«Isla de Santa Clara (Donosti)»: Archivo personal
Se alejan, caminando, de la dársena para regresar a la bahía, con los chubasqueros brillantes de sirimiri y agua de mar, aún con el motor de la embarcación de Marceliano rugiéndoles en el estómago recién reforzado por las deliciosas raciones de pantxineta que les sirvió Maru, la hermana del pescador, apenas llegaron a puerto.
Contemplan desde la playa, quedos bajo la lluvia que va remitiendo, el islote de Santa Clara, que hace algo más de una hora circunvalaban entre los vaivenes del oleaje que surcaba la vieja motora y varios “me cago en san Virila y el obispo Protadio”, retahíla invariable lanzada a la Nada, que llevan escuchando en boca de Marceliano desde aquel primer año que los invitó a recorrer la bahía de San Sebastián en su barco, con el mar algo revuelto, y acabaron resbalando en sus propios jugos gástricos mientras el hombre, ciscándose en todo lo visible e invisible y, por supuesto, en los santos Virila y Protadio, juraba que esa seria la última vez que dejaba subir a gente de tierra adentro que se acoquinaba por una marejadilla del tres al cuarto. Solo los buenos oficios de Maru, que aguardaba en el amarre y abroncó al hermano por “haberlos sacado con la mar picada”, suavizó la mala experiencia de los aspirantes a marineros que, en sucesivas viajes, aprendieron a mantener el tipo e incluso, en un par de ocasiones, acompañaron a Marceliano y su cuadrilla a la pesca del chipirón en aguas abiertas.



es una bella bahía por la foto. Me gusto el relato. Te manod un beso.
Es un lugar para ensimismarse.
Salud.
Los de tierra adentro hemos de tener cuidado con el Cantábrico. Preciosa bahía.
Salud.
Para quienes somos grumetes de agua dulce, el inquieto Cantábrico es una aventura. La de la Concha es una de las bahías más hermosas.
Salud.
Nuestro Mar de Alborán no es el Cantábrico, pero también bailan las barcas cuando se le hinchan las narices. Pero es que, cuando desembarcas, parece que el suelo también se mueve. ¿Verdad?
El Cantábrico es un mar duro incluso cuando está en calma. También el tipo de embarcación desequilibra más o menos, incluso en aguas más apacibles como las mediterráneas. Hace años, viajé a las Baleares desde Barcelona en un trasatlántico que recalaba en Palma y ni me enteré; pero el regreso lo hicimos en un carguero que iba al puerto de Valencia y fue una travesía endiablada.
Lástima de pantxineta desaprovechada :-))
Marceliano tiene toda la razón 🙂
Un abrazo !
Ah, no, de la pantxineta no se dejan ni las migas. Y sí, tal vez tenga razón Marceliano, pero alguna vez ha de ser la primera para quienes tenemos el mar lejos.
A mi el Cantábrico me estimula, no obstante mi respeto al mar es máximo, como hombre de tierra adentro. A Donosti voy todos los años. Conocí a un marinero que se cagaba en San Sisebuto, que ignoro si existe. Y de navegar poco y con aguas tranquilas si es posible. Abrazo.
Por lo visto existieron (o el santoral los da por buenos) los tres: Sisebuto, Virila y Protadio; otra cosica es la insistencia de la marinería por rebuscar en el Olimpo Católico a aquellos con los nombres más pintorescos.
Ay, el litoral, atrae y atrapa. Y lo que relaja contemplar el ir y venir de las olas… desde tierra firme.
Otro abrazo.
– Jubi, ¿que ocurre?, me estoy mareando.
No me extraña, te pasa lo mismo que a mi, que nada más que mencionan un barco en la mar, aunque esta se encuentre en calma ya me mareo.
Nunca me he bañado en el Cantábrico, estuve en Santander un mes recibiendo un curso de un radioenlace italiano en italiano y me enteré que en determinados sitios se comía muy bien, en otros se disfrutaba de unas estupendas vistas, en alguno… ¡Oiga, es que el italiano no lo domino!
Uf, en Santander estuve hace tiempo; fíjate que aún no habían retirado la estatua ecuestre de Franco… A ti, tu afán por aprender y enseñar, te ha proporcionado la posibilidad de conocer muchos lugares de España, que luego has sabido continuar con salidas turísticas. Sé que me dirás que ahora ya no sales, pero, mira, lo que has recorrido forma parte de tu experiencia.
La foto es espectacular. Es sugerente y tiene mucha fuerza.
Cuando el mar está bravo y revuelto, hay que ser un experto marinero para no marear, aunque sea un poco.
Un abrazo.
Feliz septiembre!
La bahía de Donosti es un lugar emblemático y el tiempo desapacible da unas tonalidades al cielo que son reflejo de las del agua.
Fíjate que, incluso cuando el mar está calmo, se siente su movimiento cuando se viaja en barco y cuesta trabajo caminar por cubierta sin hacer eses.
Otro abrazo septembrino para ti.
Bueno, ya vi que sale como anónimo, a menos que me registre, pero se me complica con wordpress y facebook, así que seguiré firmando al pie de comentario. Sepa comprender.
Me ha encantado ese islote, ¡qué lugaretes tienen escondidos por todos los rincones de la Península!
Y qué decir de las varias puteadas que se escuchan por ahí.
Mira que yo suelo usar la típica y herética «me cago en la hostia», pero me ha sorprendido esta que recatas, más personalizado.
Abrazos, querido Una Mirada…
Frodo
Jajaja, sí, ya ves que hay quien no se retiene a la hora de nombrar los santos en los que pretende cagarse; algunos ya lo tienen por costumbre y, a fuerza de escuchar la «basfemia», quienes la escuchan una y otra vez ya ni se inmutan.
Más abrazos para ti.