, la belleza, también son necesarios porque son riqueza para todos. Cuántas veces hemos visto un pueblo pequeño y pobre, pero con un buen templo antiguo, del que los vecinos se sienten orgullosos y son capaces de renunciar a algo personal para que su iglesia luzca espléndida en el día del santo o de la Patrona. Probablemente, habrá muchos rumanos que no tengan ocasión de visitar ese palacio, pero lo pueden ver en fotos o en la televisión y, sobre todo, saben que es suyo, de su país. Hasta la persona más prosaica podrá justificar ese lujo por las visitas de turismo que recibirá. Por tanto, los rumanos deben agradecer a Carlos I el derroche desplegado a la hora de construir este palacio, no reprochárselo.
Además de los comentarios que hizo Neruda verbalmente, escribió sobre su estancia en este palacio en sus memorias; el fragmento nerudiano con alusiones al palacio lo puse en este post. Muchas personas de Rumanía, que han pasado por etapas políticas que no les han sido muy propicias económicamente (solo tienes que ver la cantidad de emigrantes rumanos que hay), desconocen el inmenso patrimonio histórico-artístico de su país. Este palacio, en concreto, es propiedad de la antigua familia real rumana, a la que se le devolvió todo su patrimonio en 2007; el gobierno rumano paga un alquiler a los royals para que el palacio pueda visitarse como museo. Tampoco te creas que la situación de la gente de a pie era mejor en la época de la monarquía, que estaba formada por un hatajo de vividores.
Sí, ya leí en mis búsquedas que este palacio es propiedad de una señora, pero me resulta extraño que cuando se le devolvió a la familia real, se hiciera totalmente, pues en la mayoría de los países, incluso los de monarquías reinantes, suele haber un sistema por el cual pertenecen al patrimonio nacional. Para lo bueno y para lo malo, para decidir sobre ellos, pero también para los gastos de mantenimiento.
Se les devolvieron algunas de las propiedades personales y se les indemnizó por otras que se quedó el Estado; lo más alucinante es que, pese a a ser Rumanía una república con la monarquía abolida, el Estado les financia como «representantes» del país en el extranjero, como si no fuera suficiente con tener embajadores como el resto de naciones. Vamos, que siguen viviendo de los rumanos y rumanas, como si al país le sobrara dinero. Un cachondeo. De risa y de pena.
😳
La idea de los hongos es buenísima, pero hay que ser valiente para ir en contra de los poderosos. Rumanía sigue ahí, en mi lista de destinos, ascendiendo puestos. Todos los rumanos con los que me he ido encontrando me han parecido personas excepcionales, algo locos; puede, pero siempre interesantes.
La gente rumana es, en general, muy amable y todo lo que ofrece el país es digno de apreciarse porque cuenta con un patrimonio memorable. No es uno de esos lugares exóticos a los que estás acostumbrado pero, con lo «fotero» que eres, disfrutarías mucho.
Celebro que hayas regresado a la virtualidad.
Tendríamos que revisar bien la diferencia entre castillo y palacio, que supongo ahí tiene que ver lo funcional, para qué se utilizó. Tal vez fue las dos cosas, dependiendo de la época.
Me ha gustado la jugarreta que le hicieron a los Ceaușescu.
Alguna vez pensé hacerle esto a un vecino molesto que tengo que es extremadamente religioso y supersticioso. Planeé hacerle en una de sus paredes una virgen, fantasma o demonio llorando, con manchas de humedad, a ver si del susto se va del barrio. Pero sospecho que algún otro vecino me vería y le avisaría. O tal vez es tan supersticioso que monta un santuario.
Y luego desisto del plan y me aguanto sus ruidos.
Abrazos
Frodo
Teniendo en cuenta que el edificio se levantó entre los siglos XIX y XX, que no hay ni murallas ni fortificaciones y que, desde el principio, se destinó como lugar vacacional de la realeza rumana, es razonable considerarlo palacio y no castillo.
Oye, pues tu idea para darle una lección (o un susto) al pelma de tu vecino, está muy bien. Ya contarás si, aunque ahora hayas desistido, terminas por llevarla a cabo.
Más abrazos, amigo.